miércoles, 26 de octubre de 2005
Karin Ebensperger
Miércoles 26 de octubre de 2005
El Mercurio, Internacional, Opinión.

La sociedad moderna necesita a las mejores personas, sean hombres o mujeres.

La presencia femenina en la política es un fenómeno de los tiempos modernos. Indira Gandhi o Margaret Thatcher eran consideradas excepciones, pero hoy hay muchas mujeres líderes, a las que se acaba de sumar la alemana Angela Merkel.

La compleja sociedad actual, con tantos desafíos científicos y sociales, requiere que lleguen al poder las personas más preparadas, irrelevante si son hombres o mujeres. Así como ninguna utopía política del pasado pudo superar las debilidades y grandezas del ser humano, tampoco lo lograrán una mujer o un hombre, por el sólo hecho de serlo. Sería otra utopía.

En el siglo XIX se afianzaron los grandes Estados nacionales, y el énfasis político era militar y nacionalista. El siglo XX fue liderado por movimientos económicos e ideológicos, marxismo y capitalismo. Todos mundos masculinos, con mínima participación de la mujer.

Pero hace algunos años, en la agenda política irrumpieron otras facetas como los sentimientos colectivos, la planificación familiar, la definición sexual, es decir, temas que en épocas remotas eran atendidos por la comunidad familiar, ahora son considerados problemas de Estado.

Desencanto

Al mismo tiempo, hay desencanto frente al tipo de soluciones privadas que puede ofrecer el Estado, y la responsabilidad individual vuelve a tomar su lugar.

En la Edad Media, la familia era una unidad de poder político, incluía múltiples parientes y vasallos y era presidida por un jefe -hombre- que ejercía el poder total. No había un Estado centralizador sino pequeños reinos liderados por hombres fuertes. Con la revolución industrial surgió el Estado moderno que diferenció nítidamente el espacio privado -el de la familia- del público, el del trabajo.

Las lealtades comunitarias desaparecieron y surgió la sociedad moderna: un mundo anónimo, en que los "individuos" trabajan en el espacio público, y vuelven a su universo personal.

Esta nueva sociedad que valora sobre todo al individuo, ha ido reconociendo que también la mujer, en su calidad de individuo, debe tener participación política y laboral: por definición, en el mundo moderno esa participación es fuera del hogar.

Al hacerse cada vez más difusa la división de funciones entre hombre y mujer, ambos empiezan a ocupar el mundo privado y el público.

Esa es la situación hoy, con enormes repercusiones sociológicas, familiares y también personales.

La sociedad moderna, habitada por seres humanos afectivos, sensibles, creativos, pero también temerosos, presionados, inseguros, necesita el liderazgo de las mejores personas, sean hombres o mujeres.
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Publicado por juancatepillan @ 14:14  | Art. 2005
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Comentarios
Publicado por Invitado
lunes, 18 de febrero de 2008 | 17:14
:2]:pa):g):x):7]
Publicado por Virginia Vega Saavedra
viernes, 13 de marzo de 2009 | 14:53
mucha palabreria para una realidad concreta, falta agregar la estadistica y nombres de mujeres politicas, y en las empresas, grandes encuestas de Europa que coloca a la mujer con grandes porcentanjes de retorno de capital y de accionistas, hay mas.
Publicado por Invitado
sábado, 31 de octubre de 2009 | 17:03
La senora Saavedra debe anadir lo que ella dice que falta en vez de estar "showing off" criticando por criticar, sin saber de la capacidad del que escribe. Necesitamos gente con comentarios edificantes que nos ayuden a mejorar.