Juan Altamirano Carrasco
“Seminario nacional de educación para el desarrollo sustentable
de organizaciones sociales”. Santiago, 22 de octubre de 2005.-
Hablar de sustentabilidad a nivel planetario resulta difícil y complejo puesto que existen más de tres mil quinientos millones de habitantes que se mantienen al margen de los derechos más elementales del ser humano, tales como el de comer, de dormir abrigado; de poseer un techo digno y de tener acceso al agua potable. José Saramago, Premio Nóbel de Literatura, nos llama la atención sobre el particular cuando nos señala que, “en este momento, la cosa más desechable del mundo es el ser humano”. Como reforzamiento a esta reflexión podemos sostener que en la actualidad existe “el suficiente arsenal bélico para destruir treinta y seis veces el planeta”. Este mortífero arsenal esta repartido entre las naciones del Este y del Oeste, del Norte y del Sur, en consecuencia se puede visualizar que estamos sentados en un “barril de pólvora” y que por lo tanto la seguridad de la humanidad “pende de un hilo”.
En tanto en nuestro país el desarrollo económico sostenido por algunos sectores de la sociedad a traído consigo un incremento en las desigualdades sociales; “los ricos son cada día más ricos y los pobres son cada día más pobres”. La concentración de la riqueza en manos de unos pocos ha provocado un creciente aumento de la inequidad. La globalización de las economías han contribuido de manera importante a la deshumanización de los individuos por una parte y por otro a “a su aislamiento societariamente hablando”.
En el plano de lo territorial-local percibimos la creciente falta de compromiso de las personas, por los quehaceres en favor de su entorno vecinal y de la comunidad; ello producto del acrecentado individualismo y del aumento del consumismo, - casi ilimitado -. Estas no son posturas extremas si no que corresponden a las vivencias de experiencias concretas y a la dilatada trayectoria en el trabajo por el desarrollo del mundo social comunitario.
La globalización en su conjunto nos ha permitido darnos cuenta que vivimos en un mundo extremadamente frágil y que pese a las desigualdades y falta de equilibrios, las posibilidades de supervivencia están supeditadas a destacadas diferencias de acceso al poder, a los recursos y a los servicios; estas realidades nos hacen sentir con rigor y dureza las desigualdades en el plano nacional e internacional. La CEPAL nos ha señalado que sus declaraciones, - diagnósticos -, en torno a la sustentabilidad y el desarrollo, “que estas están basadas en el reconocimiento de que en el mundo no se da una auténtica igualdad de oportunidades y que por otro tanto aumentan las desigualdades sociales”; por su parte Guimaraes es más directo aún y nos señala que “un ser humano empobrecido, marginado y excluido de la sociedad y de la economía nacional no posee el menor compromiso con la preservación del medio ambiente sí, antes y por encima de todo, la sociedad no logra su propia dignidad como ser humano”; nosotros podemos agregar que “esta es una verdad que seguirá lamentablemente persistiendo por muchos años más”.
Por nuestra parte los dirigentes sociales hemos venido sosteniendo en diversos foros y documentos -preparados, analizados y divulgados por la sociedad civil- que “la inequidad social y la superación de la pobreza pasan de manera sustantiva por la educación y preparación de las personas en las nuevas tecnologías y en los nuevos y antiguos saberes; esta capacitación debe de ser transversal a la sociedad”, puesto que nos permitirá reconocernos, superar nuestras debilidades y cambiar nuestros modos de comunicación, en especial en el como usamos “el tú, el yo, el ellos y el nosotros”. La capacitación permanente y sostenida en el tiempo nos permitirá enfrentar la globalización y la mundialización de las economías y las inequidades en la educación, la salud y la cultura, entre otras, de una manera más humana y más cercana a las personas.
El pensamiento cristiano nos señala que la pobreza no constituye un desafío para la inteligencia de los estudiosos y de quienes deben tomar decisiones, sino más bien en una situación que debe de avergonzarnos como sociedad, puesto que nos hace vivir diariamente con la miseria y la degradación de los individuos, en consecuencia debemos de provocar cambios; cambios que ciertamente se hacen cada día más urgentes, ello para preservar las generaciones futuras; hablamos con propiedad de nuestros hijos, de nuestros nietos y, de la familia, ella como núcleo central de la sociedad.
Las transformaciones y cambios que estamos demandando a los gobernantes, a la intelectualidad y al conjunto de la sociedad, adquirirán sentido y sustentabilidad sólo si somos capaces de garantizar en los hechos concretos, la mejoría de la calidad de vida de la actual y futuras generaciones. Como país y como sociedad debemos de tener en claro que “en una sociedad en que predominen la pobreza, la desigualdad y la exclusión seremos irremediablemente empujados a profundizar la degradación ambiental, el alienamiento del pensamiento social y a la perdida de identidad”; en resumen será la garantía más segura que no habrá una generación libre de ataduras y de temores apocalípticos. Nuestra experiencia y observancia de los acontecimientos nos permiten señalar que no estamos preparados como sociedad, para hacer frente a la crisis de sustentabilidad que avanza de manera inexorable y que debería de transformarse en nuestra especial preocupación.
Estamos asistiendo, - no sin preocupación -, al debilitamiento de procesos ambientales que no pueden ser sustituidos por otros o, por simples decretos de quienes quieren mitigar sus atormentadas conciencias producto de sus desafortunadas intervenciones. No se puede sustituir la capa de ozono, como tampoco se puede sustituir la inestabilidad climática que estamos observando en diversas latitudes y de las cuales ninguna nación o territorio se puede exceptuar. Para superar esta verdadera crisis, - lo enunciado influye en la disminución de los productos alimenticios, en las migraciones de grandes sectores ciudadanos, en especial de los más pobres -, se deben de tomar decisiones políticas consecuentes, ello en desmedro de algunos, pero, en beneficio de las grandes mayorías del mundo; insistimos, estas decisiones deben de ser planetarias, sin que ello signifique que no deban de ser adoptadas al interior de los países y entre naciones, todo ello debe de formalizarse en función del presente pero con visión de futuro y donde la razón supere los egoísmos.
El trabajo social comunitario que realizamos los dirigentes sociales de base lo consideramos subvalorado por parte de las diversas autoridades locales y nacionales puesto que nos reconocemos no tomados en cuenta a la hora de diagnosticar, analizar y desarrollar políticas en favor de nuestras comunidades y de los grandes proyectos nacionales, en especial en aquellos que tienen que ver con el desarrollo humano sustentable, de ahí que con amargura sostengamos que la participación social es solo formal, puesto que en la mayoría de los casos no alcanza de manera real y concreta a los ciudadanos, y los dirigentes sociales los cuales no son consultados, ni menos sus opiniones son tomadas en cuenta de manera seria, más aún, cuando las decisiones que afectan a la comunidad local son adoptadas por personas ajenas a la realidad y su entorno.
En consecuencia no nos sorprenden los enfoques parciales que se hacen en torno a la sustentabilidad del desarrollo, puesto que estos se hacen de manera parcial e inconsultas, y ajenas a las condiciones y deseos de las mayorías locales. Los ejemplos de medidas inconsultas adoptadas en torno al desarrollo local-social darían para muchas horas de discusión o miles de páginas, sin embargo, lo más preocupantes es que estas son tomadas con visiones cortoplacistas y no miradas ni pensadas en función del futuro y las nuevas generaciones humanas.
La sustentabilidad es un problema que transversaliza a toda la sociedad y que hoy ciertamente cuenta con nuevos elementos a considerar, como por ejemplo; los problemas globales del medio ambiente, el efecto invernadero y la destrucción de la capa de ozono, la desertificación y perdida de la superficie cultivable, la creciente extinción de especies de la fauna y la flora, entre otros; en consecuencia los dirigentes sociales aspiramos y demandamos un estudio profundo, integral y no parcial de esta verdadera calamidad mundial.
Al inicio de nuestra intervención señalaba que la sustentabilidad estaba enfrentada a una grave crisis, por lo tanto la entendemos como un problema que debe de ser enfrentado y abordado por todos los hombres y mujeres, adultos y jóvenes; sólo así lograremos revertir sus graves consecuencias para la humanidad. Para el Gobierno y la Sociedad el tema de la SUSTENTABILIDAD representa un enorme desafío, por tanto su responsabilidad es la de garantizar la existencia de un proceso transparente, informado y participativo para el debate y la toma de decisiones en pos de la sustentabilidad. La crisis advertida no es sólo una crisis institucional o individual. No es sólo una mala distribución del consumo de bienes y servicios, sino que constituye más bien una crisis de valores y de trascendencia futura.
Bibliografía
Manual para la formación de líderes en desarrollo sustentable regional y local; Marcela Tchimino, Cristian Moscoso y Juan Altamirano. Editorial U. Bolivariana, junio 2005.-