Martes, 25 de enero de 2011

PR?LOGO

?Este ensayo contiene un an?lisis detallado de las causas, dimensiones y caracter?sticas del proceso de movilizaci?n social que se produjo en la regi?n de Magallanes, Chile, en la primera quincena del mes de enero de 2011, contra el alza tarifaria del gas natural.

?Se ha adoptado aqu? un enfoque multidisciplinario tanto desde la Historia Social, como de la Ciencia Pol?tica y la Sociolog?a de manera de intentar comprender las diferentes? fuerzas en presencia, procesos y dimensiones que estuvieron en movimiento en estos eventos.

Esta es una contribuci?n intelectual para la Asamblea Ciudadana de Magallanes, para entender y razonar el pasado, para dimensionar el presente y sobre todo, para proyectar el futuro.

?Punta Arenas ? Magallanes, 24 de enero de 2011.-

?ELEMENTOS PARA UN MARCO TE?RICO:

LAS CRISIS COMO COYUNTURAS DE TENSI?N

?La crisis de la pol?tica en la transici?n a la modernidad

?La Pol?tica, como pr?ctica social y como universo simb?lico, ha entrado en crisis, como una de las consecuencias de los m?ltiples impactos provenientes de la modernizaci?n.

?La percepci?n ciudadana respecto de la Pol?tica est? cada vez m?s degradada y deslegitimada, y este es un fen?meno que trasciende las fronteras nacionales para abarcar el conjunto de la sociedad y los sistemas pol?ticos contempor?neos.? Por lo tanto, la afirmaci?n de que la Pol?tica, los partidos y la clase pol?tica han entrado en una prolongada crisis de legitimidad y credibilidad en la sociedad actual, no es b?sicamente un ?argumento ideol?gico sesgado? ?aunque pueda serlo en boca de ciertos pol?ticos detractores de sus dem?s adversarios- sino que es un t?pico respaldado por un c?mulo creciente de indicadores, entre los cuales las encuestas de opini?n p?blica no son m?s que un factor.

?La pol?tica tradicional se ha hecho no cre?ble, ha perdido la centralidad de su atractivo anterior.

?La crisis de la Pol?tica es, a la vez, una crisis de la acci?n pol?tica, como una crisis de la percepci?n p?blica acerca de ella, es decir, de la cultura pol?tica.

?El creciente predominio del discurso y las pr?cticas individualistas, y la b?squeda del ?xito y la realizaci?n personal, y la notoria des-solidarizaci?n de los ciudadanos respecto de la sociedad en general y del sistema pol?tico en particular, son manifestaciones exteriores de una tendencia profunda que tiene lugar en la ?poca contempor?nea: la tendencia hacia la modernidad.

?La modernidad ?como tendencia estructural e ideol?gico-cultural dominante- se introduce en el sistema pol?tico, generando un efecto disolvente y desarticulador, de manera que las fuerzas, partidos y actores pol?ticos tradicionales se ven enfrentados a la creciente tensi?n ocasionada por nuevos problemas y nuevas aspiraciones y demandas provenientes de una sociedad civil cada vez m?s culturalmente diversa y socialmente diversa.

?Probablemente, uno de los rasgos m?s significativos que denotan la crisis de los paradigmas pol?ticos, y la propia crisis de la Pol?tica (como pr?ctica social), reside en la p?rdida de su anterior? centralidad en los procesos sociales.

?En efecto, la Pol?tica a?n cuando contin?a siendo uno de los procesos sociales y culturales relevantes que tienen lugar en una sociedad hist?rica.? Sin embargo, como efecto e impacto de la modernidad, ella ha perdido su centralidad siendo aparentemente sustitu?da por otros liderazgos, otros intereses ciudadanos, otras formas organizativas y comunicacionales, otros movimientos y protagonismos, y se ha convertido gradualmente, en objeto de crecientes cr?ticas? generando una percepci?n social negativa en torno suyo.

Probablemente lo m?s serio es que la Pol?tica, y por ende, la clase pol?tica, parecen? dejar de ser el mecanismo ?nico, seguro y v?lido de resoluci?n de los problemas y las demandas de la ciudadan?a, siendo parcialmente reemplazada por la Econom?a y la Administraci?n pero tambi?n por la emergencia de movimientos sociales y ciudadanos que escapan a sus patrones de lectura e interpretaci?n.

?Esta transposici?n da como resultado que la Pol?tica pierde su atractivo medi?tico ante las multitudes, as? como su capacidad de convocatoria social: los ?dolos y l?deres que atraen a los grandes colectivos modernos ?cuando ellos existen realmente- ya no son los dirigentes pol?ticos, y los s?mbolos pol?ticos e ideol?gicos dejan de tener un poder de evocaci?n y de representaci?n simb?lica significativa.

?La Pol?tica ?como forma de pensar la sociedad- parece desvanecerse en el universo medi?tico, sustitu?da o relativizada por otros universos simb?licos y val?ricos.

?Tampoco resultar?a cient?fico atribuir ?ste fen?meno a la exclusiva responsabilidad de ?los pol?ticos?, por m?s que sobre ellos cae una nebulosa de descr?dito moral.

?La crisis de la Pol?tica, es en realidad, la crisis de la pol?tica tradicional, y ella traduce en el plano de las instituciones y de los procesos pol?ticos la crisis general que acompa?a a la transici?n desde una sociedad anteriormente basada en valores y formas tradicionales de hacer pol?tica, hacia una sociedad en la que predominar?an c?digos, valores, modelos y formas organizativas modernas.

?Aquel paradigma tradicional que hac?a de la Pol?tica una actividad a la vez, elitista y masiva, basada en el contacto directo y paternalista entre el pol?tico y la ciudadan?a, en grandes movilizaciones masivas evocadoras de la unidad de la naci?n, la clase o el partido, que generaba relaciones de dependencia y cooptaci?n entre la clase pol?tica ?otorgadora de bienes, servicios, favores y privilegios- y la ciudadan?a ?demandante y receptora de los beneficios que descend?an desde las esferas pol?ticas y del poder- en t?rminos de clientelismo y caciquismo, ese paradigma est? siendo gradualmente barrido o superado.

?Y la manifestaci?n m?s elocuente de esta crisis de la pol?tica es el surgimiento de la multitud como actor socio-pol?tico en este inicio del siglo xxi, esa multitud que Toni Negri define como ?la multitud plural de las subjetividades productivas y creadoras? ([1]), sobre las que elabora Paolo Virno ([2]) ?y que Rheingold denomina ?multitudes inteligentes? por su asociaci?n estrecha con el uso intensivo de las TICs durante el movimiento.

?Los cambios que se suscitan se encuentran en el surgimiento de una Pol?tica moderna o con rasgos modernos y fuertemente ciudadana basada principalmente en los efectos medi?ticos y de imagen, en la capacidad individual del pol?tico para alcanzar cobertura y presencia comunicacional, en la profesionalizaci?n de la actividad pol?tica y dirigente, en la ingenier?a de escenarios pol?ticos virtuales, potenciados por la aceleraci?n del tiempo, por el manejo intensivo de la comunicaci?n y sus contenidos, y por la circulaci?n instant?nea de la informaci?n, de manera que ?sta ?ltima deviene el poder, pero tambi?n caracterizada por la creciente autonom?a y el protagonismo emergente de los movimientos sociales y socio-culturales respecto de los referentes partidarios.

?Crisis y crisis socio-pol?ticas

Todo proceso pol?tico y social est? caracterizado por ciertos momentos en los que el sistema o las relaciones sociales existentes no pueden continuar funcionando tal como lo han hecho hasta ahora, porque se han acumulado una serie de disfunciones, tensiones y contradicciones.? Esos momentos son las crisis, los que deben ser analizados tanto desde una perspectiva estructural, sist?mica o institucional, como de su secuencia temporal o hist?rica.

Ambas dimensiones anal?ticas son complementarias e interdependientes: lo sincr?nico y lo diacr?nico; el aspecto organizacional e institucional y el aspecto procesual.

En lo particular del movimiento de movimientos que nos ocupa, sostenemos la hip?tesis de trabajo que se trat? de una crisis socio-pol?tica en el sentido que su desarrollo implic? formas de cuestionamiento desde la sociedad organizada y desde la multitud en movimiento hacia el orden pol?tico, aunque sin poner en entredicho los fundamentos de las instituciones del sistema.?

Las multitudes ciudadanas magall?nicas, dotadas de un fuerte acento regional y regionalista no cuestionaron los fundamentos institucionales del orden pol?tico, sino que apuntaron hacia el centralismo entendido como una modalidad espec?fica de ejercicio y gesti?n del poder caracterizada por la centralizaci?n en la capital de los procesos de toma de decisiones, tanto a nivel estatal como corporativo.

La movilizaci?n y la crisis que ?sta genera, se dirige a la precariedad de los procesos de consulta y de participaci?n ciudadana, a la actitud de cerraz?n y de prescindencia de las autoridades regionales ante el creciente clamor ciudadano, al tiempo que una percepci?n de incomprensi?n de las caracter?sticas distintas del modo de vida en la regi?n de Magallanes.? Es probablemente la clave centralista que los ciudadanos interpretaron en la decisi?n de alza de las tarifas del gas (tomada por el directorio de ENAP en Santiago), una de las causas que electriz? el sentimiento regionalista aparentemente adormecido, involucrando a puntarenenses, natalinos y porvenire?os.

Pero la crisis despert? y devel? adem?s otros agravios locales y regionales pendientes, como se analiza m?s adelante.

Para los efectos de este ensayo, podemos definir una crisis socio-pol?tica como una coyuntura flu?da donde intervienen componentes del sistema pol?tico e institucional y movimientos y expresiones sociales y colectivas en demanda de determinadas aspiraciones y reivindicaciones y cuya presi?n pone en tensi?n una parte o el conjunto del sistema pol?tico.

Aproximaciones
a un concepto realista de crisis pol?tica

Uno de los rasgos m?s sorprendentes de toda crisis, es que con mucha frecuencia los propios actores involucrados no perciben claramente que se encuentran en una coyuntura de crisis.

Toda crisis es una coyuntura, pero no toda coyuntura es una crisis.

Una crisis se constituye en un momento en el que se sintetizan y se concentran la mayor parte de las tensiones y conflictos que se manifestaban tanto en la superficie como bajo la superficie de los acontecimientos que constitu?an el proceso pol?tico y social.? En la secuencia de eventos que constituyen el proceso pol?tico, siempre se encuentran larvadas las condiciones y factores que pueden desencadenar unas crisis.

Por lo tanto, para comprender las crisis en general y las coyunturas cr?ticas en particular, debemos tener en cuenta el factor azar: al interior de la compleja malla de interrelaciones e interdependencias que dan forma din?mica al proceso pol?tico en el tiempo y en el espacio, siempre se encuentran incubados aquellos factores cuya colisi?n va a conducir hacia una crisis.

Las crisis pol?ticas pueden as? definirse como coyunturas flu?das en las que se concentran los puntos de tensi?n y se alteran los rangos de funcionamiento de los sistemas y las relaciones entre los actores componentes de un sistema.

La trayectoria de las crisis

Toda crisis as? como todo fen?meno pol?tico y social, sigue una trayectoria, es decir, despliega una secuencia de acontecimientos interrelacionados entre los cuales existe generalmente una relaci?n de causalidad, de manera tal que la forma c?mo se manifiesta una fase, ello determina la forma c?mo va a producirse la fase siguiente.

Las crisis socio-pol?ticas ?podr?a decirse- se desplazan en el tiempo y en el espacio en la forma de ondas expansivas y disruptivas.

Para el mejor examen de las coyunturas de crisis, resulta conveniente y usual practicar un an?lisis de la secuencia de eventos que la constituyen.

La Ciencia Pol?tica moderna identifica a lo menos las siguientes fases consecutivas en toda crisis:

a) fase de acumulaci?n de tensiones;
b) fase de desencadenamiento de la crisis y punto de no retorno;
c) fase de escalamiento y agudizaci?n de la crisis;
d) fase de resoluci?n de la crisis.

Pero la secuencia aqu? presentada nada nos dice de los actores que intervienen en el curso de la coyuntura de crisis y del rol que tienden a desempe?ar a lo largo de la secuencia.

En efecto, todo proceso pol?tico es siempre y en ?ltima instancia, un complejo juego de relaciones entre individuos, entre grupos, entre actores pol?ticos, es decir, de actores sociales dotados de voluntad e intereses pol?ticos, de manera que es su intervenci?n, son sus pr?cticas las que determinan el curso de los acontecimientos.??

En pol?tica y en particular en las crisis pol?ticas, no son fuerzas ciegas ni instituciones an?nimas las que intervienen y determinan el curso de los acontecimientos: son los actores pol?ticos y sociales ?siempre entendidos como actores? program?ticos, o sea dotados de voluntad de poder e intereses pol?ticos, sociales e identitarios propios y caracter?sticos-? los que act?an o dejan de actuar, los que gesticulan y despliegan sus recursos en procura del logro de sus demandas y de sus intereses.??

Otra cosa a estudiar, es el rol y la importancia que esos actores tienen al interior de una coyuntura determinada.?

Aqu? siempre hay que distinguir entre actores claves o determinantes y actores secundarios y lo que los diferencia es su respectiva capacidad de ejercer alg?n grado de influencia en el curso de los acontecimientos que constituyen la coyuntura en estudio.? Del mismo modo, no hay que perder de vista que una coyuntura de crisis pueden tener uno o varios espacios o lugares donde los hechos suceden y donde la crisis se decide y se resuelve.

Pero, por lo pronto, incorporemos ahora a los actores pol?ticos y sus respectivos roles en una din?mica cambiante de interdependencia y tensiones.

En efecto, en el transcurso de toda crisis socio-pol?tica se producen cambios a veces imperceptibles en las percepciones mutuas de los actores en presencia, sucesivas modificaciones y adaptaciones en las respectivas agendas individuales y grupales, ajustes en curso de las estrategias, t?cticas y gesticulaciones, mutaciones en el juego intenso de acci?n y reacci?n de los actores pol?ticos e institucionales ante el desplazamiento masivo de las multitudes.? De este modo, los procesos de negociaci?n y di?logo para resolver el conflicto, una vez transcurrido el ?punto de no retorno? de los acontecimientos,? suscita un juego entrecruzado de intensas presiones mutuas sobre los negociadores y sobre todo el proceso, para tratar de aparecer posteriormente como los art?fices del acuerdo alcanzado. ([3]).

Pero adem?s, para comprender una crisis o una coyuntura cualquiera, hay que situarla en el tiempo.? La secuencia temporal de los acontecimientos obedece a una l?gica de intensificaci?n y aceleraci?n.

El tempo de la crisis

Para los efectos de su an?lisis, toda crisis puede ser descompuesta ?como se ha visto en la descripci?n gr?fica anterior- en una secuencia cronol?gicamente situada de eventos; toda crisis es una secuencia de eventos, es decir, una sucesi?n temporal e interconectada de acontecimientos ejecutados por los actores que tienen lugar en un espacio determinado, en la forma de una cadena m?s o menos cont?nua de sucesos.

Los tiempos en los que sucede la secuencia de los acontecimientos de la crisis, no corren a la misma velocidad que los tiempos en los que suceden los acontecimientos ?normales?.? Se acelera el tiempo, se acelera el ritmo del tiempo y se acelera la secuencia de eventos que componen la crisis.

Los cambios de ritmo del tempo ocurren o se manifiestan cuando ocurren ciertos momentos en los que los acontecimientos parecen tener un lento desarrollo y otros en los que la secuencia se interrumpe o los eventos se aceleran unos tras otros.

En el curso de una crisis ?pol?tica, social, internacional- los actores tienen la impresi?n de que existe una suerte de ?aceleraci?n del tiempo?, como que los eventos se suceden a una mayor velocidad temporal lo que ocurre en los tiempos de no-crisis o de normalidad.

Esta aceleraci?n del tiempo es real, es efectiva.? Los actores involucrados en una coyuntura de crisis, la viven y la experimentan esa aceleraci?n temporal, pero con frecuencia no saben manejarla, no conocen el impacto de la noci?n tiempo en el comportamiento de los dem?s actores.? Algunos analistas y polit?logos han podido afirmar en este sentido, que qui?n controla el ritmo y los tiempos de una coyuntura de crisis, est? en condiciones de intentar? manejar, controlar o conjurar una crisis; ello es medianamente cierto, ya que hay que analizar tambi?n el juego de acci?n y reacci?n de los dem?s actores involucrados.

Una de las caracter?sticas distintivas de las coyunturas de crisis es que el tiempo durante el cual ocurren, transcurre a un ritmo distinto del resto del llamado ?tiempo normal?, y por eso se le denomina el tempo de la crisis, para referirse a un tiempo de ritmo distinto y de mayor aceleraci?n en la ocurrencia y frecuencia de los eventos.

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[1] Negri, T., Hardt, M.: Multitud.? Madrid, 2004.? Editorial Debate.

[2] En: Gram?tica de la Multitud, ver Referencias Bibliogr?ficas y Documentales.

[3] Las crisis como las revoluciones, en el sentido cl?sico del concepto, son las ?nicas ?madres que se comen a sus hijos?, cuando sienten que ya no les sirven?

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Publicado por juancatepillan @ 11:25  | Art. 2011
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