martes, 22 de febrero de 2011

Müller, Gonzalo, Facultad de Gobierno, Universidad del Desarrollo
Martes 22 de Febrero de 2011

Vivimos tiempos de inmediatez, de velocidad, donde internet asegura acceso a la información de una manera nunca antes vista en la historia. Y esto en política está tomando dimensiones impensadas: basta ver los cambios provocados en Egipto, Túnez y otros países árabes.

 

Los creadores de Facebook y Twitter nunca tuvieron en mente que estas aplicaciones, diseñadas para jóvenes que buscaban entretenerse, mantenerse en contacto con amigos más allá de las distancias o intercambiar opiniones en diálogos abiertos y libres, iban a tener un uso por otros jóvenes de las mismas edades pero con temáticas aparentemente tan distintas.

 

Las redes sociales y de internet usadas como medios de comunicación libres de la interferencia y el control oficial sirvieron de catalizador de demandas sociales y aceleradores de la reacción popular; las facilidades que ofrecen estas herramientas para coordinar e informar fueron fundamentales para los cientos de jóvenes que pudieron utilizarlas para movilizar a miles detrás de su causa.

 

La posibilidad de difundir imágenes y transmitir un reporte más cercano y veraz de la realidad superó cualquier intento de censura. Así, los gobiernos no pudieron aislar a sus pueblos de lo que estaba pasando, ni tampoco al resto del mundo, por lo que la presión se hizo insostenible y la necesidad de cambios inmediatos, urgente.

 

Pero estas circunstancias que se dan en el marco de regímenes no democráticos o con la sola apariencia de serlo, donde las libertades públicas están altamente restringidas, si no son derechamente inexistentes, reflejan que el protagonismo de las redes sociales —o su novedad— se debe al haber sido el medio utilizado por los verdaderos protagonistas, los miles de jóvenes demandando más libertad y cambios en sus gobiernos, todos ellos de una duración y origen que cuestionan abiertamente el apelativo de democracias. No sabemos si esta situación pudiera ser extrapolable a otras realidades políticas o a demandas de menor intensidad o profundidad social.

 

Son los jóvenes siempre el motor de los cambios sociales. Son ellos siempre, pero quizás con más fuerza en esta generación, quienes tienen la necesidad de la inmediatez. Son ellos el eco permanente del «lo quiero todo y lo quiero ahora», lo que se ve potenciado porque ésa es la misma lógica que los medios digitales vienen usando. Y es esa sintonía de valorar la acción y la decisión por sobre la reflexión lo que abre nuevos dilemas para la política.

 

Durante mucho tiempo los partidos fueron los intermediadores de estas voluntades de cambio social, pero su estructura y manera de relacionarse con la ciudadanía parecieran no asumir que hoy compiten o, peor aún, son fuertemente cuestionados en su función de intermediación frente al poder. La naturaleza social y poco estructurada de estos movimientos nos permite ver que no son fáciles de intervenir por el mundo político; los grupos de Facebook o los hashtags de twitter tienden a ser reuniones accidentales y virtuales de miles pero que desaparecen casi con la misma velocidad con que se crean. Entender las verdaderas utilidades de estas herramientas permitirá a nuestros políticos hacer correcto uso de ellas, como un medio para estar en contacto y aportar e interactuar en ambientes de máxima horizontalidad, lo que siempre establece un riesgo para aquellos que se desempeñan como autoridades. Fácil es también caer en la ilusión o tentación de que un buen twitt o un buen posteo pueden cambiar el destino de los hechos, pero lo que estas herramientas hacen es facilitar el acceso a la información, sin discriminar su calidad, y sin duda son un aporte en transparencia. Sin embargo, tal como desde sus orígenes, seguirán siendo el valor de las causas y su capacidad de convocar e interpretar a la mayoría los protagonistas de la política.

 

Fuente: http://blogs.lasegunda.com/redaccion/2011/02/22/redes-sociales-y-politica.asp


Publicado por juancatepillan @ 16:48  | Art. 2011
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