
Orrego, Claudio
Martes 13 de Diciembre de 2011
Participación ciudadana, temor y bien común
El 11 de diciembre será recordado en la historia de la democracia local chilena. En un proceso impecable, más de 75 mil vecinos de Peñalolén concurrieron a las urnas para aprobar o rechazar el nuevo plan regulador comunal (PRC). Que participara casi el 80% del padrón, en un fin de semana largo y con un PRC técnicamente complejo, es un tremendo logro de participación local y civismo. Siento profundo orgullo por haber sido parte de esa fiesta democrática.
Si bien fue inédito que todo un PRC fuera sometido a un plebiscito legal y vinculante, también lo fue el proceso participativo que lo antecedió. Durante los cinco años que duró su elaboración, el PRC de Peñalolén generó instancias en que participaron cerca de 10 mil vecinos en forma directa (10 talleres, 49 cabildos, 39 organizaciones recibidas por el concejo municipal, 1.680 cartas, y varios meses de exposición pública).
Así y todo, el resultado fue adverso a la propuesta municipal. El 52% votó que NO y el 48% que SI. Si bien como demócrata sólo corresponde asumir con humildad el veredicto de la ciudadanía, también resulta necesario preguntarse por qué un PRC generado en forma tan participativa y donde se aceptaron el 90% de las observaciones ciudadanas (mientras se rechazaba el 90% de las inmobiliarias) fue finalmente rechazado en las urnas.
Varias son las razones posibles para explicarlo. La primera es la firme y activa oposición de quienes legítimamente sentían que este nuevo PRC los afectaba directamente (vecinos de la Comunidad Ecológica o de calles a ser abiertas, por ejemplo), versus la cómoda postura de algunos que, siendo beneficiados, no tenían la conciencia o la voluntad de participar activamente para promover su aprobación. Se hace evidente que ciertos costos de la planificación urbana son concretos para algunos, mientras los beneficios son abstractos para la mayoría. Lo segundo es el poder del temor y la desconfianza en el instrumento PRC y el mercado. Más allá de la oposición informada, hubo un argumento que al final fue imposible contrarrestar: el miedo ante un futuro incierto y la permeabilidad del rumor y la campaña del terror. ¿Por qué tanta gente creía el rumor de una expropiación en lugares donde el PRC ni siquiera era modificado? ¿Por qué ante el slogan de un PRC pro inmobiliarias fue tan difícil demostrar con argumentos que este PRC restringía severamente la construcción en altura, en contra de los intereses privados? Muchos dicen que faltó información. Puede ser. A pesar del tremendo esfuerzo, quizás debimos ser más pedagógicos y asumir tempranamente los temores existentes. Pero también es un hecho que la tan mentada desconfianza de los chilenos se expresa de manera brutal en procesos urbanos cómo éste. Sin una confianza mínima, no hay argumento técnico que valga. La sospecha y el temor terminan prevaleciendo inexorablemente.
Finalmente, me sorprendió la dificultad para hablar del bien común. Para partidarios y opositores, el tema fundamental era cómo el PRC me afectaba a mí, a mi metro cuadrado. Cada grupo defendió lo que parecía su bienestar inmediato. Qué difícil resulta proponer medidas que suponen sacrificios y son impopulares, como la de abrir calles o construir viviendas para sectores distintos a los míos, si no tenemos presente el bienestar general de la comunidad.
No han faltado los que se han apresurado a hablar de una derrota política mía en este plebiscito. Eso no deja de ser un análisis pequeño y oportunista de una realidad más compleja. Muchos partidarios de mi gestión votaron que NO, mientras varios de mis opositores votaban por el SI. Aquí se plebiscitó un PRC y no fue una elección de alcalde. Me siento orgulloso por haber tomado junto a los concejales la decisión de apostar por más democracia en un tema tan importante. El resultado lo asumimos con humildad y algo de pena, porque sabemos que muchos problemas quedan sin resolver (proteger la vista a la cordillera, prohibir antenas en casas, mejorar conectividad y, sobre todo, generar terrenos para viviendas de sectores medios y pobres). Seguiremos trabajando por resolverlos con los instrumentos disponibles, y también lo haremos con fuerza por fortalecer la confianza y el espíritu de bien común que deben reinar en Chile. Sin ellos, la construcción de ciudades más amigables, justas y vivibles es muy difícil.
Fuente: La Segunda.
http://blogs.lasegunda.com/redaccion/2011/12/13/participacion-ciudadana-temor.asp