Imaginarios Colectivos en el Chile actual . C. Terra y M. Hermosilla
Catalina Terra y Marcelo Hermosilla
CENTRO AVANCE, 27 octubre 2005.-
Hoy el Estado no ha logrado ser un organismo de conexión entre el sector público y la sociedad civil, incluso no ha sido capaz de generar este lugar común para todos, reproduciendo el individualismo ya existente...
Introducción: Procesos modernos y el paso al individualismo actual.
En la actualidad las sociedades modernas se han complejizado de tal forma que presenta altos niveles de diferenciación, formando sistemas funcionales que actúan según una lógica particular. “Todas las esferas de acción específicamente funcionales son sometidas en la modernidad a sus correspondientes procesos de racionalización según este desarrollo” (1) .
Las sociedades modernas se enfrentan al imperativo funcional de un incremento de los rendimientos inmanentes de cada sistema funcional, en donde cada subsistema busca este óptimo, la maximización y el orden como fin último. Estos principios se permean desde la economía para pasar a todas las esferas del desarrollo humano, generando una nueva sociabilidad, la que estaría caracterizada por una privatización de las relaciones sociales, reduciendo “el ámbito de la acción colectiva y fomentando estrategias individuales” (2) .
Si bien se van construyendo los sistemas y la racionalidad es cada vez más exhaustiva en su proceso, más se sabe que no se sabe, lo que va generando un sentimiento de inseguridad y de desarraigo en tanto se pierden fines colectivos.
Las instituciones modernas dentro de este imperativo funcional, también tienen sus procesos propios, en los que toman este principio de maximización y orden para constituirse de forma dinámica. Esto ya no tiene efectos sólo en el ámbito local, como fueron las instituciones en el pasado, sino que las consecuencias tienen impacto global.
En este sentido el impacto de la modernidad ya no es sólo a nivel macro sino que se vuelve sobre los individuos, comenzando a afectar en sus vidas cotidianas y en la construcción de sí mismos.
Efectos del individualismo sobre los niveles de desarrollo humano.
La modernidad es un orden social que deviene de lo tradicional, en donde sus hábitos han sido reemplazados por la certidumbre del conocimiento racional. De esta forma todo nuevo avance o conocimiento es proclive de ser verificado, introduciendo la duda como fundamento de todo proceso. De una sola cosa estamos seguros y es que nada es 100% seguro.
Entonces, por un lado tenemos la excesiva racionalización de los procesos sociales, científicos, tecnológicos y de cualquier otro orden de construcción humana y los efectos que esto va a producir a nivel de organizaciones, instituciones e individuos.
Los efectos que se observan a nivel sistémico son la complejización social, la permeabilidad de los sistemas a los principios del mercado como expresión del sistema económico capitalista (maximización y orden) y el impacto que esto tiene en todos los niveles sociales. Como esto va penetrando a las distintas dimensiones de la construcción social.
Aparece la individualización como parte de este proceso en lo social. El todo deviene en las partes hasta llegar al átomo que lo forma y que pasa a ser la pieza de construcción primordial.
La pérdida de los referentes colectivos es un hecho que en sí mismo tiene secuelas relacionados a aspectos negativos de esta nueva sociabilidad. Lechner nos habla de el predominio de “un individualismo negativo en el doble sentido que el individuo recela de la acción colectiva al mismo tiempo que se siente aislado y excluido” (3) de lo social, entendiendo su contradicción con lo tradicional, en que el sujeto era parte de un todo y que de cierta forma lo protegía de lo desconocido.
Se entiende lo colectivo como el ámbito en el cual se pueden desarrollar ideas y formas sociales con un fin determinado, que se relaciona íntimamente con el Bien Común. Hoy la lucha por ideales se hace a partir de intereses individuales que priman por sobre los sociales, a pesar de la utilización de medios colectivos (instrumentalización de los medios).
Tenemos como consecuencias sobre la subjetividad de las personas la desconfianza e inseguridad. Giddens se refiere a la construcción de esta subjetividad por medio de un proceso dialéctico entre “lo local y lo global, los individuos se ven forzados a negociar los posibles estilos de vida entre una diversidad de opciones”. Es así que la autoidentidad se va formando de manera reflexiva, permeada a su vez por los factores modernos descritos anteriormente (mercado, consumo, publicidad, pérdida de los valores tradicionales, etc.).
Todo lo descrito anteriormente, como proceso y como efectos, tanto negativos como positivos, nos conducen a la pregunta esencial referida a la manera de neutralizar los efectos negativos de la modernidad, conduciendo un cambio cultural que genere una nueva subjetividad basada en la reconstrucción de referentes colectivos. Tomando a Lechner, ¿será la democracia una normativa vinculante capaz de devolver las confianzas y certezas a los individuos en la época actual, dada la subjetividad emergente?
El Proceso de Individualización y su subjetividad.
La individualización consiste en el proceso mediante el cual el sujeto conquista su autonomía (4) . Esto significa que cada persona vuelve a replantearse de manera individual las interrogantes primeras de su existencia, rompiendo de paso, muchas de las tutelas y los dogmas del pasado.
La individualización tiene un elemento ligado con personalización, con la libertad del individuo para tomar sus propias decisiones. Es un aumento en la calidad de persona del individuo. Pero tiene un elemento negativo, de despersonalización que comprende el aspecto moral, el contenido ético de las relaciones de comunicación y transacción (5) .
La persona busca definir y construir sus propios espacios, sin embargo, esta redefinición de la identidad sólo se logra en relación con el otro, pues de no establecer nuevos vínculos sociales se dará paso del individualismo y al ostracismo, como efecto de la desvinculación con una incapacidad de superar la desconfianza e inseguridad social. Esto observado como un proceso que va creciendo en el imaginario y que destruye las posibilidades de construcción de Sociedad Civil, el ya nombrado Bien Común, y que finalmente permiten a esta posicionarse frente a los intereses del mercado representado por grandes corporaciones o transnacionales.
Este bloque de intereses libremercadistas, con características de competencia y de acumulación, además de la Globalización como factores predominantes, vienen a complicar aún más esta especie de redefinición identitaria individual, a la vez que va excluyendo a una gran parte de la sociedad. Esto, en parte porque en la lógica del proceso se encuentra la exacerbación y necesidad de la acumulación de capitales de todo orden para asegurar la reproducción del sistema social.
La pregunta de cómo construir una identidad colectiva pasa a ser una necesidad dominante y, más difícil todavía, es que ésta emerja sobre la base de valores de cooperación, reciprocidad, confianza social y generación de redes (el llamado capital social), a partir de los valores del mercado.
En este sentido, ciertos referentes propios de nuestra historia, y que en el pasado tuvieran tanta preponderancia como la iglesia, la clase social y la propia estructura familiar, han dado paso a definiciones nuevas en cada uno de estos ámbitos, siendo incluso muchos de ellos reemplazados.
Nuevas identidades de género, las que reclaman de manera organizada el respeto por la diferencia y el establecimiento de formas y canales apropiados de integración a la vida en sociedad, han abierto un enorme debate acerca de la capacidad de aceptación del otro y el cuestionamiento de las propias identidades individuales.
La tendencia al consumo (material y simbólico) es otro de los aspectos característicos de nuestra época, llegando a considerar al mall como un emblemático espacio de encuentro. Larraín señala sobre el particular que “en Chile, uno de los legados de la dictadura ha sido un cambio cultural profundo que se manifiesta en que se ha pasado del énfasis en el movimiento colectivo a un énfasis en el consumo como base de la construcción de identidades y de la búsqueda de reconocimiento (6) ”. Más aún, al pasar de la Dictadura a la Democracia por medio de un movimiento social como lo fue aquel que gestó el Plebiscito del 88’, Chile se queda sin un fuerte factor de cohesión representado por la lucha contra Pinochet.
Finalmente, la cambiante estructura de familia ha cuestionado la forma de concebir el mundo. El PNUD en su Informe sobre Desarrollo Humano señalaba que ya en el año 2000, solamente un 49% de las familias poseían el carácter de nuclear (7) . Otras tendencias, como la edad media de matrimonio, muestran que se ha variado desde un promedio de los 26,6 años en hombres y 23,8 años en mujeres en 1980 a los 29,4 años en hombres y los 26,7 años en mujeres en 1999, lo cual demuestra que cada vez se tiende a valorar mucho más una vida individual e independiente y se prioriza la búsqueda de oportunidades de desarrollo a nivel personal.
Posibles razones del individualismo y de la pérdida de referentes colectivos.
1.- La Herencia de Imaginarios basados en conceptos difusos.
En nuestro país, existió una construcción de imaginarios colectivos basados en los conceptos abstractos de Nación y Patriotismo.
El PNUD, señala que en Chile se han construido básicamente cuatro tipos de imaginarios: un relato militar-nacional, uno de carácter cívico militar, otro de exclusión social y el relato del jaguar empresarial (8) . La conclusión del organismo, es que los cuatro relatos afectan a la imagen del chileno, dando lugar a una forma histórica e institucional de orden cívico, es decir, ello ha definido la imagen popular de "lo que es chileno".
De igual forma, los tres grupos protagónicos en la construcción de estos relatos, militares, políticos y empresarios, han sido históricamente quienes construyeron la imagen de Chile como nación de logros heroicos por su osada valentía.
El debate sobre la validez de estos conceptos, principalmente el de nación, aparece cuando la soberanía popular no recae de manera directa en el pueblo sino que en la Nación. En la declaración francesa de los derechos del hombre y del ciudadano, se señala que la soberanía no reside en el pueblo, sino en la nación francesa, término que de igual forma se emplea en nuestra Carta Fundamental.
Sus detractores señalan que el concepto de nación es un elemento inexistente, difuso y abstracto y que no necesariamente es un reflejo de la voluntad del pueblo. Esta sería, por lo tanto, una construcción hecha fundamentalmente por las elites y, más que representar, terminaría muchas veces negando la propia voluntad popular, volviéndola ajena e inconsistente (9) .
Una de las eventuales explicaciones a ello puede encontrarse en la influencia del derecho francés, principalmente la escuela de Exégesis, en el derecho positivo chileno.
2.- El establecimiento del mercado.
Lechner le adjudicaba al mercado, además de la regulación los procesos económicos, ser la razón de muchos de los cambios en la organización de la sociedad, dado que se introducía y permeaba el entramado social.
El proceso de individualización revoluciona el vínculo social por su ligazón con el proceso de diferenciación de la sociedad (10) .
En el sentido de las transformaciones en la subjetividad social vulnerada, particularmente el ámbito del trabajo y del empleo, el establecimiento del mercado limita y predetermina, en un momento anterior de lo que se suele concebir, diversas formas de desarrollo laboral que antaño eran parte de nuestra cultura.
Al hacer del mercado el principio organizativo de la vida social, muchas de las formas de trabajo basadas en la herencia de conocimientos, que otrora constituyeran no solamente mecanismos de trabajo sino de vida familiar (11) , han adquirido en la actualidad tintes exóticos, pero sin sustentabilidad, en medio de la pobreza e incapaces de subsistir por sí mismas, concentrándose actualmente en las zonas rurales de nuestro país (12) .
El mercado hace que las personas busquen de manera individual sus propias formas de desarrollo, pero fijándole ciertas limitaciones, especialmente a la hora de elegir una determinada actividad a desarrollar, pues ya no bastan sólo las aspiraciones y aptitudes. Se debe responder a una cierta lógica donde la demanda del mercado por determinados profesionales será un factor a considerar de manera clave.
Dado lo anterior, las personas priorizan ahora sólo en parte sus gustos y pasiones por una determinada actividad, dejando de lado el apego a ciertos espacios y a determinadas tradiciones (familiares, religiosas, etc.) y otorgándole mayor importancia a las capacidades y destrezas que el mercado laboral requiere.
La tarea para el Estado en ese sentido, como impulsor del desarrollo y del bienestar, es asumir la responsabilidad de que se realicen esfuerzos de emprendimientos conjuntos con la sociedad civil y el sector privado, rompiendo con la exclusión (forzada o autoimpuesta), lo cual necesita de la cooperación y de la confianza mutua de las partes. Estas formas de emprendimiento en la actualidad lo constituyen las PYME, donde el Estado facilita fondos y entrega apoyo técnico para los proyectos de promoción (13) .
3.- El proceso de globalización.
El proceso de globalización tiene distintas implicancias para la vida en sociedad. Se le atribuye ser la razón última de la mayoría de las transformaciones que ha vivido la sociedad, pero ella, entendida como proceso, es sólo una dimensión de la modernidad, con características, connotaciones e intensidades diversas.
En Chile se observa un fuerte decaimiento de la participación activa por parte de la Sociedad Civil organizada en torno a un solo ideal. Luego de la transición (1990) se observa la particularización de las motivaciones, dando paso a una serie infinita de agrupaciones que parecen no tener un común acuerdo.
En nuestro país, durante el período de la Unidad Popular, existió un fuerte discurso sobre la necesidad de un pueblo organizado, que sea capaz de sentar las bases para la vía al socialismo, el cual sería uno de los últimos sueños colectivos:
“Los cambios que se harán necesitan de un pueblo socialmente consciente, solidario y educado para ejercer el poder y para defenderlo. La cultura no se crea con una ley, sino que surge de la lucha constante por la fraternidad contra el individualismo, por el trabajo contra su desprecio, por los valores nacionales sin sumisión a valores que no nos pertenecen” (14) .
Ello deja entrever que, si bien la Unidad Popular fue una etapa muy particular en nuestra realidad, la actuación de manera conjunta para el logro de metas colectivas tuvo prioridad durante algún espacio de nuestra historia.
Los cambios económicos y tecnológicos, por su parte, han impactado y modificado de manera significativa las instituciones más básicas de la sociedad, su cultura, la familia, las normas de convivencia y, ciertamente, los valores que orientan nuestra conducta individual y social. Más aún, muchas veces descubrimos que los patrones tecnológicos y económicos exigen determinadas formas de cultura y pautas sociales para aplicarse exitosamente. Esto se relaciona con el nacimiento y establecimiento de nuevos paradigmas. Pero ¿quién asegura que estos nuevos paradigmas no sean opuestos a los del pasado y, en consecuencia, reemplacen los imaginarios preconcebidos? Frente a ello, las respuestas a estos nuevos modelos, por parte de los actores sociales, podrán y serán igualmente distintas.
Siguiendo a Jorge Larraín, dos son los aspectos que entrelazan modernidad y globalización: la creciente separación entre el espacio y el tiempo y el surgimiento de nuevas relaciones sociales. Ambas se fusionan y dan paso al fenómeno de mediatización de la cultura, principal agente de los cambios sociales, incluida la tendencia al individualismo (15) .
La pregunta fundamental del ensayo, si la democracia es realmente un régimen que pueda integrar de manera efectiva a la población y que, adicionalmente, sea capaz de entregarle la capacidad de generar sinergias que devuelvan la capacidad de crear imaginarios colectivos de los que se sientan parte integrada, determina que, más allá de cuestionar el sistema de gobierno, se puedan plantear algunas posibilidades de desarrollo con identidad.
4- Construcción de Sociedad Civil.
Ciertamente, tras una herencia de imaginarios sociales y de su continua pérdida valorativa, las tareas que enfrenta la democracia no son fáciles. La reconstrucción de valores identitarios colectivos va más allá de una necesidad moral, sino que constituye una forma de darle un reconocimiento y un nuevo valor a las capacidades comunitarias y hacerlas sostenibles en el tiempo. Las capacidades económicas por si solas están lejos de fundar una construcción temporalmente prolongada, dada la lógica del mercado.
Siguiendo nuevamente a Lechner, la formación de capital social en cualquiera de sus niveles, se une a los imaginarios que sostendrán, guiarán y harán posible esta articulación valórica de cooperación recíproca y confianzas sociales. Así entonces, al no existir una visión compartida del pasado y de la realidad actual, o ser ésta difusa y verse deteriorada por ciertos factores como los anteriormente descritos, la tarea para el sistema democrático se torna aún más compleja.
Escasos son los ejemplos de acciones colectivas desde la recuperación de la democracia. Más aún, en la opinión pública pareciera concebirse a la acción mancomunada de la sociedad como temporal, con espacios de desenvolvimiento muy reducidos, la mayoría de las veces obedeciendo a hechos coyunturales y ligado a expresiones de malestar derivado de la circunstancia específica. En cambio los intereses del mercado se ven sobre representados, pasando a ser el nuevo enemigo común, desde donde emerge el riesgo individual.
La caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 fue, tal vez, uno de los últimos momentos en que la sociedad se unía en la concretización de un sueño común y marcaba, a su vez, un hito en la historia de la humanidad. Hoy en día resulta casi impensado hablar de la realización de un Woodstock al aire libre, dado los niveles de temor e inseguridad (16) .
Pese a todo, los gobiernos democráticos tienen una oportunidad única frente a la ciudadanía, que a pesar de variados esfuerzos no han dado en el lugar común de la sociedad civil chilena. En parte, por lo que se expresa anteriormente sobre los valores de libre mercado a ultranza que se han dado durante los últimos 30 años y que han dejado progresivamente al individuo sujeto a los vaivenes de los procesos económicos. Esto redunda en la inexistencia de un valor por el Bien Común, que aún parece no comprenderse más allá de lo propio, lo privado, lo individual como parte de esta subjetividad heredada, autoimpuesta.
El traspaso cada vez más rápido de información pone en evidencia los daños que provocan estas corporaciones y que el Estado parece no tomar en cuenta, parece no poner atajo frente a estas situaciones, lo que va erosionando la relación con la Sociedad Civil.
Un ejemplo de esto lo constituye el problema generado a partir de la construcción de la empresa de Celulosa Arauco y Constitución en San José de la Mariquina, en donde el gobierno permite la instalación de una industria que deshecha elementos altamente tóxicos resultantes de los procesos de producción. Esto en medio del santuario de la biodiversidad en Valdivia, hábitat natural de los cisnes de cuello negro, además de ser un lugar de desarrollo económico local, debido al turismo existente en la zona.
Frente a ello, se levantó una fuerte acción ciudadana, la que incluyó entre otras cosas Cabildos de información y debate abiertos a la población y siendo la denominada Acción por los cisnes la organización más representativa. Pese, además, a que el gobierno deja a la empresa seguir en funcionamiento bajo las mismas condiciones, el grupo CELCO debe ceder ante la presión ejercida por una ciudadanía organizada y decide cerrar temporalmente la planta.
Esto no muestra la desconexión entre los distintos subsistemas, la competencia generada entre estos, quienes en el proceso lógico deben asegurar su reproducción. La sociedad civil, el Estado y el sector privado se ven divididos cada uno en su lógica, cada uno trabajando para su fin último.
La creación de capital social que pueda de alguna forma reproducir una identidad colectiva, un imaginario de construcción social como un todo, el Bien Común más allá del enemigo común parece difícil ante esta subjetividad individual emergente del chileno.
Si la Democracia parece ser el factor vinculante es una afirmación cuestionable desde el punto de vista de la subjetividad de los individuos y la sociedad hoy. Más allá de lograr la cohesión, en Chile se ha dado paso a la construcción de movimientos opositores de ciertas políticas adoptadas y de procesos económicos.
De las cuatro dimensiones descritas como posibles razones para la deconstrucción de la Sociedad Civil a partir de la Dictadura y también como causas históricas, esta nunca ha logrado un valor común que permita su reproducción con la misma potencia del mercado y que le permita, además permear a los otros subsistemas.
La Democracia por sí sola no puede lograr la tarea de construcción de esta idea colectiva, pero si aparece como un actor necesario para la mantención del sistema, en tanto el Estado pueda generar relaciones vinculantes a través de los espacios y normativas existentes y por hacer.
Hoy el Estado no ha logrado ser un organismo de conexión entre el sector público y la sociedad civil, incluso no ha sido capaz de generar este lugar común para todos, reproduciendo el individualismo ya generado.
Bibliografía.
Beck, Ulrich (1992) La Sociedad del Riesgo, Ed. Apócriphos, Buenos Aires, Argentina.
Bengoa, José (1996) “La exclusión”, en Persona y Sociedad, Nº 2.
Beriain, Josetxo (editor) (1996) Las consecuencias perversas de la modernidad, España.
INE (2004) Cómo ha cambiado la vida de los chilenos, Santiago de Chile.
Julio Pinto (editor) (2005), Cuando Hicimos Historia, la experiencia de la Unidad Popular, LOM, Santiago de Chile.
Larraín, Jorge (2001), Identidad Chilena, LOM, Santiago de Chile.
Larraín, Jorge (2005) ¿América latina Moderna? Globalización e Identidad, LOM, Santiago de Chile.
Lechner, Norbert, Estado y Sociedad en una perspectiva democrática, en www.desarrollohumano.cl
PNUD, Informes sobre Desarrollo Humano en Chile, años 2000 y 2002.
Salazar, Gabriel (2001) Capital Social y Políticas Públicas en Chile, Investigaciones recientes, CEPAL, Serie Políticas Sociales, Nº 55, Santiago de Chile.
(1) Beriain, Josetxo, Prólogo en Las consecuencias perversas de la modernidad, España, 1996.
(2) Lechner, Norbert, Estado y Sociedad en una perspectiva democrática, en www.desarrollohumano.cl
(3) Lechner, Op. Cit., p. 2
(4) PNUD, 2000, Op. Cit., p. 28.
(5) Bengoa, José: “La exclusión”, en Persona y Sociedad, Nº 2, 1996.
(6) Larraín, Jorge; Identidad Chilena, Santiago de Chile, LOM, 2001.
(7) PNUD, Informe Desarrollo Humano, 2000, p. 214-215.
(8) PNUD, Op. Cit., 2002, p. 69.
(9) En un contexto similar, Gabriel Salazar señala: "El tercer elemento que encontramos en la fase de subsidencia es, por tanto, el que se refiere a la constante reconstrucción de la identidad popular. Durante esa fase, cuando el sistema central ya no proporciona identidades o no genera los canales para que las identidades se constituyan dentro de las celdillas del sistema, los sectores populares tienden a construir por sí mismos, a pulso, ‘identidades expresivas’, marginales, que no deben confundirse con las identidades de tipo estructural". Citado en Capital Social y Políticas Públicas en Chile, investigaciones recientes, CEPAL, Serie Políticas Sociales, Nº 55, Santiago de Chile, 2001.
(10) PNUD, Op. Cit. p. 89.
(11) En general la mayoría de las labores que hoy se conciben como artesanales, y que antes eran concebidas como "empresas familiares", como por ejemplo, el caso de los luthieres.
(12) Cómo ha cambiado la vida de los chilenos, INE, 2004, p. 93.
(13) Misión SERCOTEC.
(14) Citado en Cuando Hicimos Historia, la experiencia de la Unidad Popular, Julio Pinto (editor), LOM, Santiago de Chile, 2005, p. 148.
(15) Larraín, Jorge: ¿América Latina Moderna? Globalización e Identidad, LOM, Santiago de Chile, 2005, p. 109-110.
(16) Según PNUD.
Ir a sitio de AVANCE
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CENTRO AVANCE, 27 octubre 2005.-
Hoy el Estado no ha logrado ser un organismo de conexión entre el sector público y la sociedad civil, incluso no ha sido capaz de generar este lugar común para todos, reproduciendo el individualismo ya existente...
Introducción: Procesos modernos y el paso al individualismo actual.
En la actualidad las sociedades modernas se han complejizado de tal forma que presenta altos niveles de diferenciación, formando sistemas funcionales que actúan según una lógica particular. “Todas las esferas de acción específicamente funcionales son sometidas en la modernidad a sus correspondientes procesos de racionalización según este desarrollo” (1) .
Las sociedades modernas se enfrentan al imperativo funcional de un incremento de los rendimientos inmanentes de cada sistema funcional, en donde cada subsistema busca este óptimo, la maximización y el orden como fin último. Estos principios se permean desde la economía para pasar a todas las esferas del desarrollo humano, generando una nueva sociabilidad, la que estaría caracterizada por una privatización de las relaciones sociales, reduciendo “el ámbito de la acción colectiva y fomentando estrategias individuales” (2) .
Si bien se van construyendo los sistemas y la racionalidad es cada vez más exhaustiva en su proceso, más se sabe que no se sabe, lo que va generando un sentimiento de inseguridad y de desarraigo en tanto se pierden fines colectivos.
Las instituciones modernas dentro de este imperativo funcional, también tienen sus procesos propios, en los que toman este principio de maximización y orden para constituirse de forma dinámica. Esto ya no tiene efectos sólo en el ámbito local, como fueron las instituciones en el pasado, sino que las consecuencias tienen impacto global.
En este sentido el impacto de la modernidad ya no es sólo a nivel macro sino que se vuelve sobre los individuos, comenzando a afectar en sus vidas cotidianas y en la construcción de sí mismos.
Efectos del individualismo sobre los niveles de desarrollo humano.
La modernidad es un orden social que deviene de lo tradicional, en donde sus hábitos han sido reemplazados por la certidumbre del conocimiento racional. De esta forma todo nuevo avance o conocimiento es proclive de ser verificado, introduciendo la duda como fundamento de todo proceso. De una sola cosa estamos seguros y es que nada es 100% seguro.
Entonces, por un lado tenemos la excesiva racionalización de los procesos sociales, científicos, tecnológicos y de cualquier otro orden de construcción humana y los efectos que esto va a producir a nivel de organizaciones, instituciones e individuos.
Los efectos que se observan a nivel sistémico son la complejización social, la permeabilidad de los sistemas a los principios del mercado como expresión del sistema económico capitalista (maximización y orden) y el impacto que esto tiene en todos los niveles sociales. Como esto va penetrando a las distintas dimensiones de la construcción social.
Aparece la individualización como parte de este proceso en lo social. El todo deviene en las partes hasta llegar al átomo que lo forma y que pasa a ser la pieza de construcción primordial.
La pérdida de los referentes colectivos es un hecho que en sí mismo tiene secuelas relacionados a aspectos negativos de esta nueva sociabilidad. Lechner nos habla de el predominio de “un individualismo negativo en el doble sentido que el individuo recela de la acción colectiva al mismo tiempo que se siente aislado y excluido” (3) de lo social, entendiendo su contradicción con lo tradicional, en que el sujeto era parte de un todo y que de cierta forma lo protegía de lo desconocido.
Se entiende lo colectivo como el ámbito en el cual se pueden desarrollar ideas y formas sociales con un fin determinado, que se relaciona íntimamente con el Bien Común. Hoy la lucha por ideales se hace a partir de intereses individuales que priman por sobre los sociales, a pesar de la utilización de medios colectivos (instrumentalización de los medios).
Tenemos como consecuencias sobre la subjetividad de las personas la desconfianza e inseguridad. Giddens se refiere a la construcción de esta subjetividad por medio de un proceso dialéctico entre “lo local y lo global, los individuos se ven forzados a negociar los posibles estilos de vida entre una diversidad de opciones”. Es así que la autoidentidad se va formando de manera reflexiva, permeada a su vez por los factores modernos descritos anteriormente (mercado, consumo, publicidad, pérdida de los valores tradicionales, etc.).
Todo lo descrito anteriormente, como proceso y como efectos, tanto negativos como positivos, nos conducen a la pregunta esencial referida a la manera de neutralizar los efectos negativos de la modernidad, conduciendo un cambio cultural que genere una nueva subjetividad basada en la reconstrucción de referentes colectivos. Tomando a Lechner, ¿será la democracia una normativa vinculante capaz de devolver las confianzas y certezas a los individuos en la época actual, dada la subjetividad emergente?
El Proceso de Individualización y su subjetividad.
La individualización consiste en el proceso mediante el cual el sujeto conquista su autonomía (4) . Esto significa que cada persona vuelve a replantearse de manera individual las interrogantes primeras de su existencia, rompiendo de paso, muchas de las tutelas y los dogmas del pasado.
La individualización tiene un elemento ligado con personalización, con la libertad del individuo para tomar sus propias decisiones. Es un aumento en la calidad de persona del individuo. Pero tiene un elemento negativo, de despersonalización que comprende el aspecto moral, el contenido ético de las relaciones de comunicación y transacción (5) .
La persona busca definir y construir sus propios espacios, sin embargo, esta redefinición de la identidad sólo se logra en relación con el otro, pues de no establecer nuevos vínculos sociales se dará paso del individualismo y al ostracismo, como efecto de la desvinculación con una incapacidad de superar la desconfianza e inseguridad social. Esto observado como un proceso que va creciendo en el imaginario y que destruye las posibilidades de construcción de Sociedad Civil, el ya nombrado Bien Común, y que finalmente permiten a esta posicionarse frente a los intereses del mercado representado por grandes corporaciones o transnacionales.
Este bloque de intereses libremercadistas, con características de competencia y de acumulación, además de la Globalización como factores predominantes, vienen a complicar aún más esta especie de redefinición identitaria individual, a la vez que va excluyendo a una gran parte de la sociedad. Esto, en parte porque en la lógica del proceso se encuentra la exacerbación y necesidad de la acumulación de capitales de todo orden para asegurar la reproducción del sistema social.
La pregunta de cómo construir una identidad colectiva pasa a ser una necesidad dominante y, más difícil todavía, es que ésta emerja sobre la base de valores de cooperación, reciprocidad, confianza social y generación de redes (el llamado capital social), a partir de los valores del mercado.
En este sentido, ciertos referentes propios de nuestra historia, y que en el pasado tuvieran tanta preponderancia como la iglesia, la clase social y la propia estructura familiar, han dado paso a definiciones nuevas en cada uno de estos ámbitos, siendo incluso muchos de ellos reemplazados.
Nuevas identidades de género, las que reclaman de manera organizada el respeto por la diferencia y el establecimiento de formas y canales apropiados de integración a la vida en sociedad, han abierto un enorme debate acerca de la capacidad de aceptación del otro y el cuestionamiento de las propias identidades individuales.
La tendencia al consumo (material y simbólico) es otro de los aspectos característicos de nuestra época, llegando a considerar al mall como un emblemático espacio de encuentro. Larraín señala sobre el particular que “en Chile, uno de los legados de la dictadura ha sido un cambio cultural profundo que se manifiesta en que se ha pasado del énfasis en el movimiento colectivo a un énfasis en el consumo como base de la construcción de identidades y de la búsqueda de reconocimiento (6) ”. Más aún, al pasar de la Dictadura a la Democracia por medio de un movimiento social como lo fue aquel que gestó el Plebiscito del 88’, Chile se queda sin un fuerte factor de cohesión representado por la lucha contra Pinochet.
Finalmente, la cambiante estructura de familia ha cuestionado la forma de concebir el mundo. El PNUD en su Informe sobre Desarrollo Humano señalaba que ya en el año 2000, solamente un 49% de las familias poseían el carácter de nuclear (7) . Otras tendencias, como la edad media de matrimonio, muestran que se ha variado desde un promedio de los 26,6 años en hombres y 23,8 años en mujeres en 1980 a los 29,4 años en hombres y los 26,7 años en mujeres en 1999, lo cual demuestra que cada vez se tiende a valorar mucho más una vida individual e independiente y se prioriza la búsqueda de oportunidades de desarrollo a nivel personal.
Posibles razones del individualismo y de la pérdida de referentes colectivos.
1.- La Herencia de Imaginarios basados en conceptos difusos.
En nuestro país, existió una construcción de imaginarios colectivos basados en los conceptos abstractos de Nación y Patriotismo.
El PNUD, señala que en Chile se han construido básicamente cuatro tipos de imaginarios: un relato militar-nacional, uno de carácter cívico militar, otro de exclusión social y el relato del jaguar empresarial (8) . La conclusión del organismo, es que los cuatro relatos afectan a la imagen del chileno, dando lugar a una forma histórica e institucional de orden cívico, es decir, ello ha definido la imagen popular de "lo que es chileno".
De igual forma, los tres grupos protagónicos en la construcción de estos relatos, militares, políticos y empresarios, han sido históricamente quienes construyeron la imagen de Chile como nación de logros heroicos por su osada valentía.
El debate sobre la validez de estos conceptos, principalmente el de nación, aparece cuando la soberanía popular no recae de manera directa en el pueblo sino que en la Nación. En la declaración francesa de los derechos del hombre y del ciudadano, se señala que la soberanía no reside en el pueblo, sino en la nación francesa, término que de igual forma se emplea en nuestra Carta Fundamental.
Sus detractores señalan que el concepto de nación es un elemento inexistente, difuso y abstracto y que no necesariamente es un reflejo de la voluntad del pueblo. Esta sería, por lo tanto, una construcción hecha fundamentalmente por las elites y, más que representar, terminaría muchas veces negando la propia voluntad popular, volviéndola ajena e inconsistente (9) .
Una de las eventuales explicaciones a ello puede encontrarse en la influencia del derecho francés, principalmente la escuela de Exégesis, en el derecho positivo chileno.
2.- El establecimiento del mercado.
Lechner le adjudicaba al mercado, además de la regulación los procesos económicos, ser la razón de muchos de los cambios en la organización de la sociedad, dado que se introducía y permeaba el entramado social.
El proceso de individualización revoluciona el vínculo social por su ligazón con el proceso de diferenciación de la sociedad (10) .
En el sentido de las transformaciones en la subjetividad social vulnerada, particularmente el ámbito del trabajo y del empleo, el establecimiento del mercado limita y predetermina, en un momento anterior de lo que se suele concebir, diversas formas de desarrollo laboral que antaño eran parte de nuestra cultura.
Al hacer del mercado el principio organizativo de la vida social, muchas de las formas de trabajo basadas en la herencia de conocimientos, que otrora constituyeran no solamente mecanismos de trabajo sino de vida familiar (11) , han adquirido en la actualidad tintes exóticos, pero sin sustentabilidad, en medio de la pobreza e incapaces de subsistir por sí mismas, concentrándose actualmente en las zonas rurales de nuestro país (12) .
El mercado hace que las personas busquen de manera individual sus propias formas de desarrollo, pero fijándole ciertas limitaciones, especialmente a la hora de elegir una determinada actividad a desarrollar, pues ya no bastan sólo las aspiraciones y aptitudes. Se debe responder a una cierta lógica donde la demanda del mercado por determinados profesionales será un factor a considerar de manera clave.
Dado lo anterior, las personas priorizan ahora sólo en parte sus gustos y pasiones por una determinada actividad, dejando de lado el apego a ciertos espacios y a determinadas tradiciones (familiares, religiosas, etc.) y otorgándole mayor importancia a las capacidades y destrezas que el mercado laboral requiere.
La tarea para el Estado en ese sentido, como impulsor del desarrollo y del bienestar, es asumir la responsabilidad de que se realicen esfuerzos de emprendimientos conjuntos con la sociedad civil y el sector privado, rompiendo con la exclusión (forzada o autoimpuesta), lo cual necesita de la cooperación y de la confianza mutua de las partes. Estas formas de emprendimiento en la actualidad lo constituyen las PYME, donde el Estado facilita fondos y entrega apoyo técnico para los proyectos de promoción (13) .
3.- El proceso de globalización.
El proceso de globalización tiene distintas implicancias para la vida en sociedad. Se le atribuye ser la razón última de la mayoría de las transformaciones que ha vivido la sociedad, pero ella, entendida como proceso, es sólo una dimensión de la modernidad, con características, connotaciones e intensidades diversas.
En Chile se observa un fuerte decaimiento de la participación activa por parte de la Sociedad Civil organizada en torno a un solo ideal. Luego de la transición (1990) se observa la particularización de las motivaciones, dando paso a una serie infinita de agrupaciones que parecen no tener un común acuerdo.
En nuestro país, durante el período de la Unidad Popular, existió un fuerte discurso sobre la necesidad de un pueblo organizado, que sea capaz de sentar las bases para la vía al socialismo, el cual sería uno de los últimos sueños colectivos:
“Los cambios que se harán necesitan de un pueblo socialmente consciente, solidario y educado para ejercer el poder y para defenderlo. La cultura no se crea con una ley, sino que surge de la lucha constante por la fraternidad contra el individualismo, por el trabajo contra su desprecio, por los valores nacionales sin sumisión a valores que no nos pertenecen” (14) .
Ello deja entrever que, si bien la Unidad Popular fue una etapa muy particular en nuestra realidad, la actuación de manera conjunta para el logro de metas colectivas tuvo prioridad durante algún espacio de nuestra historia.
Los cambios económicos y tecnológicos, por su parte, han impactado y modificado de manera significativa las instituciones más básicas de la sociedad, su cultura, la familia, las normas de convivencia y, ciertamente, los valores que orientan nuestra conducta individual y social. Más aún, muchas veces descubrimos que los patrones tecnológicos y económicos exigen determinadas formas de cultura y pautas sociales para aplicarse exitosamente. Esto se relaciona con el nacimiento y establecimiento de nuevos paradigmas. Pero ¿quién asegura que estos nuevos paradigmas no sean opuestos a los del pasado y, en consecuencia, reemplacen los imaginarios preconcebidos? Frente a ello, las respuestas a estos nuevos modelos, por parte de los actores sociales, podrán y serán igualmente distintas.
Siguiendo a Jorge Larraín, dos son los aspectos que entrelazan modernidad y globalización: la creciente separación entre el espacio y el tiempo y el surgimiento de nuevas relaciones sociales. Ambas se fusionan y dan paso al fenómeno de mediatización de la cultura, principal agente de los cambios sociales, incluida la tendencia al individualismo (15) .
La pregunta fundamental del ensayo, si la democracia es realmente un régimen que pueda integrar de manera efectiva a la población y que, adicionalmente, sea capaz de entregarle la capacidad de generar sinergias que devuelvan la capacidad de crear imaginarios colectivos de los que se sientan parte integrada, determina que, más allá de cuestionar el sistema de gobierno, se puedan plantear algunas posibilidades de desarrollo con identidad.
4- Construcción de Sociedad Civil.
Ciertamente, tras una herencia de imaginarios sociales y de su continua pérdida valorativa, las tareas que enfrenta la democracia no son fáciles. La reconstrucción de valores identitarios colectivos va más allá de una necesidad moral, sino que constituye una forma de darle un reconocimiento y un nuevo valor a las capacidades comunitarias y hacerlas sostenibles en el tiempo. Las capacidades económicas por si solas están lejos de fundar una construcción temporalmente prolongada, dada la lógica del mercado.
Siguiendo nuevamente a Lechner, la formación de capital social en cualquiera de sus niveles, se une a los imaginarios que sostendrán, guiarán y harán posible esta articulación valórica de cooperación recíproca y confianzas sociales. Así entonces, al no existir una visión compartida del pasado y de la realidad actual, o ser ésta difusa y verse deteriorada por ciertos factores como los anteriormente descritos, la tarea para el sistema democrático se torna aún más compleja.
Escasos son los ejemplos de acciones colectivas desde la recuperación de la democracia. Más aún, en la opinión pública pareciera concebirse a la acción mancomunada de la sociedad como temporal, con espacios de desenvolvimiento muy reducidos, la mayoría de las veces obedeciendo a hechos coyunturales y ligado a expresiones de malestar derivado de la circunstancia específica. En cambio los intereses del mercado se ven sobre representados, pasando a ser el nuevo enemigo común, desde donde emerge el riesgo individual.
La caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 fue, tal vez, uno de los últimos momentos en que la sociedad se unía en la concretización de un sueño común y marcaba, a su vez, un hito en la historia de la humanidad. Hoy en día resulta casi impensado hablar de la realización de un Woodstock al aire libre, dado los niveles de temor e inseguridad (16) .
Pese a todo, los gobiernos democráticos tienen una oportunidad única frente a la ciudadanía, que a pesar de variados esfuerzos no han dado en el lugar común de la sociedad civil chilena. En parte, por lo que se expresa anteriormente sobre los valores de libre mercado a ultranza que se han dado durante los últimos 30 años y que han dejado progresivamente al individuo sujeto a los vaivenes de los procesos económicos. Esto redunda en la inexistencia de un valor por el Bien Común, que aún parece no comprenderse más allá de lo propio, lo privado, lo individual como parte de esta subjetividad heredada, autoimpuesta.
El traspaso cada vez más rápido de información pone en evidencia los daños que provocan estas corporaciones y que el Estado parece no tomar en cuenta, parece no poner atajo frente a estas situaciones, lo que va erosionando la relación con la Sociedad Civil.
Un ejemplo de esto lo constituye el problema generado a partir de la construcción de la empresa de Celulosa Arauco y Constitución en San José de la Mariquina, en donde el gobierno permite la instalación de una industria que deshecha elementos altamente tóxicos resultantes de los procesos de producción. Esto en medio del santuario de la biodiversidad en Valdivia, hábitat natural de los cisnes de cuello negro, además de ser un lugar de desarrollo económico local, debido al turismo existente en la zona.
Frente a ello, se levantó una fuerte acción ciudadana, la que incluyó entre otras cosas Cabildos de información y debate abiertos a la población y siendo la denominada Acción por los cisnes la organización más representativa. Pese, además, a que el gobierno deja a la empresa seguir en funcionamiento bajo las mismas condiciones, el grupo CELCO debe ceder ante la presión ejercida por una ciudadanía organizada y decide cerrar temporalmente la planta.
Esto no muestra la desconexión entre los distintos subsistemas, la competencia generada entre estos, quienes en el proceso lógico deben asegurar su reproducción. La sociedad civil, el Estado y el sector privado se ven divididos cada uno en su lógica, cada uno trabajando para su fin último.
La creación de capital social que pueda de alguna forma reproducir una identidad colectiva, un imaginario de construcción social como un todo, el Bien Común más allá del enemigo común parece difícil ante esta subjetividad individual emergente del chileno.
Si la Democracia parece ser el factor vinculante es una afirmación cuestionable desde el punto de vista de la subjetividad de los individuos y la sociedad hoy. Más allá de lograr la cohesión, en Chile se ha dado paso a la construcción de movimientos opositores de ciertas políticas adoptadas y de procesos económicos.
De las cuatro dimensiones descritas como posibles razones para la deconstrucción de la Sociedad Civil a partir de la Dictadura y también como causas históricas, esta nunca ha logrado un valor común que permita su reproducción con la misma potencia del mercado y que le permita, además permear a los otros subsistemas.
La Democracia por sí sola no puede lograr la tarea de construcción de esta idea colectiva, pero si aparece como un actor necesario para la mantención del sistema, en tanto el Estado pueda generar relaciones vinculantes a través de los espacios y normativas existentes y por hacer.
Hoy el Estado no ha logrado ser un organismo de conexión entre el sector público y la sociedad civil, incluso no ha sido capaz de generar este lugar común para todos, reproduciendo el individualismo ya generado.
Bibliografía.
Beck, Ulrich (1992) La Sociedad del Riesgo, Ed. Apócriphos, Buenos Aires, Argentina.
Bengoa, José (1996) “La exclusión”, en Persona y Sociedad, Nº 2.
Beriain, Josetxo (editor) (1996) Las consecuencias perversas de la modernidad, España.
INE (2004) Cómo ha cambiado la vida de los chilenos, Santiago de Chile.
Julio Pinto (editor) (2005), Cuando Hicimos Historia, la experiencia de la Unidad Popular, LOM, Santiago de Chile.
Larraín, Jorge (2001), Identidad Chilena, LOM, Santiago de Chile.
Larraín, Jorge (2005) ¿América latina Moderna? Globalización e Identidad, LOM, Santiago de Chile.
Lechner, Norbert, Estado y Sociedad en una perspectiva democrática, en www.desarrollohumano.cl
PNUD, Informes sobre Desarrollo Humano en Chile, años 2000 y 2002.
Salazar, Gabriel (2001) Capital Social y Políticas Públicas en Chile, Investigaciones recientes, CEPAL, Serie Políticas Sociales, Nº 55, Santiago de Chile.
(1) Beriain, Josetxo, Prólogo en Las consecuencias perversas de la modernidad, España, 1996.
(2) Lechner, Norbert, Estado y Sociedad en una perspectiva democrática, en www.desarrollohumano.cl
(3) Lechner, Op. Cit., p. 2
(4) PNUD, 2000, Op. Cit., p. 28.
(5) Bengoa, José: “La exclusión”, en Persona y Sociedad, Nº 2, 1996.
(6) Larraín, Jorge; Identidad Chilena, Santiago de Chile, LOM, 2001.
(7) PNUD, Informe Desarrollo Humano, 2000, p. 214-215.
(8) PNUD, Op. Cit., 2002, p. 69.
(9) En un contexto similar, Gabriel Salazar señala: "El tercer elemento que encontramos en la fase de subsidencia es, por tanto, el que se refiere a la constante reconstrucción de la identidad popular. Durante esa fase, cuando el sistema central ya no proporciona identidades o no genera los canales para que las identidades se constituyan dentro de las celdillas del sistema, los sectores populares tienden a construir por sí mismos, a pulso, ‘identidades expresivas’, marginales, que no deben confundirse con las identidades de tipo estructural". Citado en Capital Social y Políticas Públicas en Chile, investigaciones recientes, CEPAL, Serie Políticas Sociales, Nº 55, Santiago de Chile, 2001.
(10) PNUD, Op. Cit. p. 89.
(11) En general la mayoría de las labores que hoy se conciben como artesanales, y que antes eran concebidas como "empresas familiares", como por ejemplo, el caso de los luthieres.
(12) Cómo ha cambiado la vida de los chilenos, INE, 2004, p. 93.
(13) Misión SERCOTEC.
(14) Citado en Cuando Hicimos Historia, la experiencia de la Unidad Popular, Julio Pinto (editor), LOM, Santiago de Chile, 2005, p. 148.
(15) Larraín, Jorge: ¿América Latina Moderna? Globalización e Identidad, LOM, Santiago de Chile, 2005, p. 109-110.
(16) Según PNUD.
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