Participación ciudadana en políticas públicas. FORO CIUDADANO
Fuente: Radio Universidad de Chile. Ir al artículo en U. de Chile
Michelle Bachelet dijo que su gobierno será de la ciudadanía, que la participación de las personas será fundamental a la hora de tomar decisiones. La participación ciudadana es un concepto de moda. Desde todos los sectores lo nombran y lo renombran para expresar lo que necesitan, lo que se hará, lo que urge, lo hay y lo que no hay.
por FORO CIUDADANO
Publicado el 10-07-2006
Pero no basta con hablar de ella, también hay que implementarla y, aunque durante el gobierno de Lagos se realizaron algunos avances en la materia, desde la ciudadanía se aduce que no existen los espacios suficientes para injerir en las políticas públicas. Desde el lado opuesto, desde el mundo político, señalan que la sociedad civil chilena aún no logra niveles de organización, conocimientos y cohesión suficientes para convertirse en una interlocutora válida en la elaboración de las políticas, sobre todo al momento de la discusión de las leyes en el Congreso. Ambos sectores coinciden en que este es un tema pendiente de la democracia y que más allá de las voluntades de cada uno de los protagonistas, hay problemas de base en la institucionalidad misma.
“La tradición nuestra en materia de formulación de políticas públicas tiene un proceso institucional: la tramitación parlamentaria, cuando se trata de leyes, o del Ejecutivo, cuando se trata de determinadas políticas o decretos. En ese ciclo históricamente no ha estado contemplada la participación ciudadana, ni en el diseño, ni en la implementación, ni menos en el control”, analiza Gonzalo Delamaza, director del Programa de Ciudadanía y Gestión Pública.
Delamaza señala que es desde 1990 en adelante cuando la participación ciudadana aparece como parte de la promesa democrática, pero –aclara- en un comienzo se entendió como un sistema de cofinanciamiento de parte del Estado hacia las y los ciudadanos para llevar a cabo ciertos proyectos, pero en el que la ciudadanía también debía hacer un aporte. Un ejemplo de ello es el programa de pavimentos participativos que se instauró a comienzos de los gobiernos de la Concertación.
“En el momento en que estamos hoy día hay una demanda mucho más fuerte por incorporar participación en todas las etapas de las políticas públicas y no solamente en el cofinanciamiento”, enfatiza Delamaza.
El diputado Enrique Accorsi reconoce que “esa es una de las patas cojas en nuestro proceso de retorno a la democracia porque los canales de expresión que ha habido durante todo este tiempo han sido muy febles”. Señala que de parte de la sociedad civil las organizaciones tampoco han tenido un rol protagónico y que “recién están resucitando todo lo que se llamaban los organismos intermedios de la sociedad, recién estamos empezando a verlos funcionar”.
El diputado manifiesta que, si bien en la tramitación de las leyes se establecen instancias de participación ciudadana con audiencias obligatorias, quienes asisten a ellas muchas veces no son representativos de los sectores interesados, salvo en casos de gremios que ya se han transformado en emblemáticos, como los de la salud o de los profesores.
Gonzalo Delamaza coincide en que las audiencias en el Congreso son ineficaces, pero señala que se debe a problemas en la organización de las mismas, fácilmente solucionables con voluntad y organización del propio Congreso. Por ejemplo, dice, es lógico que un grupo de diez parlamentarios se desespere si debe escuchar durante horas a numerosos representantes de la sociedad civil, sin distinción de qué discursos serán un aporte real.
Por otra parte, se argumenta que el problema radica en el concepto mismo de democracia que tenemos en Chile, que al ser representativa, es decir, ejercerse a través de representante elegidos en votaciones, se acortan los espacios para que la ciudadanía pueda participar efectivamente y que, por otra parte, el Parlamento –donde radica la función representativa- está muy desacreditado.
Pero también se observa que en el paso hacia la democracia participativa hay una serie de factores que deben contemplarse para que sea efectiva. Que no basta con comisiones asesoras presidenciales, ni tampoco con salir a la calle a protestar para conseguir lo que se quiere porque, si bien puede ser efectivo en algunos casos, no lo es para todos, pues no todos los sectores de la sociedad tienen ese nivel de organización ni la capacidad para llenar calles, parar el tránsito y llamar la atención del país. Baste nombrar a los adultos mayores o a las personas con discapacidad para entender de qué se está hablando.
“No se puede plantear la participación ciudadana si no se articula bien la función representativa con la función participativa. He leído artículos que contraponen eso, dicen que cómo va a haber democracia participativa si la democracia es representativa. El desafío que tenemos es democracia representativa perfeccionada, que le falta mucho por perfeccionarse”, dice el director del Programa de Innovación en Ciudadanía y agrega que lo que se necesita para lograr una participación ciudadana en políticas públicas efectiva, es incluir a todos los actores en este proceso.
“El diálogo entre el gobierno y la sociedad civil existe, es tenso, pero existe, pero eso luego no está en la discusión con los parlamentarios, que son un factor clave de la democracia”, apunta.
Iniciativas
Si bien los puentes entre quienes hacen las políticas públicas y quienes están interesados en ellas, son escasos, de igual forma existen una serie de iniciativas que buscan acercarlos, que se conozcan, dialoguen y se abra paso a un trabajo en conjunto.
Un claro ejemplo de ello es el seminario “Participación Ciudadana: Políticas Públicas de Impacto Ciudadano” que la Biblioteca del Congreso Nacional realizará el 13 y 14 de julio en el Salón de Honor del Ex Congreso Nacional.
Juan Domingo Milos, coordinador académico de esta jornada, señala que su objetivo es “acercar a las autoridades públicas, que son las encargadas de ejecutar las políticas públicas, con el Parlamento y la ciudadanía”.
Para esto, explica Milos, se realizará un vanguardista ejercicio ciudadano para el que se eligieron seis políticas públicas: salud, previsión social, superación de la pobreza, medio ambiente, seguridad ciudadana y participación ciudadana. Para cada una de ellas asistirá el o la ministra o subsecretario y expondrá el efecto que esa política tiene en la ciudadanía y las formas de participación que contempla. Luego viene la voz parlamentaria y de la sociedad civil.
“Todo termina con una mesa redonda de distintas organizaciones ciudadanas que van a decir cuáles son las políticas públicas que queremos y cómo podemos incidir en el diseño, en la formulación, en el seguimiento y en el control”, anuncia el coordinador académico del seminario.
Pero además de estas iniciativas puntales, existen otras de más largo aliento y que buscan establecer institucionalmente mecanismos de participación, pero que aún están a la espera de ser aprobadas. Ejemplo de ello son el proyecto de ley de participación ciudadana, cuyo objetivo es, precisamente, fomentar la incidencia de la sociedad civil en las políticas públicas y fortalecerla para ello; o el establecimiento de la Defensoría del Pueblo u Ombudsman.
Juan Domingo Milos es, además, presidente del Capítulo Chileno del Ombudsman, una organización que promueve el establecimiento de esta instancia. Al respecto, señala que tienen esperanzas en que este gobierno saque adelante el proyecto, basándose en los ánimos de ciudadanía que rondan en el aire, porque “sería una institución sumamente útil para la participación ciudadana en las políticas públicas. Recogería reclamos ciudadanos, no tiene poder coercitivo, pero sí tiene poder propositivo”.
Milos agrega que un aspecto fundamental del Ombudsman es que, si bien sería una institución estatal, funcionaría de forma autónoma al gobierno, como una instancia independiente, lo que le permitiría recibir las demandas de la ciudadanía “transformarlas, hacerlas proposiciones y, al mismo tiempo, sin coartar a las organizaciones, sino potenciarlas. Los ciudadanos representado en el Estado por un organismo del Estado, es sumamente novedoso y sumamente democrático”.
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Michelle Bachelet dijo que su gobierno será de la ciudadanía, que la participación de las personas será fundamental a la hora de tomar decisiones. La participación ciudadana es un concepto de moda. Desde todos los sectores lo nombran y lo renombran para expresar lo que necesitan, lo que se hará, lo que urge, lo hay y lo que no hay.
por FORO CIUDADANO
Publicado el 10-07-2006
Pero no basta con hablar de ella, también hay que implementarla y, aunque durante el gobierno de Lagos se realizaron algunos avances en la materia, desde la ciudadanía se aduce que no existen los espacios suficientes para injerir en las políticas públicas. Desde el lado opuesto, desde el mundo político, señalan que la sociedad civil chilena aún no logra niveles de organización, conocimientos y cohesión suficientes para convertirse en una interlocutora válida en la elaboración de las políticas, sobre todo al momento de la discusión de las leyes en el Congreso. Ambos sectores coinciden en que este es un tema pendiente de la democracia y que más allá de las voluntades de cada uno de los protagonistas, hay problemas de base en la institucionalidad misma.
“La tradición nuestra en materia de formulación de políticas públicas tiene un proceso institucional: la tramitación parlamentaria, cuando se trata de leyes, o del Ejecutivo, cuando se trata de determinadas políticas o decretos. En ese ciclo históricamente no ha estado contemplada la participación ciudadana, ni en el diseño, ni en la implementación, ni menos en el control”, analiza Gonzalo Delamaza, director del Programa de Ciudadanía y Gestión Pública.
Delamaza señala que es desde 1990 en adelante cuando la participación ciudadana aparece como parte de la promesa democrática, pero –aclara- en un comienzo se entendió como un sistema de cofinanciamiento de parte del Estado hacia las y los ciudadanos para llevar a cabo ciertos proyectos, pero en el que la ciudadanía también debía hacer un aporte. Un ejemplo de ello es el programa de pavimentos participativos que se instauró a comienzos de los gobiernos de la Concertación.
“En el momento en que estamos hoy día hay una demanda mucho más fuerte por incorporar participación en todas las etapas de las políticas públicas y no solamente en el cofinanciamiento”, enfatiza Delamaza.
El diputado Enrique Accorsi reconoce que “esa es una de las patas cojas en nuestro proceso de retorno a la democracia porque los canales de expresión que ha habido durante todo este tiempo han sido muy febles”. Señala que de parte de la sociedad civil las organizaciones tampoco han tenido un rol protagónico y que “recién están resucitando todo lo que se llamaban los organismos intermedios de la sociedad, recién estamos empezando a verlos funcionar”.
El diputado manifiesta que, si bien en la tramitación de las leyes se establecen instancias de participación ciudadana con audiencias obligatorias, quienes asisten a ellas muchas veces no son representativos de los sectores interesados, salvo en casos de gremios que ya se han transformado en emblemáticos, como los de la salud o de los profesores.
Gonzalo Delamaza coincide en que las audiencias en el Congreso son ineficaces, pero señala que se debe a problemas en la organización de las mismas, fácilmente solucionables con voluntad y organización del propio Congreso. Por ejemplo, dice, es lógico que un grupo de diez parlamentarios se desespere si debe escuchar durante horas a numerosos representantes de la sociedad civil, sin distinción de qué discursos serán un aporte real.
Por otra parte, se argumenta que el problema radica en el concepto mismo de democracia que tenemos en Chile, que al ser representativa, es decir, ejercerse a través de representante elegidos en votaciones, se acortan los espacios para que la ciudadanía pueda participar efectivamente y que, por otra parte, el Parlamento –donde radica la función representativa- está muy desacreditado.
Pero también se observa que en el paso hacia la democracia participativa hay una serie de factores que deben contemplarse para que sea efectiva. Que no basta con comisiones asesoras presidenciales, ni tampoco con salir a la calle a protestar para conseguir lo que se quiere porque, si bien puede ser efectivo en algunos casos, no lo es para todos, pues no todos los sectores de la sociedad tienen ese nivel de organización ni la capacidad para llenar calles, parar el tránsito y llamar la atención del país. Baste nombrar a los adultos mayores o a las personas con discapacidad para entender de qué se está hablando.
“No se puede plantear la participación ciudadana si no se articula bien la función representativa con la función participativa. He leído artículos que contraponen eso, dicen que cómo va a haber democracia participativa si la democracia es representativa. El desafío que tenemos es democracia representativa perfeccionada, que le falta mucho por perfeccionarse”, dice el director del Programa de Innovación en Ciudadanía y agrega que lo que se necesita para lograr una participación ciudadana en políticas públicas efectiva, es incluir a todos los actores en este proceso.
“El diálogo entre el gobierno y la sociedad civil existe, es tenso, pero existe, pero eso luego no está en la discusión con los parlamentarios, que son un factor clave de la democracia”, apunta.
Iniciativas
Si bien los puentes entre quienes hacen las políticas públicas y quienes están interesados en ellas, son escasos, de igual forma existen una serie de iniciativas que buscan acercarlos, que se conozcan, dialoguen y se abra paso a un trabajo en conjunto.
Un claro ejemplo de ello es el seminario “Participación Ciudadana: Políticas Públicas de Impacto Ciudadano” que la Biblioteca del Congreso Nacional realizará el 13 y 14 de julio en el Salón de Honor del Ex Congreso Nacional.
Juan Domingo Milos, coordinador académico de esta jornada, señala que su objetivo es “acercar a las autoridades públicas, que son las encargadas de ejecutar las políticas públicas, con el Parlamento y la ciudadanía”.
Para esto, explica Milos, se realizará un vanguardista ejercicio ciudadano para el que se eligieron seis políticas públicas: salud, previsión social, superación de la pobreza, medio ambiente, seguridad ciudadana y participación ciudadana. Para cada una de ellas asistirá el o la ministra o subsecretario y expondrá el efecto que esa política tiene en la ciudadanía y las formas de participación que contempla. Luego viene la voz parlamentaria y de la sociedad civil.
“Todo termina con una mesa redonda de distintas organizaciones ciudadanas que van a decir cuáles son las políticas públicas que queremos y cómo podemos incidir en el diseño, en la formulación, en el seguimiento y en el control”, anuncia el coordinador académico del seminario.
Pero además de estas iniciativas puntales, existen otras de más largo aliento y que buscan establecer institucionalmente mecanismos de participación, pero que aún están a la espera de ser aprobadas. Ejemplo de ello son el proyecto de ley de participación ciudadana, cuyo objetivo es, precisamente, fomentar la incidencia de la sociedad civil en las políticas públicas y fortalecerla para ello; o el establecimiento de la Defensoría del Pueblo u Ombudsman.
Juan Domingo Milos es, además, presidente del Capítulo Chileno del Ombudsman, una organización que promueve el establecimiento de esta instancia. Al respecto, señala que tienen esperanzas en que este gobierno saque adelante el proyecto, basándose en los ánimos de ciudadanía que rondan en el aire, porque “sería una institución sumamente útil para la participación ciudadana en las políticas públicas. Recogería reclamos ciudadanos, no tiene poder coercitivo, pero sí tiene poder propositivo”.
Milos agrega que un aspecto fundamental del Ombudsman es que, si bien sería una institución estatal, funcionaría de forma autónoma al gobierno, como una instancia independiente, lo que le permitiría recibir las demandas de la ciudadanía “transformarlas, hacerlas proposiciones y, al mismo tiempo, sin coartar a las organizaciones, sino potenciarlas. Los ciudadanos representado en el Estado por un organismo del Estado, es sumamente novedoso y sumamente democrático”.
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