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sábado, 15 de octubre de 2005
Entrevista a la cientista política francesa, Delphine Dulong.

ARTICULO COMPLETO

Delphine Dulong
"Una mujer más, es un hombre menos
"
Por: Alejandra Sepúlveda P. La Tercera, 09/10/2005

La paridad levanta ronchas entre los políticos. Exige que hombres y mujeres se repartan en partes iguales el poder. Michelle Bachelet aboga por instaurarla en un eventual gobierno, pero llevarla a la práctica supone una tarea titánica, tal como ha constatado esta cientista política francesa en cinco años de investigación en terreno.

"Allí donde se aplicó la ley de paridad, las mujeres no están en los lugares donde se deciden cosas. Las designan normalmente para las comisiones partidarias menos prestigiosas, aun cuando hayan pedido estar en los temas de Hacienda o Deportes, por ejemplo", afirma Delphine Dulong.

Michelle Bachelet sorprendió al mundo político nacional anunciando hace algunas semanas que de ganar las elecciones de diciembre instauraría un gabinete paritario. Imediatamente todos los sectores comenzaron a sacar cuentas de los verdaderos alcances que tendría esta medida, que impone un acceso igualitario a los puestos de poder. El 29 de septiembre, día en que cumplió 54 años, la candidata presidencial reafirmó su voluntad política de incluir en un futuro gobierno un número equivalente de hombres y mujeres. Lo hizo en el marco del seminario "Democracia y paridad en Chile", organizado por Oxfam, Fundación Instituto de la Mujer y Humanas, Centro Regional de Derechos Humanos y Justicia de Género. Si bien admitió que esta sería una medida simbólica, que no soluciona la actual situación de discriminación que prevalece en Chile, al menos se comprometió a dar el primer paso. El siguiente es impulsar leyes específicas, como la de cuotas o la ley de paridad, para forzar el aumento de la representación femenina. Bachelet también se comprometió a promoverlas.

"El mérito no es suficiente cuando uno quiere dar equidad en un país", dijo y agregó: "Las mujeres no somos una minoría que haya que proteger e integrar, sino que somos más de la mitad de la población, por lo tanto, debe haber una representación en todos los niveles". La candidata finalmente dirigió un mensaje a los "escépticos machistas" y aseguró: "Las mujeres sí queremos estar en espacios de poder, el no estar lo consideramos una discriminación".

Entre quienes la escucharon atentamente ese día, estaba la cientista política francesa, Delphine Dulong, quien es parte de un grupo de investigación conocido en su país como La Invención de la Electa. Desde 2001, momento en que entró en vigencia la Ley de Paridad en Francia, aprobada por el Parlamento el año anterior; ella ha hecho un seguimiento de todas las campañas, tanto municipales, legislativas, regionales, presidenciales y europeas. Su objetivo ha sido comprobar cómo funciona en la práctica la paridad y cuán real y efectivo es el acceso al poder político por parte de la mujer bajo estas condiciones de equidad. A la luz de esa experiencia de cinco años, Dulong analiza en esta entrevista la propuesta de la candidata de la Concertación y saca conclusiones sobre la experiencia francesa.

De entrada, la investigadora gala valora el compromiso público de Bachelet con la paridad, porque "una condición fundamental para que se dé es la voluntad política y ella tiene razón de plantearlo en su futuro gobierno, porque hay que proceder por etapas. El espacio político es el espacio simbólico por excelencia. Introducir la paridad en ese espacio es tocar y tener un impacto en la igualdad entre los sexos".

No obstante, para Dulong "una condición fundamental para que la paridad se concrete es encontrar el equilibrio entre la obligación legal y un trabajo más subterráneo de educación. Porque por mentalidad, en Chile, Latinoamérica, Estados Unidos y Europa la gente no está en condiciones de asumir y aceptar estas medidas".

-¿Nombrar el mismo número de hombres y mujeres en un gabinete, no es discriminar positivamente?
Esa crítica se repite a menudo y en todas partes, pero no se verifica en la práctica. En general, las que se eligen y participan en política son extremadamente competentes. Todo el mundo sabe que el género no es significativo en el momento de la elección. La gran mayoría de las mujeres que integran las listas partidarias y que han resultado electas, están lejos de estar desprovistas de cualidades. En París se observa incluso una sobre cualificación.

-Se les pide igual o más méritos que a los hombres?
Claramente se les pide ser mejores que los hombres. Las mujeres trabajan tanto como ellos, están igual de calificadas y sin embargo están subrepresentadas en la vida política de una manera evidente. Estaremos en condiciones de hablar de igualdad de oportunidades si las mujeres políticas pueden ser igual de incompetentes que los hombres políticos.

Actualmente, Delphine Dulong es miembro del Centro de Análisis de Regulación Política y del Centro de Investigación Política de la Sorbone. En sus trabajos en terreno, siguiendo a las candidatas en campaña, y después de ser elegidas, ha identificado varias barreras de entrada a la paridad. La primera le resultó sorprendente: "Nos dimos cuenta de que la prensa no trata de una misma manera a una candidata que a un candidato y más cuando la periodista que entrevista es mujer. Les preguntan, sobre todo, de sus roles privados de madres y esposas, y en general de cosas que nunca le preguntarían a los candidatos. Hay un énfasis en cómo van maquilladas y vestidas, ponen el cuerpo de la mujer en evidencia. Las candidatas post-paridad, a diferencia de los candidatos, fueron ampliamente confinadas a su identidad sexuada".

La segunda barrera de entrada de la mujer a los espacios políticos resultó paradojal. "Allí donde se aplicó la ley de paridad las mujeres no están en los lugares donde se deciden cosas. Las designan normalmente para las comisiones partidarias menos prestigiosas, aun cuando hayan pedido estar en los temas de Hacienda o Deportes, por ejemplo. El argumento que les dan es su falta de experiencia. En otros casos se les pide dar muestras de competencia o son ellas mismas las que han asumido e interiorizado que son menos competentes para un determinado tema. En cambio, en las otras comisiones como Asuntos Sociales y Educación, se sienten capaces de hacerlo, les sale natural. La diferencia es que a ellos no se les plantea ese problema y siempre se creen competentes", explica.

-Se habla de que para alcanzar la paridad, primero hay que cambiar la mentalidad de los partidos desde dentro, ¿es una tarea titánica?
Mientras se espera que una actitud abierta se generalice, una medida jurídica como la ley de cuotas ayuda a que las mujeres accedan. Luego los hombres descubren que les es grato trabajar con una mujer y eso va cambiando las cosas. Pero lo que sí permanecerá es la competitividad en el espacio político. Una mujer, es un hombre menos y ese es el problema.

¿Una ley de paridad termina con el dominio de los hombres en política?
Aun en Francia la paridad está considerada una medida temporal, esperando que este proceso de participación se dé naturalmente. El problema es este fenómeno de la profesionalización de la vida política, propio de todos los sistemas democráticos. Los varones viven para y de la política, la convirtieron en un oficio. Con esa condición, dejar la vida política es un golpe terrible, porque se quedan cesantes. Esta monopolización tiene como consecuencia la escasa renovación de los cuadros políticos y de los liderazgos.

-¿Tienen las mujeres tanto interés en abrazar la política, cuando no han encontrado apoyo para compatibilizarla con sus obligaciones familiares y domésticas?
La paridad política no tiene ningún sentido sin la paridad doméstica, familiar. Por eso la mayor parte de las mujeres que participan en política tienen menos de 30 o más de 50 años. Actualmente en Francia se propone una reflexión sobre el tiempo en el espacio público. Por ejemplo, se pide que las reuniones políticas se hagan antes que salgan los niños del colegio y que esas reuniones sean más cortas y eficaces. En definitiva, que el calendario público tenga relación con el privado.

-¿Las políticas electas verdaderamente se convierten en portavoces de los derechos de las mujeres?
Es muy importante respetar las reglas del juego. Las mujeres no pueden llegar, tirar el mantel y dejar la escoba, porque inmediatamente van a ser castigadas por la disciplina partidaria. Tengo la impresión de que, o se conforman y se transforman en hombres políticos, o serán marginadas. Una condición necesaria para el cambio, para que ellas se hagan cargo de los intereses de las mujeres, es que estén masivamente. De esta forma la solidaridad de género se impondrá sobre la solidaridad partidaria, que prevalece hoy. Quizás la pregunta a responder sea: ¿es que las mujeres son profundamente distintas a los hombres o es que el ejercicio de la política transforma a los políticos en arribistas, ambiciosos y poco transparentes...?. Eso está por verse.

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