Viernes, 21 de octubre de 2005
Sergio Micco.
Abogado, Cientista pol?tico y Doctor en Filosof?a.

fotos.miarroba.com


La semana pasada hablamos largo de los distintos procedimientos sociales e institucionales que el ser humano ha creado para controlar el abuso de poder. Se trata de enormes avances que debemos valorar. Cuando los casos de corrupci?n recientes causan sorpresa o generan a?n m?s desconfianza debemos alegrarnos que esos mecanismos est?n funcionando en Chile. Pero ellos no bastan

Seamos claros que lo central est? dado por la conciencia c?vica del ciudadano y en el hecho que ejerza activamente sus derechos y cumpla celosamente con sus deberes. Cuando, desde esta tribuna, hemos alegado en contra de la privatizaci?n de Chile hemos tenido esto en cuenta. No hay democracia sin dem?cratas, como no hay rep?blica sin republicanos ni ciudadan?a sin ciudadanos. Y los abusos de poder llegan al m?ximo cuando todos han dejado de participar y el poder ha quedado en manos del tirano. Y los excesos de poder aumentan en democracia cuando el ciudadano vigilante es reemplazado por el ap?tico.

No se trata de un alegato abstracto ni te?rico. Veamos porqu?.

Es obvio que quienes no participan no est?n adecuadamente representados. En una democracia, participaci?n es poder. Cuando son muchos los que no participan la democracia se ve privada del m?s amplio apoyo posible y de la experiencia de los no participantes. Los ciudadanos que no se informan, ni consultan ni concurren a decidir dejan de aprender, pues no hay mejor manera para mejorar la calidad de sus juicios que la experiencia de la participaci?n. La apat?a es un s?ntoma -a la vez que una causa- de la debilidad del sistema. Significa el fracaso en involucrar a todos los miembros de la sociedad en su propio gobierno, el fracaso en inspirar inter?s y lealtad.

Y, sobre todo, insisto en que la apat?a generalizada aumenta las oportunidades que el gobierno sea dominado por personas poco responsables, sin escr?pulos y amantes de aumentar el propio poder.
Adem?s, si no tenemos buenos ciudadanos, pol?ticas p?blicas centrales para nuestras vidas dom?sticas fracasar?n. Por ejemplo, el Estado ser? incapaz de proveer cuidados sanitarios adecuados si los ciudadanos no act?an responsablemente hacia su propia salud (siguiendo una dieta balanceada, haciendo ejercicio y controlando el consumo de alcohol y de tabaco); el Estado puede tornarse incapaz de satisfacer las necesidades de los ni?os, los ancianos y los discapacitados si los ciudadanos no aceptan su cuota de responsabilidad en cuanto a la atenci?n de sus propios parientes; el Estado no podr? proteger el medio ambiente si los ciudadanos no aceptan reducir el consumo o practicar el reciclaje en sus propios hogares; la capacidad del gobierno para regular la econom?a puede debilitarse si los ciudadanos se endeudan demasiado o exigen aumentos salariales excesivos; los intentos por crear una sociedad m?s justa sufrir?n tropiezos si los ciudadanos m?s privilegiados no est?n dispuestos a pagar impuestos en aras de vivir en una sociedad justa o, a lo menos, decente.

Por todo ello, la conclusi?n frente a los hechos de corrupci?n que leg?timamente nos estremecen no es abandonar la arena p?blica diciendo: "esto es demasiado sucio para m?". Todo lo contrario. Cuando la actividad p?blica se envilece es justamente el momento en que los mejores ciudadanos entren a la arena pol?tica y no permitan la verdadera privatizaci?n que ha ocurrido de los partidos pol?ticos a manos de unos pocos.

Debemos promover mejores ciudadanos cuando todo parece empeorar.

?Y qu? es un buen ciudadano?

Un hombre y una mujer que tienen la valent?a de hacer valer su opini?n, respetan la ley y son leales. Son personas que piensan por s? mismas, ilustradas, que se ponen en el lugar del otro y cr?ticas. Econ?micamente se trata de ciudadanos que practican la ?tica del trabajo, tienen la capacidad de postergar las gratificaciones y de adaptabilidad al cambio econ?mico y tecnol?gico. Finalmente, son capaces de reconocer y respetar los derechos de los dem?s; practican la disposici?n a no exigir m?s de lo que se puede pagar; y tienen la capacidad de evaluar el desempe?o de quienes ocupan cargos p?blicos y la disposici?n a participar en el debate p?blico e incluso ser elegidos representantes populares.
S? que el listado anterior asusta. Parece casi imposible ser un buen ciudadano. Ciertamente es dif?cil serlo y ahora se podr? apreciar porqu? tantas democracias han ca?do ante la demagogia, el populismo o el autoritarismo.

Nadie dijo que tener una democracia sea cosa f?cil. No lo es pues requiere de millones de buenos ciudadanos. Y cuando estos fallan, nada bueno termina por llegar para el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.


Ir al art?culo: Tres maestros y una candidatura.

Ir a art?culos de Micco en El Mostrador
.
Publicado por juancatepillan @ 13:35  | Art. 2004
Comentarios (3)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Invitado
Jueves, 25 de marzo de 2010 | 18:08
Luc?a Victoria Jardon 12 a?os Argentina:

Muy bueno xD tenes mucha raz?n :)
Publicado por elenis navarro
Mi?rcoles, 17 de noviembre de 2010 | 22:19

estoy estas en panga

Publicado por invitafo
Mi?rcoles, 17 de noviembre de 2010 | 22:22

el pipi de tu casa yte va ayudar