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lunes, 14 de noviembre de 2005
La rebelión de las masas
Fuente: La Nación Domingo
fotos.miarroba.com


Cuando los partidos políticos se marchitan florecen los movimientos de personas corrientes. Hay de todo: vecinos olvidados por el poder que se oponen a una carretera, a los edificios de altura en su barrio, ciclistas furiosos que logran ciclovías, consumidores dispuestos a dejar de ser afilados, defensores del cerro, los cisnes y el bosque. Elija el suyo.

En una charla universitaria con estudiantes de Periodismo, Rodrigo Jordán, ex director general de Canal 13, dijo, en tono de arenga, algo así como que Internet era un elemento subversivo, una herramienta al servicio del ciudadano común, que a partir de una simple página podía expandir sus ideas y desafiar al poder. Los asistentes pensaron que Jordán, uno de los primeros chilenos en llegar a la cima del Everest, tenía su cabeza todavía en los Himalaya o que pretendía reconvertirse en un patrón de la contracultura luego de su fallida gestión como director del canal católico

Esto ocurrió en tiempos de abulia global. De la abulia que sobrevino a la desmovilización de las fuerzas sociales que espontáneas u organizadas contribuyeron a la caída de la dictadura. Patricio Lanfranco, veterano de asociaciones contra Pinochet y conocido activista de Ciudad Viva, una de las entidades ciudadanas más vigorosas de la capital, reconstruye así el panorama de los primeros años de Chile en democracia: “El 8 de marzo, Día de la Mujer, era una jornada en que todo el mundo salía a protestar durante la dictadura. El 90 llegaron 80 mil personas, el 91 se hizo una pequeña manifestación en el Parque Almagro y al año siguiente lo celebraron 10 personas al interior de La Moneda. En el ambiente había mucho miedo de lo que podía pasar y sin duda quedó un vacío entre los que esperábamos mayor participación”. Se refiere al clima medroso que reinaba en los comienzos de la transición.

LOS LOCOS DEL FAX

Al cabo de 15 años existen decenas de organizaciones civiles más o menos desarrolladas que se ocupan de distintos y diversos temas, que en este preciso instante se están intercambiando correos electrónicos en busca de una mitigación, un protocolo de acuerdo o una promesa que termine en la solución a sus demandas. Los vecinos de Lo Espejo, por ejemplo, lograron participar en el proyecto de plan regulador para su comuna y, aunque el trazado no tiene la aprobación del municipio, la decisión que más los irritaba -construir urbanizaciones con edificios en altura– fue postergada hasta nuevo aviso. La prueba de que el ciudadano ya no navega al garete.

A mediados de los ’90, los vecinos de Bellavista escucharon como rumor que a su barrio le habían rebautizado: “Bellabestia”. Dentro de las seis propuestas que hubo para construir la Costanera Norte, el más nocivo para ellos era uno que entraba por Pedro de Valdivia, en un túnel que hacía un giro casi de 90 grados debajo del cerro San Cristóbal, se iba por debajo de la calle Constitución y emergía en calle Bellavista: “No vamos a dejar que un grupo de personas con fax y mail impidan una transformación crucial en el país”, dijo el entonces ministro de Obras Públicas, Ricardo Lagos, cuando le preguntaron por las personas que formaban la Coordinadora No a la Costanera Norte. Tiempo después, el actual Presidente de la República -o sea, la misma persona- citaría en una entrevista a Ciudad Viva, organización de la que ese grupo fue germen, como ejemplo de participación ciudadana en tiempos de crisis para los partidos políticos.

Todos Mandan

“En las reuniones de participación ciudadana nos fuimos organizando hasta que se armó esta Coordinadora No a la Costanera Norte, que en su momento de gloria tuvo más de 25 organizaciones de base”, dice Lanfranco. Como un ejemplo de transversalidad social, la organización se nutrió de distintas visiones e intereses. Lanfranco recuerda que “el interés mayoritario de Pedro de Valdivia Norte era defender su espacio vital; en el caso de Bellavista, era defender el patrimonio arquitectónico, había muchas casas que se iban a venir abajo. En el caso de los mercados, advertimos de lo que está pasando ahora: las ventas en el mercado Tirso de Molina han bajado un 80% porque le pusieron la costanera al medio”.

La coordinadora buscaba convencer a la opinión pública de que era necesario privilegiar el transporte público. En ese sentido, lograron que todos los candidatos en la elección presidencial de 1999 incluyeran el tema en sus programas de gobierno, lo que desembocó en el Plan Transantiago. Cuando decidieron construir la autopista, el movimiento estaba agotado, no tenía fuerzas ni recursos. “Pero en seis años nos hicimos amigos”, dice Lanfranco. Nunca hubo una relación jerárquica; en las asambleas, todos tenían derecho a voz y voto. Decidieron inventarse de cero y ahora se llaman Ciudad Viva. Promueven iniciativas para hacer la ciudad un lugar más amable donde vivir. Han materializado proyectos con financiamiento del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), del Banco Mundial y del Fondo de las Américas. Hoy tienen un directorio de nueve personas y una asamblea de 25 a 30.

PEDALISTAS FURIOSOS

César Garrido era alumno del Liceo Alberto Widmer de Maipú cuando a principios de los ’90 se hizo fiel lector de las cartas con crítica social que un grupo de personas firmaba como Ciclistas en el diario “La Época”. No era el único. Todos los que empezaron a juntarse frente al campus oriente de la Católica tenían intereses distintos, incluso frente al uso de la bicicleta, su afición en común. “Éramos 10 personas con 12 ó 15 motivaciones distintas. Había gente que lo hacía por dinero, porque lo consideraba un derecho básico, por salud, por deporte, por el medio ambiente”, cuenta.

No era un grupo que simplemente criticara y protestara, sino que elaboró una propuesta y la llevó adelante. El gran triunfo de los Ciclistas Furiosos, como se llaman ahora, fue que el Gobierno los invitara a trabajar para construir la ciclovía que recorre la Alameda. “Independientemente de que la ciclovía tenga algunos detalles que corregir, pusimos el tema de la bicicleta en la agenda, tanto que el Gobierno se entusiasmó e hizo la de Pajaritos”, dice Garrido. Los Ciclistas Furiosos, con el apoyo de Ciudad Viva, ganaron un fondo concursable del Banco Mundial para fomentar el uso de la bicicleta durante los próximos tres años. Además, el asunto del transporte en bicicleta ocupa el tiempo de urbanistas y arquitectos, como los que asistieron al seminario sobre la bicicleta organizado hace una semana.

Un asunto que suele pasar inadvertido es el financiamiento de las organizaciones ciudadanas. Los gestores prefieren hablar puntualmente de “recursos”, que no se traducen necesariamente en dinero. Ciudad Viva se mantuvo en un comienzo gracias al voluntariado. Personas que ponían su capacidad profesional al servicio de la organización. Ahora buscan implementar unidades de negocio que les permitan autofinanciarse, además de los fondos concursables; por ejemplo, el que les concedió el Fondo de las Américas para implementar el reciclaje de la basura orgánica en los mercados de alimentos.

CONSUMIDORES EN ACCIÓN

Los voluntarios fueron el motor de la Organización de Consumidores (Odecu), formada hace 10 años a partir de pequeñas agrupaciones similares en Santiago y regiones. Hace dos años trabajaron en la elaboración de la Ley del Consumidor, que contempla por primera vez las demandas de acción colectiva, instancia legal muy común en los países desarrollados, a través de la cual un grupo de consumidores se une para litigar en contra de empresas que ejerzan prácticas abusivas.

Hoy, los vecinos de la Villa La Labranza de Temuco iniciaron una demanda contra el Serviu por la mala calidad de sus casas y un grupo de ahorrantes hace lo mismo con BancoEstado por lo que consideran el cobro excesivo de intereses. Odecu ha desplegado una fiera estrategia para aprobar las restricciones al consumo del tabaco y se dedica además a investigar la composición de los alimentos disponibles en el mercado, estudios que publicarán mensualmente.

“Nuestra meta ahora es poner el tema de los alimentos transgénicos y orientar a los consumidores para que participen en los procesos de fijación tarifaria en los servicios”, dice Stefan Larenas, presidente de la organización, destacando otra facultad que otorga la nueva ley. Odecu está inspirada en los cobros sospechosos en los servicios públicos, como el “ajuste sencillo”. Desde el año pasado tienen personal de planta, gracias al financiamiento de Avina, una fundación suiza que se dedica a patrocinar proyectos de desarrollo en países pobres.

Las organizaciones ciudadanas le deben su popularidad y eficacia a Internet. Los grandes soportes de Odecu, los Ciclistas Furiosos y Ciudad Viva están en sus páginas web. Otro ejemplo paradigmático de agitación ciudadana a través de la red ha sido el trabajo de Acción por los Cisnes, que se preocupa del humedal en el río Cruces.

DEMOCRACIA DIGITAL

El acceso a la red acorta la distancia entre ricos y pobres y, sobre todo, eleva la autoestima de los más postergados. Con esa convicción, en 1995 aparece CDI (Comité de Democratización Informática), creado en Brasil -la meca de las ONG adonde peregrinan anualmente los asistentes al Foro Social- para ayudar a la gente de las favelas. A Chile, esta experiencia, que busca implementar escuelas de informática y ciudadanía, llegó en 2001. A base de voluntariado, donaciones y asociación con estructuras comunales ya establecidas, CDI instala computadores en distintos lugares donde “usamos la informática como herramienta de desarrollo comunitario”, dice Eugenio Vergara, uno de los responsables de la iniciativa en Chile. Hasta ahora han instalado escuelas en la Pérgola Santa María y el Mercado Central, donde los comerciantes aprenden a usar un computador en función de su negocio. Además, en el Liceo de Peralillo y Yumbel enseñan educación cívica y nociones para abordar temas como la droga o la violencia intrafamiliar. Las escuelas funcionan un año a cargo del CDI y luego pasan a la comunidad.

Con los referentes ciudadanos cada vez más emergentes, se podría pensar en una nueva forma de representación política más poderosa y eficaz. Para César Garrido, de Ciclistas Furiosos, este proceso de consolidación ciudadana se topa con una limitación fundamental: “A pesar de que nuestros movimientos han crecido un montón, no necesariamente se ha traducido en que tengan más fuerza. Son agrupaciones masivas, pero en la práctica los núcleos duros siguen siendo los mismos. Lamentablemente, en muchos lugares se replican las luchas de poder que hay en los partidos políticos, donde hay gente que quiere figurar y se pierde un poco el objetivo”. LND

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