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viernes, 18 de noviembre de 2005
OBSERVATORIO CIUDADANO. Los chilenos no creen en la participación
Andrea Sanhueza,Directora ejecutiva de Participa
Fuente: Opinión, La Nación, 181105

Este esfuerzo requiere de tres aspectos fundamentales: una voluntad política, un cambio cultural del aparato público y de los chilenos en general y la creación de espacios de debate ciudadano.

Recientemente, Participa, integrante de la Red Interamericana para la Democracia, entregó los resultados en Chile del Índice de Participación Ciudadana 2005. Este indicador también fue aplicado en otros siete países de las Américas y da cuenta de los ámbitos en los cuales las personas participan y cuáles son sus principales razones y motivaciones para involucrarse en actividades sociales, culturales, deportivas, políticas. Los resultados chilenos en comparación con los otros países resultan sorprendentes y preocupantes.

Esta es la situación: Chile ocupa el cuarto lugar entre los países medidos. Nuestro país alcanza 4,5 puntos sobre diez posibles, colocándose en el mismo nivel de Perú y Bolivia, pero por debajo de Brasil (5,1), República Dominicana (4,7) y México (4,8), y apenas por encima de Argentina (4,3) y Costa Rica (3,9). Chile presenta el porcentaje más alto de participación (18,4%) en actividades de voluntariado, donde colaboran preferentemente jóvenes de nivel socioeconómico alto.

Chile presenta el porcentaje más bajo de participación política. Respecto de este resultado quiero enfatizar tres datos: sólo 2% de los mil encuestados participa en el ámbito político. Corresponde, principalmente, a mujeres entre 39 y 45 años de nivel socieconómico alto; al preguntar sobre el interés en actividades de democracia semidirecta, el país destaca en un extremo poco utilizado junto con Argentina. Sólo 40% quisiera ocupar la iniciativa popular de ley, y 45,7% se involucraría en las vida de los partidos políticos y la selección de sus candidatos a través de las denominadas internas abiertas en sus diversas modalidades, 33,6% participaría en las audiencias para discutir asuntos públicos y 38% en la elaboración de presupuestos locales; de los ocho países encuestados, los jóvenes chilenos se destacan por su considerable baja actuación electoral. En 2005 sólo 62,7% participa. En segundo lugar está Costa Rica con 86,4%, país que lo sigue en baja participación electoral de los jóvenes, lo cual refleja una desconfianza creciente en los mecanismos electorales como medio efectivo de expresión de demandas ciudadanas por parte de este grupo.

Al intentar explicar el por qué de esta situación, encontramos una respuesta al ver cómo los chilenos definen el sentido y el para qué de la participación. En Chile es entendida como involucrarse, interesarse (49%), ayudar y colaborar (39,2%), e integrarse a un grupo (24,6%). Ello en contraste con la respuesta “buscar soluciones” frente a la cual Chile marca 3,1 %, sólo superado por Brasil. Lo mismo se observa en las motivaciones para participar. Las principales razones para esto son por vocación, me gusta, soy solidario (35,4%) y ayudar, colaborar, comprometerme (30,5%).

Es claro que a nuestra democracia le faltan ciudadanos que se interesen e involucren en los asuntos que tienen que ver con nuestra vida en sociedad. A partir de la pregunta de ¿qué hacer?, podemos establecer que hay dos grandes caminos: realizar una adecuada difusión y formación de los derechos ciudadanos; e implementar una institucionalidad que promueva y respete la participación ciudadana en la gestión pública sólo se debe entender como la posibilidad de ser escuchado en forma directa por la autoridad pública en el ámbito de las decisiones relevantes, sino que se trata de poder contar con los canales institucionales que permitan ejercer la labor de control ciudadano.

Todo este esfuerzo requiere de tres aspectos fundamentales: una voluntad política, un cambio cultural del aparato público y de los chilenos en general y la creación de espacios de debate ciudadano que efectivamente influya en el diseño de las políticas públicas.
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