Norman Foster: Asia piensa como líder
Responsable de la mayoría de los mega proyectos arquitectónicos del planeta, Norman Foster, asegura que éstos se concentran en Asia porque allí están dispuestos a pensar con libertad y correr mayores riesgos. En Europa, especialmente en el Reino Unido, dice, bajo el principio de la participación ciudadana se consulta todo. "Y ésa es la manera de no hacer nada".
Texto, Anatxu Zabalbeascoa / Babelia / El País. sábado 8 de abril de 2006, Rev. Vivienda y Decoración de El Mercurio.
Los edificios más superlativos del planeta tienen la firma de Norman Foster, y, no por casualidad, se concentran en Asia: El aeropuerto de Hong Kong era el mayor de su especie cuando se concluyó. En esa misma ciudad, en 1986, levantó el banco de Hong Kong y Shanghai, entonces el edificio más caro del mundo. Ahora, superando su propia marca, proyecta para Moscú el rascacielos más alto de Europa y levanta en Pekín el que, de nuevo, será el mayor aeropuerto de la Tierra...
Observando el panorama, para el propio arquitecto, la lección que se puede sacar es que "Asia está siendo capaz de pensar con mayor libertad y de asumir mayores riesgos".
Muestran una actitud, explica, de la que hace muchos años, en otro siglo, se benefició Europa. "Durante la revolución industrial, por ejemplo, Europa desarrolló la habilidad para tomar grandes decisiones que determinaron el continente. Tenía fuerza, hacía las cosas con convicción, y contagiaba esa manera de hacer".
¿Hoy le corresponde ese liderazgo a Asia?
- Quizá sea algo inevitable. Un ejemplo lo da observar la manera en que los aeropuertos se han desarrollado. En Londres, por dar un caso, lo más importante de los últimos años fue la construcción de un nuevo terminal, el 5. Pero se tardó más tiempo haciendo consultas públicas para sopesar la posibilidad de construirlo, que lo que implicó diseñar, planificar y construir el aeropuerto de Pekín, que será el mayor del mundo. Para entender las dimensiones: si se toman todos los terminales de Heathrow y se les suma un 17% del total, se obtiene el tamaño del aeropuerto chino. Y hay que considerar que nos encargaron el proyecto al final de noviembre de 2003; que en una semana teníamos un equipo de arquitectos en Pekín supervisando el contrato, y en marzo pusimos la primera piedra. El proyecto se terminará en 2007.
¿Europa está demasiado burocratizada?
- Otro ejemplo. Las autoridades portuarias de Hong Kong aceptaron sin problemas que no tenía sentido ampliar otra vez el antiguo aeropuerto. Ni siquiera el hecho de que no tuvieran el lugar para ubicar uno nuevo fue problema o implicó un retraso en el proyecto. Literalmente crearon el terreno. De la mañana a la noche se tomó la decisión de cambiar el aeropuerto de un lugar a otro. En Londres, lo lógico hubiera sido reubicar Heathrow porque es un absurdo tener un aeropuerto cercado por la ciudad. Esa cercanía extrema sólo genera problemas: ruido, polución, inseguridad...
¿Qué permite a Asia esa agilidad de decisiones?
- En el Reino Unido se consulta todo. Y ésa es la manera de no hacer nada. Si hubiera preguntado a cualquier ciudadano sobre la oportunidad de trasladar Heathrow la respuesta hubiera sido unánime: mejor no tocarlo. De modo que el problema está en la propia pregunta. Hacer una arquitectura participativa es muy difícil; deberíamos preguntarnos si las consultas que se dan en mi país son una noble tradición democrática o simplemente una charada burocrática.
Usted está diseñando rascacielos para varias ciudades. En Londres levantó el edificio Swiss Re, en Nueva York está terminando la torre Hearst (para la que ha recuperado la base Deco de un antiguo edificio) y en Madrid construye, en los solares de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid, la torre Repsol. ¿Cree que el futuro de las ciudades es vertical?
- Más bien creo que el futuro de las ciudades pasa por la alta densidad. Eso mejorará la vida urbana. Aprenderemos a vivir de una manera más sostenible. El crecimiento de las ciudades dejará de ser sólo hacia fuera, hacia los suburbios, que es el que conocemos hoy. Pero no debemos confundir alta densidad con altura en los edificios. Londres es una ciudad relativamente densa, y la mayor parte no tiene mucha altura. Además, las zonas más valoradas, las que un mayor número de personas elegiría para vivir son también las más pobladas: Notting Hill o Chelsea.
¿Qué aporta la densidad?
- Los políticos tienen una gran responsabilidad. Hoy la gente se muda al extrarradio convencida de que en una casita lejos del centro va a gozar de unos beneficios que la ciudad no puede ofrecerle. Pero yo no lo veo así. Pienso que la vida de quienes gastan medio día en traslados se empobrece, que se distancian de lo cívico. Hay un modelo urbano que ofrece un estilo de vida deseable y que interesa tanto a las ciudades como a los ciudadanos.
¿Hay un límite en el número de rascacielos que puede admitir una ciudad?
- La mayoría de las ciudades están reguladas por códigos constructivos. Pero si se coge una ciudad como Nueva York, con normas sobre retranqueos y demás, también hay una refrescante ausencia de control estético. La falta de control no se traduce necesariamente en una ciudad fea. De hecho ese tipo de ciudades es donde se han construido los edificios más emblemáticos de nuestro tiempo. En Nueva York, por ejemplo, la convivencia entre el Empire State, el edificio Chrysler o el Seagram no se da porque una "policía del gusto" lo haya decidido. Creo que ahí hay una lección.
Con el banco de Hong Kong y Shanghai usted puso en práctica el concepto de oficina social, que velaba por la salud y la comodidad de los empleados. ¿Qué ha hecho para mejorar la vivienda?
- Hace muchos años cuestioné el lugar de trabajo. Creía firmemente en la buena salud y motivación de los empleados a través de la arquitectura. Siempre he pensado lo mismo del hogar. Una casa bien pensada puede cambiar radicalmente la vida de sus ocupantes. Ése es mi próximo reto y lo voy a abordar desde un punto de vista holístico, total, que abarque tanto vivienda como ciudad. Creo firmemente en la vida en las ciudades. La ciudad puede dar lo que no da una casa. Me motiva la idea de repensar la casa desde el replanteamiento de las ciudades.
Anatxu Zabalbeascoa.
.
Texto, Anatxu Zabalbeascoa / Babelia / El País. sábado 8 de abril de 2006, Rev. Vivienda y Decoración de El Mercurio.
Los edificios más superlativos del planeta tienen la firma de Norman Foster, y, no por casualidad, se concentran en Asia: El aeropuerto de Hong Kong era el mayor de su especie cuando se concluyó. En esa misma ciudad, en 1986, levantó el banco de Hong Kong y Shanghai, entonces el edificio más caro del mundo. Ahora, superando su propia marca, proyecta para Moscú el rascacielos más alto de Europa y levanta en Pekín el que, de nuevo, será el mayor aeropuerto de la Tierra...
Observando el panorama, para el propio arquitecto, la lección que se puede sacar es que "Asia está siendo capaz de pensar con mayor libertad y de asumir mayores riesgos".
Muestran una actitud, explica, de la que hace muchos años, en otro siglo, se benefició Europa. "Durante la revolución industrial, por ejemplo, Europa desarrolló la habilidad para tomar grandes decisiones que determinaron el continente. Tenía fuerza, hacía las cosas con convicción, y contagiaba esa manera de hacer".
¿Hoy le corresponde ese liderazgo a Asia?
- Quizá sea algo inevitable. Un ejemplo lo da observar la manera en que los aeropuertos se han desarrollado. En Londres, por dar un caso, lo más importante de los últimos años fue la construcción de un nuevo terminal, el 5. Pero se tardó más tiempo haciendo consultas públicas para sopesar la posibilidad de construirlo, que lo que implicó diseñar, planificar y construir el aeropuerto de Pekín, que será el mayor del mundo. Para entender las dimensiones: si se toman todos los terminales de Heathrow y se les suma un 17% del total, se obtiene el tamaño del aeropuerto chino. Y hay que considerar que nos encargaron el proyecto al final de noviembre de 2003; que en una semana teníamos un equipo de arquitectos en Pekín supervisando el contrato, y en marzo pusimos la primera piedra. El proyecto se terminará en 2007.
¿Europa está demasiado burocratizada?
- Otro ejemplo. Las autoridades portuarias de Hong Kong aceptaron sin problemas que no tenía sentido ampliar otra vez el antiguo aeropuerto. Ni siquiera el hecho de que no tuvieran el lugar para ubicar uno nuevo fue problema o implicó un retraso en el proyecto. Literalmente crearon el terreno. De la mañana a la noche se tomó la decisión de cambiar el aeropuerto de un lugar a otro. En Londres, lo lógico hubiera sido reubicar Heathrow porque es un absurdo tener un aeropuerto cercado por la ciudad. Esa cercanía extrema sólo genera problemas: ruido, polución, inseguridad...
¿Qué permite a Asia esa agilidad de decisiones?
- En el Reino Unido se consulta todo. Y ésa es la manera de no hacer nada. Si hubiera preguntado a cualquier ciudadano sobre la oportunidad de trasladar Heathrow la respuesta hubiera sido unánime: mejor no tocarlo. De modo que el problema está en la propia pregunta. Hacer una arquitectura participativa es muy difícil; deberíamos preguntarnos si las consultas que se dan en mi país son una noble tradición democrática o simplemente una charada burocrática.
Usted está diseñando rascacielos para varias ciudades. En Londres levantó el edificio Swiss Re, en Nueva York está terminando la torre Hearst (para la que ha recuperado la base Deco de un antiguo edificio) y en Madrid construye, en los solares de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid, la torre Repsol. ¿Cree que el futuro de las ciudades es vertical?
- Más bien creo que el futuro de las ciudades pasa por la alta densidad. Eso mejorará la vida urbana. Aprenderemos a vivir de una manera más sostenible. El crecimiento de las ciudades dejará de ser sólo hacia fuera, hacia los suburbios, que es el que conocemos hoy. Pero no debemos confundir alta densidad con altura en los edificios. Londres es una ciudad relativamente densa, y la mayor parte no tiene mucha altura. Además, las zonas más valoradas, las que un mayor número de personas elegiría para vivir son también las más pobladas: Notting Hill o Chelsea.
¿Qué aporta la densidad?
- Los políticos tienen una gran responsabilidad. Hoy la gente se muda al extrarradio convencida de que en una casita lejos del centro va a gozar de unos beneficios que la ciudad no puede ofrecerle. Pero yo no lo veo así. Pienso que la vida de quienes gastan medio día en traslados se empobrece, que se distancian de lo cívico. Hay un modelo urbano que ofrece un estilo de vida deseable y que interesa tanto a las ciudades como a los ciudadanos.
¿Hay un límite en el número de rascacielos que puede admitir una ciudad?
- La mayoría de las ciudades están reguladas por códigos constructivos. Pero si se coge una ciudad como Nueva York, con normas sobre retranqueos y demás, también hay una refrescante ausencia de control estético. La falta de control no se traduce necesariamente en una ciudad fea. De hecho ese tipo de ciudades es donde se han construido los edificios más emblemáticos de nuestro tiempo. En Nueva York, por ejemplo, la convivencia entre el Empire State, el edificio Chrysler o el Seagram no se da porque una "policía del gusto" lo haya decidido. Creo que ahí hay una lección.
Con el banco de Hong Kong y Shanghai usted puso en práctica el concepto de oficina social, que velaba por la salud y la comodidad de los empleados. ¿Qué ha hecho para mejorar la vivienda?
- Hace muchos años cuestioné el lugar de trabajo. Creía firmemente en la buena salud y motivación de los empleados a través de la arquitectura. Siempre he pensado lo mismo del hogar. Una casa bien pensada puede cambiar radicalmente la vida de sus ocupantes. Ése es mi próximo reto y lo voy a abordar desde un punto de vista holístico, total, que abarque tanto vivienda como ciudad. Creo firmemente en la vida en las ciudades. La ciudad puede dar lo que no da una casa. Me motiva la idea de repensar la casa desde el replanteamiento de las ciudades.
Anatxu Zabalbeascoa.
.

