COLUMNA DE OPINIÓN. Pedro Güell, Equipo de Desarrollo Humano, PNUD Chile.
Revista ACUERDOS - Nº 27. Abril 2005. Publicación trimestral de Casa de la Paz, Santiago - Chile
Por una razón relativamente simple, hoy se requiere más sociedad civil que nunca antes. Pero por una razón algo más compleja, se requiere también de una sociedad civil distinta a la de antes.
Las sociedades actuales, Chile incluido, se están volviendo multicéntricas. Esto significa que las tareas e instituciones, y con ello el poder de la sociedad, se fragmentan en una cantidad de ámbitos y organizaciones específicas. Hoy no hay un centro único, como antes lo fue el Estado, donde ir a reclamar y defender los derechos. Las sociedades se vuelven más complejas y difíciles de manejar, pero también las personas se vuelven más vulnerables frente a los sistemas que organizan esa complejidad.
La forma de acción colectiva que surgió en períodos estadocéntricos se vuelve crecientemente ineficaz en períodos regidos por el mercado y la privatización de lo público. No basta levantar un programa de cambio general para la sociedad y canalizarlo a través del conducto privilegiado de la política para obtener los resultados esperados. Se requieren acciones especializadas en ámbitos diferenciados. Los consumidores pelearán por la calidad de los servicios mediante un programa específico y un tipo acción particular, diferente de aquellos que se organizan para defender el medioambiente o la ausencia de violencia sobre las mujeres. Tampoco las personas se identifican ya con un solo programa de sociedad ni con una única organización que los representa, lo cual debilita aún más a las organizaciones tradicionales.
Defender los derechos de las personas y de los grupos sociales requerirá crecientemente la formulación de muchos intereses diversos, sin que exista posibilidad de reducirlos a un único principio. Serán necesarias también muchas formas de acción y de organización distintas. Pero aún esta “especialización funcional” de la sociedad civil no será suficiente, pues el poder especializado de grupos sociales particulares será siempre inferior a la capacidad de coordinación de los sistemas regidos por la lógica del mercado.
Una sociedad civil funcionalmente diferenciada puede servir de balance a las tendencias centrífugas del mercado a condición de dar cuerpo a un proceso de construcción de un “interés social” mediante las formas y espacios de la comunicación pública. Se trata de una referencia colectiva de tipo discursivo que permite la coordinación de acciones inevitablemente diversas. Probablemente tal “interés social” contenga muchas contradicciones y no cierre nunca en un discurso estable, pero su fin no es definir la “verdad” de la sociedad, sino permitir la acción colectiva. Cierta idea compartida de la calidad de vida o de la salud o de la decencia podría permitir articulaciones puntuales entre organizaciones y formulaciones de discursos a acciones tan distintas como la defensa de derechos del consumidor, de la no violencia contra la mujer o del medioambiente.
Pero no es este precisamente el rostro de la sociedad civil en Chile. Como han mostrado sucesivos Informes de Desarrollo Humano en Chile, existe una asociatividad importante. Pero asociatividad no es sociedad civil, pues normalmente se trata de organizaciones con una orientación comunitaria generalizante y volcadas más bien hacia adentro. Ello se comprueba en el hecho de que las formas cuantitativamente más importantes y socialmente más visibles de la organización social son los clubes deportivos y los grupos de iglesia.
Incluso en aquellas organizaciones volcadas a la defensa de intereses específicos o de derechos ciudadanos de sus miembros, su articulación horizontal y vertical no alcanza a compensar la fuerza centrífuga de su especialización o de sus intereses corporativos. También es débil su participación en el espacio de deliberación pública representado en los medios de comunicación masivos.
Pero los estudios muestran también que están surgiendo organizaciones que responden a estas nuevas exigencias. Se trata de organizaciones especializadas temáticamente y profesionalizadas en su organización. Como el SIDARTE o el MOVILH o Un Techo para Chile, estas organizaciones están obteniendo triunfos importantes. Ello es un signo alentador. Pero para potenciar este movimiento y el poder social que representa se requiere, al mismo tiempo, avanzar paralelamente en el desarrollo de un espacio público y de una deliberación que construya un “interés social”. Solo ello sirve de antídoto a la inevitable dispersión que acarrea la especialización de las organizaciones de la sociedad civil. Más que una exigencia de la teoría, se trata de una necesidad para la acumulación de poder social, pues cuando hablamos de sociedad civil de eso se trata.
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Revista ACUERDOS - Nº 27. Abril 2005. Publicación trimestral de Casa de la Paz, Santiago - Chile
Por una razón relativamente simple, hoy se requiere más sociedad civil que nunca antes. Pero por una razón algo más compleja, se requiere también de una sociedad civil distinta a la de antes.
Las sociedades actuales, Chile incluido, se están volviendo multicéntricas. Esto significa que las tareas e instituciones, y con ello el poder de la sociedad, se fragmentan en una cantidad de ámbitos y organizaciones específicas. Hoy no hay un centro único, como antes lo fue el Estado, donde ir a reclamar y defender los derechos. Las sociedades se vuelven más complejas y difíciles de manejar, pero también las personas se vuelven más vulnerables frente a los sistemas que organizan esa complejidad.
La forma de acción colectiva que surgió en períodos estadocéntricos se vuelve crecientemente ineficaz en períodos regidos por el mercado y la privatización de lo público. No basta levantar un programa de cambio general para la sociedad y canalizarlo a través del conducto privilegiado de la política para obtener los resultados esperados. Se requieren acciones especializadas en ámbitos diferenciados. Los consumidores pelearán por la calidad de los servicios mediante un programa específico y un tipo acción particular, diferente de aquellos que se organizan para defender el medioambiente o la ausencia de violencia sobre las mujeres. Tampoco las personas se identifican ya con un solo programa de sociedad ni con una única organización que los representa, lo cual debilita aún más a las organizaciones tradicionales.
Defender los derechos de las personas y de los grupos sociales requerirá crecientemente la formulación de muchos intereses diversos, sin que exista posibilidad de reducirlos a un único principio. Serán necesarias también muchas formas de acción y de organización distintas. Pero aún esta “especialización funcional” de la sociedad civil no será suficiente, pues el poder especializado de grupos sociales particulares será siempre inferior a la capacidad de coordinación de los sistemas regidos por la lógica del mercado.
Una sociedad civil funcionalmente diferenciada puede servir de balance a las tendencias centrífugas del mercado a condición de dar cuerpo a un proceso de construcción de un “interés social” mediante las formas y espacios de la comunicación pública. Se trata de una referencia colectiva de tipo discursivo que permite la coordinación de acciones inevitablemente diversas. Probablemente tal “interés social” contenga muchas contradicciones y no cierre nunca en un discurso estable, pero su fin no es definir la “verdad” de la sociedad, sino permitir la acción colectiva. Cierta idea compartida de la calidad de vida o de la salud o de la decencia podría permitir articulaciones puntuales entre organizaciones y formulaciones de discursos a acciones tan distintas como la defensa de derechos del consumidor, de la no violencia contra la mujer o del medioambiente.
Pero no es este precisamente el rostro de la sociedad civil en Chile. Como han mostrado sucesivos Informes de Desarrollo Humano en Chile, existe una asociatividad importante. Pero asociatividad no es sociedad civil, pues normalmente se trata de organizaciones con una orientación comunitaria generalizante y volcadas más bien hacia adentro. Ello se comprueba en el hecho de que las formas cuantitativamente más importantes y socialmente más visibles de la organización social son los clubes deportivos y los grupos de iglesia.
Incluso en aquellas organizaciones volcadas a la defensa de intereses específicos o de derechos ciudadanos de sus miembros, su articulación horizontal y vertical no alcanza a compensar la fuerza centrífuga de su especialización o de sus intereses corporativos. También es débil su participación en el espacio de deliberación pública representado en los medios de comunicación masivos.
Pero los estudios muestran también que están surgiendo organizaciones que responden a estas nuevas exigencias. Se trata de organizaciones especializadas temáticamente y profesionalizadas en su organización. Como el SIDARTE o el MOVILH o Un Techo para Chile, estas organizaciones están obteniendo triunfos importantes. Ello es un signo alentador. Pero para potenciar este movimiento y el poder social que representa se requiere, al mismo tiempo, avanzar paralelamente en el desarrollo de un espacio público y de una deliberación que construya un “interés social”. Solo ello sirve de antídoto a la inevitable dispersión que acarrea la especialización de las organizaciones de la sociedad civil. Más que una exigencia de la teoría, se trata de una necesidad para la acumulación de poder social, pues cuando hablamos de sociedad civil de eso se trata.
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