Artes y Letras, El Mercurio. Domingo 13 de noviembre de 2005
CUADERNOS BICENTENARIO. "Reencantando Chile Voces populares":
Ciudadanos y sobrevivientes. Óscar Contardo

Sonia Montecino sostiene que a juzgar por los relatos la concepción moderna de autoridad ha permeado muy poco en el mundo popular.
La fiesta tiene que ser con todos, incluso con quienes no tienen un recuerdo muy dulce de la patria. Con 53 relatos de vida compilados por la antropóloga Sonia Montecino, la celebración del Bicentenario espera no ser sólo una escenografía para la foto de familia.
La portada de "Reencantando Chile. Voces Populares" es una escenografía artesanal. Un telón de fondo idílico de esos que antiguamente usaban los fotógrafos de las plazas y ferias para amononarle el entorno al retratado ocasional. Una escenografía ingenua como un sueño de algo mejor, con colores más vivos y cielo más azulado. Después de leer las historias de "Voces populares", esa portada funciona como una sutil ironía. Se lee como una manera de mejorar la cara dentro de lo posible, porque la realidad es harto más dura.
La compilación de historias de vida a cargo de la antropóloga Sonia Montecino y que forma parte de la colección "Cuadernos Bicentenario" registra las vidas de un grupo de chilenos que tienen como único rasgo en común el ser dirigentes o líderes naturales de sus comunidades que representan al mundo popular. Como Montecino lo anota en la introducción, gran parte de los personajes tienen algo de resilientes, para usar un término contemporáneo, "capaces de sobrevivir a las condiciones adversas 'majando las costras'".
El pueblo que en la celebración del centenario fue invisible para los registros oficiales ahora aparece contando sus biografías en un trabajo que sirve de testimonio de vidas (y sobrevidas) de norte a sur. "Un gesto de recuperación de la memoria social", como anota la compiladora.
-¿Hay antecedentes de registros parecidos en América Latina?
"Yo no conozco trabajos similares de otros países, por lo menos de lo que veo y he leído. Están, por supuesto, las propias biografias indígenas, en donde se ven historias dramáticas y dolorosas, pero lo interesante es que aquí hemos ido más allá del mundo indígena y hemos tomado el mundo obrero y campesino. Escuchando estas historias nos damos cuenta de que la pobreza es vivida de una manera dramática, que nosotros no alcanzamos a comprender porque lo que conocemos de ella son más bien las cifras; tenemos una construccion de la pobreza a través de datos: si tienen o no piso de tierra, o techo de zinc, televisión, etc. Pero eso no es nada. Cuando te enfrentas a los relatos de vida ya no es un tema de cantidad, sino una de cualidad. Pienso que la singularidad de este país es que nosotros tenemos una manera de encarar el drama donde al final se le toma con una ironía que a uno como oyente le parece increíble... en muchas de las entrevistas después de contar historias terribles la gente termina bromeando. Hay un relato de una cultura chilena en la que el drama se echa al hombro".
-¿Qué cambios a nivel político y social macro aparece como más relevante para la mayor parte de los entrevistados?
"La marca que aparece más fuerte es la marca del golpe. Los mayores tienen ciertos recuerdo de lo que fue la dictadura de Ibáñez, sobre todo los que tenian padres comunistas o estaban relacionados con la izquierda, pero lo que aparece para todas las edades como una cosa más dramática es el golpe. Es un antes y un después. Hay otro tipo de cambio, como el de la historia de Delfina Aguilera, que recuerda cómo trasladaba sus gredas en la cabeza; en eso hay un cambio tecnológico que es algo muy relevante. Está el peso que tiene la luz eléctrica y la televisión".
-¿Existe algún elemento que transversalmente funcione como símbolo de estas historias?
"Diría que una cuestión clave para Chile es la simbólica del zapato. En el imaginario de la pobreza va a ser fundamental recuerdo de la pobreza y la superación de la misma . Lo es porque justamenete la pobreza se medía por ser un patipelado. En las historias se repite como hito de superación el dejar de ser patipelado en frases como "cuando yo subí un poco pude comprarles zapatos a mis hijos", o muchos dicen: "mis nietos nacieron con zapatos. Efectivamente, en la diferencia entre tener o no tener zapatos estaba el ser y no ser ciudadano".
-¿Qué sentido cobra el tema de la distribución del ingreso, tan de moda, con trabajos como éste?
"Cobra muchísimo sentido. Por dos razones: todo lo que tiene esta gente lo han logrado con muchísimo esfuerzo. Nada les ha resultado fácil; sin embargo, su progreso es mínimo en relacion con otros estratos. Quienes cuentan sus historias reflexionan sobre la desigualdad y la discriminación desde sus propias vidas, para ellos no es un eslogan. Algunos cuentan con orgullo que sus hijos estan en la universidad y dicen que saben que las personas con mayores ingresos no tuvieron que hacer los sacrificios que ellos hacen. Si uno quiere leer, las desigualdades estan ahí. No hay necesidad de hacer teorías. La gente la vive y la siente. En ese sentido, es muy importante. Con estos testimonios uno puede analizar las historias del impacto de las políticas públicas sobre la gente. Ahí te das cuenta de que muchas veces las políticas públicas queriendo transformar la pobreza lo que hacen es profundizarla".
-¿Cómo es la relación con la autoridad y con el Estado?
"No ha permeado una autoridad moderna y de individuación. Pese a que mucha gente dice que no hay que pedirle todo al Estado, que la comunidad por sus propios medios lo puede lograr, yo diría que la gran mayoría sigue entendiendo al Estado como benefactor".
"Es muy fuerte la percepción de la figura del Presidente como el padre, como un referente. De alguna manera, la gente genera comunidades de grupos, pero hay un corte, hay un punto en el que la gente no puede llegar más allá con sus demandas, un lugar más allá del límite que marcan los formularios de proyectos. Es como la democracia del proyecto. Ellos se sienten participando de una democracia, pero a través de un formulario que se debe rellenar para postular. Todo se postular".
VIDAS MÍNIMAS
La antropóloga y profesora de la Universidad de Chile Loreto Rebolledo explica que la recopilación de relatos de vida del mundo popular como veta de estudios en investigación social en Chile comenzó a tomar fuerza en los 80, particularmente en el ámbito de las mujeres y los indígenas."Anteriormente, en algunos países como Perú y Cuba se habían trabajado historias de vida de personajes que cobraban importancia en términos de la actividad que realizaron. Está el caso de Erasmo en el Valle de Chancay, en Perú, y registros similares en Cuba"
En Chile esto parte con los relatos delas mujeres y pobladores siempre rescatando historias locales.
ABRAHAM LILLO
"Mi papá fue un artista de circo de todo corazón, pero no provenía de una familia circense. Mi padre nació en Sierra Gorda, entre Antofagasta y Calama (...) Él vendía diarios y lustraba zapatos en la calle, se juntaba con mucha gente del centro: de la bohemia, de la política y de la radio. Cuando el sindicato de suplementeros hacía fiestas lo llevaban a él como jovencito para que hiciera sus monólogos simpáticos. Ahí lo vio don Manuel Sánchez y le ofreció ser payaso. Comenzó sin ningua escuela más que lo que veía y escuchaba, se llamaba el Tony Machuquita. (...) En ese entonces estaba de moda el dulce de caluga, lo vendían en los tranvías y en las góndolas gritando: "¡La caluga a peso, la caluga a peso!". Entonces le dijo a don Enrique: "Se acabó el Tony Machuquita, ahora me llamo Caluga".
JOSÉ GÓMEZ
" (...)Pero mi madre me sacó del colegio para que fuera a trabajar, así que tuvimos que rechazar la beca. Desde ese momento, la situación se me hizo más difícil. Tenía que andar descalzo porque no teníamos plata".
"Recién a la edad de quince años vine a conocer los zapatos. En ese tiempo tenía que vender pan amasado con mi mamá. Ella hacía pan de mina, que le llamaban. Era distinto al de panadería y se cocía en barro. Ese pan lo usaban los mineros. Le echaban queso y mantequilla. Además lavaba ropa ajena".
MARÍA ELENA PIZARRO
"Nuestra infancia fue prácticamente ayudar a mi mamá. No salíamos a los juegos y muy rara vez nos llevaban al cine. Íbamos al Teatro Nacional, que estaba en la calle Independencia (...). Los inviernos eran aun más duros. A veces no teníamos plata y no podíamos tomarnos una taza de té o comer un pedazo de pan. Nos quedábamos mirando a ver si conseguíamos algo. Cuando se ponía a llover no teníamos cómo calentarnos, entonces mi mamá iba a la barraca "Campos mundo", a pedir aserrín. Lo apretábamos bien, le hacíamos un hoyo y lo usábamos para calefaccionar la casa".
DELFINA AGUILERA
"Para mí la greda fue una salvación. A los dieciocho años había aprendido a ir a Cauquenes para vender, así que allá la comercializábamos. Cuando mis niños eran chicos, llegaban a encargarnos loza y nosotros íbamos los viernes a entregarla. Junto a los niños nos alojábamos en Cauquenes, en un pasillo de la casa donde nos recibían.(...)Todas las semanas caminábamos como quince kilómetros desde la casa para llegar a Cauquenes, no había vehículos en ese tiempo para llegar allá. Como no teníamos animales ni nada, yo tenía que llevar la carga en la cabeza".






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CUADERNOS BICENTENARIO. "Reencantando Chile Voces populares":
Ciudadanos y sobrevivientes. Óscar Contardo

Sonia Montecino sostiene que a juzgar por los relatos la concepción moderna de autoridad ha permeado muy poco en el mundo popular.
La fiesta tiene que ser con todos, incluso con quienes no tienen un recuerdo muy dulce de la patria. Con 53 relatos de vida compilados por la antropóloga Sonia Montecino, la celebración del Bicentenario espera no ser sólo una escenografía para la foto de familia.
La portada de "Reencantando Chile. Voces Populares" es una escenografía artesanal. Un telón de fondo idílico de esos que antiguamente usaban los fotógrafos de las plazas y ferias para amononarle el entorno al retratado ocasional. Una escenografía ingenua como un sueño de algo mejor, con colores más vivos y cielo más azulado. Después de leer las historias de "Voces populares", esa portada funciona como una sutil ironía. Se lee como una manera de mejorar la cara dentro de lo posible, porque la realidad es harto más dura.
La compilación de historias de vida a cargo de la antropóloga Sonia Montecino y que forma parte de la colección "Cuadernos Bicentenario" registra las vidas de un grupo de chilenos que tienen como único rasgo en común el ser dirigentes o líderes naturales de sus comunidades que representan al mundo popular. Como Montecino lo anota en la introducción, gran parte de los personajes tienen algo de resilientes, para usar un término contemporáneo, "capaces de sobrevivir a las condiciones adversas 'majando las costras'".
El pueblo que en la celebración del centenario fue invisible para los registros oficiales ahora aparece contando sus biografías en un trabajo que sirve de testimonio de vidas (y sobrevidas) de norte a sur. "Un gesto de recuperación de la memoria social", como anota la compiladora.
-¿Hay antecedentes de registros parecidos en América Latina?
"Yo no conozco trabajos similares de otros países, por lo menos de lo que veo y he leído. Están, por supuesto, las propias biografias indígenas, en donde se ven historias dramáticas y dolorosas, pero lo interesante es que aquí hemos ido más allá del mundo indígena y hemos tomado el mundo obrero y campesino. Escuchando estas historias nos damos cuenta de que la pobreza es vivida de una manera dramática, que nosotros no alcanzamos a comprender porque lo que conocemos de ella son más bien las cifras; tenemos una construccion de la pobreza a través de datos: si tienen o no piso de tierra, o techo de zinc, televisión, etc. Pero eso no es nada. Cuando te enfrentas a los relatos de vida ya no es un tema de cantidad, sino una de cualidad. Pienso que la singularidad de este país es que nosotros tenemos una manera de encarar el drama donde al final se le toma con una ironía que a uno como oyente le parece increíble... en muchas de las entrevistas después de contar historias terribles la gente termina bromeando. Hay un relato de una cultura chilena en la que el drama se echa al hombro".
-¿Qué cambios a nivel político y social macro aparece como más relevante para la mayor parte de los entrevistados?
"La marca que aparece más fuerte es la marca del golpe. Los mayores tienen ciertos recuerdo de lo que fue la dictadura de Ibáñez, sobre todo los que tenian padres comunistas o estaban relacionados con la izquierda, pero lo que aparece para todas las edades como una cosa más dramática es el golpe. Es un antes y un después. Hay otro tipo de cambio, como el de la historia de Delfina Aguilera, que recuerda cómo trasladaba sus gredas en la cabeza; en eso hay un cambio tecnológico que es algo muy relevante. Está el peso que tiene la luz eléctrica y la televisión".
-¿Existe algún elemento que transversalmente funcione como símbolo de estas historias?
"Diría que una cuestión clave para Chile es la simbólica del zapato. En el imaginario de la pobreza va a ser fundamental recuerdo de la pobreza y la superación de la misma . Lo es porque justamenete la pobreza se medía por ser un patipelado. En las historias se repite como hito de superación el dejar de ser patipelado en frases como "cuando yo subí un poco pude comprarles zapatos a mis hijos", o muchos dicen: "mis nietos nacieron con zapatos. Efectivamente, en la diferencia entre tener o no tener zapatos estaba el ser y no ser ciudadano".
-¿Qué sentido cobra el tema de la distribución del ingreso, tan de moda, con trabajos como éste?
"Cobra muchísimo sentido. Por dos razones: todo lo que tiene esta gente lo han logrado con muchísimo esfuerzo. Nada les ha resultado fácil; sin embargo, su progreso es mínimo en relacion con otros estratos. Quienes cuentan sus historias reflexionan sobre la desigualdad y la discriminación desde sus propias vidas, para ellos no es un eslogan. Algunos cuentan con orgullo que sus hijos estan en la universidad y dicen que saben que las personas con mayores ingresos no tuvieron que hacer los sacrificios que ellos hacen. Si uno quiere leer, las desigualdades estan ahí. No hay necesidad de hacer teorías. La gente la vive y la siente. En ese sentido, es muy importante. Con estos testimonios uno puede analizar las historias del impacto de las políticas públicas sobre la gente. Ahí te das cuenta de que muchas veces las políticas públicas queriendo transformar la pobreza lo que hacen es profundizarla".
-¿Cómo es la relación con la autoridad y con el Estado?
"No ha permeado una autoridad moderna y de individuación. Pese a que mucha gente dice que no hay que pedirle todo al Estado, que la comunidad por sus propios medios lo puede lograr, yo diría que la gran mayoría sigue entendiendo al Estado como benefactor".
"Es muy fuerte la percepción de la figura del Presidente como el padre, como un referente. De alguna manera, la gente genera comunidades de grupos, pero hay un corte, hay un punto en el que la gente no puede llegar más allá con sus demandas, un lugar más allá del límite que marcan los formularios de proyectos. Es como la democracia del proyecto. Ellos se sienten participando de una democracia, pero a través de un formulario que se debe rellenar para postular. Todo se postular".
VIDAS MÍNIMAS
La antropóloga y profesora de la Universidad de Chile Loreto Rebolledo explica que la recopilación de relatos de vida del mundo popular como veta de estudios en investigación social en Chile comenzó a tomar fuerza en los 80, particularmente en el ámbito de las mujeres y los indígenas."Anteriormente, en algunos países como Perú y Cuba se habían trabajado historias de vida de personajes que cobraban importancia en términos de la actividad que realizaron. Está el caso de Erasmo en el Valle de Chancay, en Perú, y registros similares en Cuba"
En Chile esto parte con los relatos delas mujeres y pobladores siempre rescatando historias locales.
ABRAHAM LILLO
"Mi papá fue un artista de circo de todo corazón, pero no provenía de una familia circense. Mi padre nació en Sierra Gorda, entre Antofagasta y Calama (...) Él vendía diarios y lustraba zapatos en la calle, se juntaba con mucha gente del centro: de la bohemia, de la política y de la radio. Cuando el sindicato de suplementeros hacía fiestas lo llevaban a él como jovencito para que hiciera sus monólogos simpáticos. Ahí lo vio don Manuel Sánchez y le ofreció ser payaso. Comenzó sin ningua escuela más que lo que veía y escuchaba, se llamaba el Tony Machuquita. (...) En ese entonces estaba de moda el dulce de caluga, lo vendían en los tranvías y en las góndolas gritando: "¡La caluga a peso, la caluga a peso!". Entonces le dijo a don Enrique: "Se acabó el Tony Machuquita, ahora me llamo Caluga".
JOSÉ GÓMEZ
" (...)Pero mi madre me sacó del colegio para que fuera a trabajar, así que tuvimos que rechazar la beca. Desde ese momento, la situación se me hizo más difícil. Tenía que andar descalzo porque no teníamos plata".
"Recién a la edad de quince años vine a conocer los zapatos. En ese tiempo tenía que vender pan amasado con mi mamá. Ella hacía pan de mina, que le llamaban. Era distinto al de panadería y se cocía en barro. Ese pan lo usaban los mineros. Le echaban queso y mantequilla. Además lavaba ropa ajena".
MARÍA ELENA PIZARRO
"Nuestra infancia fue prácticamente ayudar a mi mamá. No salíamos a los juegos y muy rara vez nos llevaban al cine. Íbamos al Teatro Nacional, que estaba en la calle Independencia (...). Los inviernos eran aun más duros. A veces no teníamos plata y no podíamos tomarnos una taza de té o comer un pedazo de pan. Nos quedábamos mirando a ver si conseguíamos algo. Cuando se ponía a llover no teníamos cómo calentarnos, entonces mi mamá iba a la barraca "Campos mundo", a pedir aserrín. Lo apretábamos bien, le hacíamos un hoyo y lo usábamos para calefaccionar la casa".
DELFINA AGUILERA
"Para mí la greda fue una salvación. A los dieciocho años había aprendido a ir a Cauquenes para vender, así que allá la comercializábamos. Cuando mis niños eran chicos, llegaban a encargarnos loza y nosotros íbamos los viernes a entregarla. Junto a los niños nos alojábamos en Cauquenes, en un pasillo de la casa donde nos recibían.(...)Todas las semanas caminábamos como quince kilómetros desde la casa para llegar a Cauquenes, no había vehículos en ese tiempo para llegar allá. Como no teníamos animales ni nada, yo tenía que llevar la carga en la cabeza".






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