
¿Qué está pasando? Eugenio Tironi, Martes 21 de Junio de 2011
Ésta es la pregunta que hoy inunda todas las conversaciones ahí donde se congregan los núcleos dirigentes. ¿Por qué el país está salpicado de protestas, cuando su economía crece y el desempleo cae? ¿Por qué se rechaza con tanto ahínco el lucro, cuando se viene de elegir como gobernante a uno de sus apóstoles más conspicuos? ¿Por qué se rechaza un proyecto que aliviaría el costo de la energía de los chilenos, cuando la gente sólo se movería por su interés económico? ¿Por qué ahora se cuestiona el "modelo", en circunstancias de que nos ha hecho más prósperos que lo que jamás imaginamos? ¿Por qué cae tan estrepitosamente la popularidad del Gobierno y, al mismo tiempo, no mejora la de la oposición?
Hay quienes sostienen que la explicación son las redes sociales digitales. Es el mismo fetichismo tecnológico que conducía a sostener que a más computadores en las escuelas, mejor educación. Ayudan, pero ellas no sacan a la gente a la calle. Cuando no existían, la gente salía igual si había una buena causa: pensemos, por ejemplo, en las protestas de comienzos de los años 80. El asunto, entonces, está en la causa, no en las redes.
Las protestas que estamos viendo no son contra HidroAysén, el lucro en la educación, el AVC o los transgénicos. Van mucho más allá. Lo que impugnan los jóvenes escolarizados del nuevo Chile es un "sistema" que se sostiene en los principios del crecimiento económico, y que promueve la competencia y la ganancia como palancas para alcanzar sus fines. Se rebelan contra ese "relato", que fue el de sus padres, pero que ya no es el suyo. De aquí surge el desajuste, que, a diferencia de lo que ocurría en esos good old days de la Concertación, ya no logra ser contenido por el Gobierno, y que es fomentado por una oposición que nunca le tuvo simpatía.
Los economistas hablan de la "enfermedad holandesa", para aludir a las consecuencias provocadas por un aumento brusco en los ingresos de un país. Esto trae consigo -agregan los sociólogos- que los valores materiales ligados a la seguridad económica sean desplazados por valores post materiales, como la autorrealización y la participación. Cruzado cierto umbral, el miedo a la pobreza o a la escasez es sustituido por el miedo al sinsentido, la obesidad se vuelve más problemática que la desnutrición, y las demandas de la clase media opacan a las de los pobres.
Eso es lo que está pasando en Chile: la "enfermedad 15M". El nombre no alude a los "indignados" de España, sino al instante en que Chile superó los 15 mil dólares per cápita. Lo que hoy saca a los jóvenes chilenos a las calles no es la interrogante acerca de cómo entrar al sistema, sino sobre el tipo de sistema al que se los está empujando a entrar. Por eso mismo, si las causas específicas que enarbolan no estuviesen disponibles, habría que haberlas inventado, pues con ellas están somatizando esa "enfermedad".
¿Estamos, acaso, en la antesala de una crisis política o de una revolución? Para nada. Lo más parecido a lo que estamos viviendo fue el movimiento hippie en los Estados Unidos. Cuando surgió, a comienzos de los años 60 del siglo pasado, ese país estaba alcanzando justamente los "15M", y emergía una generación que no había vivido, como las precedentes, los rigores de las guerras mundiales. Igual a la que hoy sale a las calles de Chile, que no vivió la guerra de sus padres contra la escasez y el autoritarismo. Sus banderas fueron las mismas: rechazo al consumismo y la mercantilización, y reivindicación del comunitarismo y del ecologismo. A la larga, los hippies cambiaron el mundo mucho más profundamente que los revolucionarios.
Fuente: http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2011/06/21/que-esta-pasando.asp
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