Presupuesto participativo: Una apuesta por la democracia
Por
forociudadano
14/07/2006
En varias comunas de Chile, como Illapel, Cerro Navia, La Pintana, Buin, San Joaquín y Providencia, entre otras, las y los vecinos deciden qué se hará con parte del presupuesto del municipio. Priorizar entre el arreglo de las calles, la iluminación, los parques, la seguridad ciudadana, la infraestructura de las sedes vecinales o un sin fin de temas que preocupan a la comunidad, ahora dependen de quienes viven en los territorios de estas municipalidades, gracias a los llamados presupuestos participativos.
Lo que está en juego no es todo el presupuesto municipal, sólo una pequeña parte de él, cercana al 3%, contemplada en la sección de Inversión real. La comunidad participa proponiendo y eligiendo los proyectos que consideran más importantes o de los que obtienen mayor beneficio. Eso sí, no en cualquier área. Adolfo Castillo, director de la Corporación Libertades Ciudadanas, una organización que trabaja por instalar, promover y estimular a la población para establecer modalidades participativas en los municipios, señala que, si bien los rubros contemplados en el ítem “Inversión real” de los presupuestos municipales son muy amplios, “con la experiencia se han ido acotando las áreas en las que la comunidad puede intervenir. Hoy se habla de equipamiento comunitario o mejoramiento de infraestructura porque si no, la gente puede pedir de todo, cree que el presupuesto da para todo y la verdad es que no es así”.
Entre un 25 y un 40% de los fondos de una municipalidad se gastan en los honorarios de sus funcionarios, en iluminación, limpieza de las calles, entre otros. Hay algunos municipios a los que apenas les alcanza para sobrevivir, por lo tanto, es muy difícil que puedan tener fondos concursables para sus vecinas y vecinos. A otros, en cambio, como Las Condes, Vitacura o Providencia, sus recursos les alcanzan para resolver todas sus necesidades y, además, aportan al Fondo Municipal, una especie de “vaca” que se reparte entre todos las comunas. Por ejemplo, en el caso de Providencia, Enrique Gandásegui, su jefe de prensa, señala que es cerca de un 65% de los fondos de la comuna lo que se destina al Fondo Municipal y que seis mil millones de pesos quedan disponibles para proyectos. El mismo monto del presupuesto municipal completo de San Joaquín, según su alcalde.
Uno de los argumentos para implementar procesos de presupuestos participativos en las comunas, además de integrar a las personas a las decisiones municipales, es dar mayor transparencia al uso de los recursos e invertirlos en las necesidades que la propia comunidad considere urgentes, sobre todo cuando la plata no sobra. Así lo explica Sergio Echeverría, alcalde de San Joaquín, en la Región Metropolitana: “Como a veces los recursos son escasos, tenemos que inventar modalidades para invertir mejor. Si tuviéramos los recursos para invertir en todas las necesidades que tienen los vecinos, evidentemente los presupuestos serían menos importantes, pero como hay que tener un mecanismo de asignación territorial, buscamos un mecanismo que sea lo más participativo”, explica.
Pero no se necesitan sólo de las ganas de implementarlo. Echeverría explica que la Ley Orgánica Constitucional de Municipalidades no contempla el presupuesto participativo, por el contrario, deja en manos del concejo municipal las decisiones respecto a los dineros de la comuna. Por esto, depende de la voluntad política de éste respetar las decisiones que tomen las y los ciudadanos y, cada cuatro años, estará en manos del alcalde o la alcaldesa que asuma seguir con esto y “convencer” al concejo.
Pero más allá de su fragilidad institucional, los procesos de presupuestos participativos existen, se implementan y funcionan.
Experiencia en participación
En la comuna de San Joaquín llevan tres años implementando procesos de participación ciudadana en las decisiones municipales. Su alcalde comenta que en la primera asamblea que se realizó participaron cuatro mil personas, al año siguiente el número subió a seis mil. Este año acudieron ocho mil y esperan que voten cerca de 15.000 vecinas y vecinos.
¿Y qué se hace en estas asambleas? Simple, las siete unidades vecinales en las que se dividió el territorio de la comuna presentan los proyectos que quieren desarrollar. Además, se eligen entre los asistentes a las y los consejeros de presupuesto, que este año fueron 115. Estos delegados y delegadas serán los encargados de decidir qué proyectos se implementan a nivel comunal, más general. Los proyectos territoriales específicos se decidirán por medio de una votación popular.
El alcalde de la comuna afirma que las y los miembros del consejo del presupuesto participativos se han convertido en “verdaderos aliados” del municipio porque, además de decidir, fiscalizan la ejecución de las obras.
Pero no todo es “miel sobre hojuelas”, además de algunos roces que se han producido en el mismo proceso de fiscalización de la ejecución de los proyectos, uno de las mayores dificultades que deben enfrentar en San Joaquín es la definición de los temas prioritarios.
“No hay una relación entre las necesidades que las personas expresan y los proyectos” que se presentan, dice Echeverría y explica que al consultarles suelen decir que sus prioridades están relacionadas, por ejemplo, con seguridad ciudadana, iluminación de las calles, parques o con reparar las veredas, pero que al momento de presentar los proyectos suelen preferir arreglar la sede comunitaria o techar la cancha del club deportivo. “Es una mirada muy hacia adentro”, analiza el edil, pero aclara que están concientes que este es un instrumento que se debe ir perfeccionando.
Las maravillas de la tecnología
En Providencia dieron el “puntapié inicial” en participación ciudadana en 1997. Hicieron una consulta de la que surgió el Plan de Desarrollo Comunal (Pladeco) y un fondo de proyectos comunales. Casi una década después, los avances de la tecnología les permitieron realizar una consulta digital sobre qué querían las y los vecinos hacer en su comuna. Votaron cerca de 16.000 personas y más del 80% de ellas lo hicieron a través de Internet. Una experiencia pionera en Chile.
Para organizarse, en noviembre de 2005 invitaron a las 16 unidades comunales del municipio a proponer proyectos en dos áreas, una estratégica, enfocada a toda la comuna, y otra territorial, relacionada con los barrios. Luego, esas propuestas se conciliaron con el fondo de proyectos comunales. De ahí salieron las que finalmente fueron votadas entre el 17 y el 20 de junio de 2006 y de las que resultó ganadora “Comuna segura” a nivel de todo el municipio.
Pero, además, aprovecharon la ocasión para que quienes votaran calificaran los 21 servicios municipales que se ofrecen. El que se sacó mejor nota fue la venta de permisos de circulación, con un 5.86. El peor, el control de ruidos molestos, con un 3.65.
Enrique Gandásegui, jefe de prensa de la Municipalidad de Providencia explica que para lograr esto se hizo un convenio con la Universidad Católica que creó el software y que, en busca de la transparencia, todos los resultados de la consulta se encuentran disponibles en la página web de la municipalidad. Una iniciativa inédita en el país y que, según Gandásegui, están dispuestos a compartir con los municipios que lo requiera.
El jefe de prensa agrega que, incluso, el propio director Servicio Electoral destacó esta consulta digital “como una experiencia piloto para lo que un día pueden ser en Chile los actos electorales”.
Los beneficios
La primera experiencia de presupuesto participativo surgió Brasil a fines de la década del ‘80, en la ciudad de Porto Alegre. De ahí en adelante, otros municipios del mundo se fueron interesando en la idea y comenzaron a aplicarlo en sus localidades.
En Chile, el pasado 3 de junio se creó al primera Red Ciudadana de Presupuesto Participativo donde concurren delegados de Illapel, Cerro Navia, San Joaquín, Buin y Talca, y prontamente se integrarán representantes de Rancagua, Molina y Negrete, para intercambiar experiencias, aprender y hacer propuestas.
De acuerdo a la Corporación Libertades Ciudadanas, el presupuesto participativo ha hecho posible recrear una nueva forma de democracia, la democracia deliberativa, que ha implicado un avance en las relaciones de poder entre gobernantes y gobernados, gracias a tres principios esenciales: que todos los ciudadanos tienen los mismos derechos; el principio de la participación, que garantiza igualdad de participación, incluido derecho a votar, de asociación, expresión política y ser electo en un puesto político; y principio del bien común, que orienta la discusión hacia un acuerdo público respecto de prioridades sociales teniendo en vista la promoción de una mayor justicia social.
Adolfo Castillo destaca que entre los beneficios que representa este mecanismo para la comunidad se encuentra “la oportunidad que tienen las personas de involucrarse en su espacio, enriquece la calidad de la vida social, se mejoran los vínculos con sus autoridades, hay más transparencia, la gente no dice qué pasó con las platas”, argumenta.
Desde la experiencia del alcalde Echeverría, este tipo de participación ciudadana tiene la virtud de permitir priorizar el uso de los recursos en comunas donde escasean. Además, cuenta que en su comuna ha logrado que los funcionarios recobren el interés por el servicio público. “Hay personas que han descubriendo estos procesos como vocación. Viejos cracks que han vuelto a jugar en primera división”, dice.
Pero una virtud que resalta y en la que coinciden quienes se relacionan con este tema, es el grado de empoderamiento que el participar en procesos de presupuesto participativo les otorga a las y los dirigentes vecinales.
“El proceso de presupuesto participativo nos ha permitido construir dirigentes de otra calidad, con una visión más política de la comuna. Se dan cuenta que las decisiones del municipio no dependen sólo del municipio”, afirma el alcalde de San Joaquín y relata que consejeros de su comuna acudieron al Foro Social Mundial en Porto Alegre el 2005, donde expusieron una visión mucho más amplia de los problemas comunales.
“En el fondo, el presupuesto participativo es para mejorar la gestión municipal, no tienen otra finalidad que mejorar la vida, mejorar la convivencia, las relaciones de las personas, asignar mejor los recursos y hacer más transparente la gestión”, concluye Castillo.
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