¿Por qué ha ardido Francia?. Alfred Stepan y Ezra Suleiman
El mercurio. Martes 15 de noviembre de 2005
ALFRED STEPAN, EZRA SULEIMAN
El país ha fracasado en la integración de los ciudadanos pertenecientes a minorías, muchos de ellos inmigrantes de tercera generación.
Los disturbios urbanos en Francia han sido considerados por muchos como los más graves desde las protestas de estudiantes y trabajadores de 1968, pero esta analogía se puede prestar a confusión. Mientras que las protestas de 1968 desafiaron el modelo republicano francés a que hiciera realidad sus más altas aspiraciones, la crisis de hoy desafía el modelo mismo de ciudadanía e integración surgido de la Revolución Francesa.
Francia ha fracasado en la integración de los ciudadanos pertenecientes a minorías, muchos de ellos inmigrantes de tercera generación que han sido educados durante veinte años en escuelas públicas que tienen el mandato de asimilarlos. Sin embargo, pocos líderes políticos aceptan que la crisis tenga algo que ver con el modelo francés de ciudadanía. De hecho, esperan confiados que la asimilación se produzca, pero con el panorama actual de alto desempleo, baja creación de trabajos y una Francia ya multicultural, la asimilación no ocurrirá sin que antes haya cambios.
Sólo ahora Francia está comenzando a enfrentar la crisis del modelo republicano de ciudadanía igualitaria. El Ministerio de Cohesión Social, creado recientemente, ha comenzado a encargar estudios que documenten la discriminación. Un estudio mostró que, para solicitantes de empleo con similares calificaciones, los que tenían un nombre que sonara islámico y una dirección en un suburbio segmentado étnicamente tenían sólo un quinto de probabilidades de obtener una entrevista, frente a las personas con un nombre "francés" y una dirección "segura".
Afortunadamente, hasta el momento los líderes musulmanes organizados no han agravado los disturbios. Por supuesto, no ha ayudado mucho la medida del gobierno de reducir los patrullajes policiales comunitarios a favor de fuerzas paramilitares estacionadas en barracas casi militares, ni la descripción del ministro del Interior de los jóvenes agitadores como "escoria".
El modelo republicano francés consagra los encomiables principios abstractos de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Sin embargo, en tanto se enseñe a los ciudadanos de minorías de segunda y tercera generación que la única identidad cultural es la francesa, pero en los hechos no se les acepte como franceses y se les impida disfrutar de los derechos plenos de la ciudadanía francesa, el modelo francés alimentará la marginación en lugar de la integración democrática.
* Stepan es profesor de gobierno en Columbia. Suleiman es director de Estudios Europeos en Princeton. © Proyect Syndicate/Institute for Human Sciences
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ALFRED STEPAN, EZRA SULEIMAN
El país ha fracasado en la integración de los ciudadanos pertenecientes a minorías, muchos de ellos inmigrantes de tercera generación.
Los disturbios urbanos en Francia han sido considerados por muchos como los más graves desde las protestas de estudiantes y trabajadores de 1968, pero esta analogía se puede prestar a confusión. Mientras que las protestas de 1968 desafiaron el modelo republicano francés a que hiciera realidad sus más altas aspiraciones, la crisis de hoy desafía el modelo mismo de ciudadanía e integración surgido de la Revolución Francesa.
Francia ha fracasado en la integración de los ciudadanos pertenecientes a minorías, muchos de ellos inmigrantes de tercera generación que han sido educados durante veinte años en escuelas públicas que tienen el mandato de asimilarlos. Sin embargo, pocos líderes políticos aceptan que la crisis tenga algo que ver con el modelo francés de ciudadanía. De hecho, esperan confiados que la asimilación se produzca, pero con el panorama actual de alto desempleo, baja creación de trabajos y una Francia ya multicultural, la asimilación no ocurrirá sin que antes haya cambios.
Sólo ahora Francia está comenzando a enfrentar la crisis del modelo republicano de ciudadanía igualitaria. El Ministerio de Cohesión Social, creado recientemente, ha comenzado a encargar estudios que documenten la discriminación. Un estudio mostró que, para solicitantes de empleo con similares calificaciones, los que tenían un nombre que sonara islámico y una dirección en un suburbio segmentado étnicamente tenían sólo un quinto de probabilidades de obtener una entrevista, frente a las personas con un nombre "francés" y una dirección "segura".
Afortunadamente, hasta el momento los líderes musulmanes organizados no han agravado los disturbios. Por supuesto, no ha ayudado mucho la medida del gobierno de reducir los patrullajes policiales comunitarios a favor de fuerzas paramilitares estacionadas en barracas casi militares, ni la descripción del ministro del Interior de los jóvenes agitadores como "escoria".
El modelo republicano francés consagra los encomiables principios abstractos de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Sin embargo, en tanto se enseñe a los ciudadanos de minorías de segunda y tercera generación que la única identidad cultural es la francesa, pero en los hechos no se les acepte como franceses y se les impida disfrutar de los derechos plenos de la ciudadanía francesa, el modelo francés alimentará la marginación en lugar de la integración democrática.
* Stepan es profesor de gobierno en Columbia. Suleiman es director de Estudios Europeos en Princeton. © Proyect Syndicate/Institute for Human Sciences
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