viernes, 01 de abril de 2011

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Aldo Meneses C

En estos días, el Ministerio de Educación aprobó 7 planes educativos en materia de sexualidad, de los cuales los establecimientos educacionales deberán elegir para implementar entre sus alumnos en forma obligatoria, a partir del próximo año.

Las políticas públicas que expresan la intervención del estado en materias de educación sexual  expresan y  materializan el ejercicio del derecho a la in-formación que tienen todos los ciudadanos en una materia  de la cual rara vez en nuestra cultura se habla en serio y de manera in-formada. A menudo nos acercamos a las temáticas concernientes a nuestra sexualidad, a través del chiste, la broma o la descalificación de ciertas conductas, es decir, opinamos a partir de lo negativo pero rara vez desde lo positivo o aportativo que ella comprende en relación al desarrollo sico-socio-afectivo de las personas.

El ejercicio de estos derechos, que parecen tan evidentes, se hace posible y no por casualidad en nuestro país, como resultado de la ley 20.418 del 18 de enero del 2010 del Ministerio de Salud, promulgada en los últimos días del Gobierno de Michelle Bachelet,  la cual FIJA NORMAS SOBRE INFORMACION, ORIENTACION Y PRESTACIONES EN MATERIA DE REGULACION DE LA FERTILIDAD, y que en su art. 1° señala:   “Los establecimientos educacionales reconocidos por el Estado, deberán incluir dentro del ciclo de Enseñanza Media un programa de educación sexual, el cual, según sus principios y valores, incluya contenidos que propendan a una sexualidad responsable e informe de manera completa sobre los diversos métodos anticonceptivos existentes y autorizados, de acuerdo al proyecto educativo, convicciones y creencias que adopte e imparta cada establecimiento educacional en conjunto con los centros de padres y apoderados”.

 Como se puede apreciar, es al interior de esta ley vinculada como lo sostiene su nombre a la fertilidad, determinante paradigmático que definió por mucho tiempo la reproducción como la esencia de la sexualidad, desde donde emana el mandato y la obligatoriedad de implementar este tipo de enseñanza en nuestro sistema educativo.

Sin ánimo de desvalorizar una iniciativa de este tipo que por cierto constituye un gran paso en nuestro medio, no pasa inadvertido el hecho que la enseñanza de la sexualidad emane o sea deudora de una ordenanza vinculada a la salud, lo cual refleja la influencia del paradigma dominante a partir del cual se enfoca esta política pública. Nos referimos a la perspectiva  biologicista que liga la sexualidad de manera más determinante a los factores de la salud corporal. No es menos cierto que, y la cobertura mediática de los anuncios gubernamentales así lo han demostrado, la preocupación fundante de estas enseñanzas consiste en inculcar comportamientos entre nuestros infantes y adolescentes orientados a prevenir, por ejemplo, el embarazo no deseado y las enfermedades de transmisión sexual, como así también el inicio temprano de las relaciones sexuales y la violencia intrafamiliar.

Sin duda que estos objetivos resultan loables toda vez que cada una de las situaciones señaladas anteriormente, tienden a persistir si no a aumentar, a pesar de las campañas publicitarias que hemos conocido en el último tiempo relativas al uso de preservativos y de la violencia contra las mujeres especialmente. Lo que preocupa acerca de los orígenes de esta política es el acento que pudiese orientar sus principales aportes, condicionándolos por la inmediatez de lo urgente,  a centrarse en una perspectiva “catastrofista” o de “riesgo” de la sexualidad humana, corriendo el riesgo de tener que darle la razón a la Mafalda cuando afirma que “siempre dejamos lo más importante por lo más urgente”.

Por su parte, ligar la sexualidad con la afectividad no basta para dar una adecuada formación en la materia, es sin duda un enriquecimiento de la misma pero también resulta primordial, reconocer el carácter de construcción social de la misma, a la luz de los estudios de género que demuestran la estrecha, aunque no determinante relación, entre género y sexualidad y un tercer vértice de este triángulo compuesto por los procesos subjetivos que elabora cada persona al respecto, en base a sus experiencias de vida. Queda pendiente entonces conocer de qué forma las 7 propuestas aprobadas por el Mineduc, dan cuenta de la triangulación compuesta por los aportes de la biología, los estudios de género y la construcción de subjetividades que contribuyen a comprender y explicar de una manera más holística, nuestros comportamientos sexuales.

Fuente: http://www.inap.uchile.cl/columna-de-opinion/734-ciudadania-y-educacion-sexual.html

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Publicado por juancatepillan @ 12:21  | Art. 2011
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