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sábado, 15 de octubre de 2005
La Tercera, edición: 15-10-2005, Débora Gutiérrez

"hay que entregar a los jóvenes espacios de responsabilidad desde pequeños y darles un nivel de poder que es muy atractivo para los estudiantes. Los educadores pueden hacer un gran equipo con sus alumnos si los hacen partícipes de las clases, porque se convierte en un director de una película donde los protagonistas son niños con deseos de aprender".

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Especialistas describen la tensa relación en el aula entre adolescentes y profesores.


Falta de compromiso de los jóvenes con su aprendizaje y material educativo poco significativo para ellos son causa de algunos conflictos

La mayoría de los problemas que se generan en clases surgen por falta de motivación, tanto de los educadores como de los estudiantes. Se requiere, según los expertos, que los jóvenes participen en los proyectos y de profesores con más tiempo para capacitación.

¿Cómo hacemos estudiantes más responsables sin darles espacio para la responsabilidad? es la pregunta que plantea la sicóloga educacional María Alicia Halcartegaray, académica de la U. Católica. La experta alude a uno de los principales conflictos que experimentan los adolescentes en el aula: la falta de compromiso con su propio aprendizaje.

Este y otros temas relacionados con el sistema educacional en el país fueron analizados en el Primer Congreso de Orientadores organizado por la Universidad San Sebastián y que se desarrolla hasta hoy en la ciudad de Concepción.

Las razones tras este supuesto desinterés de los estudiantes en adquirir conocimientos están en la base del actual sistema: "Existe una sobrevaloración de la nota, que exacerba la competitividad. Entonces no es de extrañar que el alumno tenga una relación instrumental con la nota y no con el aprendizaje", afirma la experta.

Desafiando el conocimiento

Es por esto que desaparece el alumno que desea dominar una materia, descubrir nuevos contenidos, que se siente desafiado por el conocimiento, "¡que es el alumno que deberíamos formar!", dice Halcartegaray. Patricio Moraga, sicólogo educacional de la U. Metropolitana de Ciencias de la Educación (Umce), opina que el problema es que lo que se enseña no es significativo para el alumno ni para el profesor.

"Un alto porcentaje de educadores no encuentra grata su labor, ni se siente realizado en la profesión. Los alumnos, en tanto, creen que los contextos significativos donde ellos depositan sus afectos y su imaginario no están reflejados en la boca del profesor".

El sistema educativo, acota Halcartegaray, no está en sintonía con un adolescente que quiere probar sus facultades y habilidades, tiene una gran capacidad de reflexión no reconocida y de decisión. "Un alumno bueno para el actual sistema educativo es un sujeto receptivo, asimilador y obediente a reglas que él no ha diseñado, en las cuales no ha participado y tampoco tiene la opción de cuestionarla o de reflexionar en torno a su significado", comenta.

Difícil relación

En la medida en que los profesores realizan esfuerzos por lograr que los alumnos se involucren en las clases se generan tensiones. "Muchos profesores, señala la experta, se sienten cuestionados y no valorados por el desinterés que demuestran sus alumnos y esto termina creando problemas en el vínculo". A esta tensa relación educador-estudiante se suma que el profesor ha ido perdiendo autoridad.

Según Patricio Moraga, los alumnos tienden a ver al profesor como uno más y esto no guarda relación con la confianza o el afecto, sino con la no valoración. "Surge así una dinámica donde el alumno le falta el respeto al educador y éste responde utilizando armas autoritarias que no son efectivas".
Rebeldía y autoridad

Los jóvenes expresan su descontento a veces con agresividad hacia el profesor, la que no necesariamente es física: por ejemplo, no prestan atención a sus clases. Pero los estudiantes también se sienten pasados a llevar por el profesor, reflexiona María Alicia Halcartegaray, porque nunca les hacen preguntas, son un número o apellido y no son tomados en cuenta como personas.

"Hay que recordar que la rebeldía adolescente, para ellos, es como una bandera de lucha. Yo estoy convencida de que a través de un sistema educativo comunitario, participativo y con una elevada responsabilidad del alumno en su aprendizaje podemos entregarles banderas de lucha más interesantes", concluye.

Participación activa en el proyecto educativo

P ¿Cómo se imagina un alumno ideal? La sicóloga educacional María Alicia Halcartegaray responde que básicamente como un joven reflexivo, consciente de su entorno, capaz de entender las consecuencias de sus actos, que valora al otro y por lo tanto lo respeta.

P "Un adolescente comprometido y no uno 'que no está ni ahí', que toma en sus manos la tarea de aprender y que adquiere esas herramientas en una verdadera comunidad escolar", enfatiza la experta.

P Un cambio en el sistema escolar implica lograr que el alumno construya sus propias normas y participe en el proyecto educativo. Donde el profesor no gaste energía en grandes discursos, sino en generar el ambiente para que los alumnos trabajen en sus interrogantes para lograr el aprendizaje.

P "Para lograr esto hay que entregar a los jóvenes espacios de responsabilidad desde pequeños y darles un nivel de poder que es muy atractivo para los estudiantes. Los educadores pueden hacer un gran equipo con sus alumnos si los hacen partícipes de las clases, porque se convierte en un director de una película donde los protagonistas son niños con deseos de aprender", señala la especialista.

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