Martes, 24 de enero de 2012
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Inscripción Automática y Voto Voluntario: ¿Aumenta la participación?
Por www.acuerdos.cl

La nueva ley, que se promulga hoy, incorporaría al padrón electoral alrededor de cuatro millones de votantes, lo que representa aproximadamente la mitad de los actualmente inscritos. Con esto se llegaría a un universo de unos doce millones de electores potenciales.

     

 A FAVOR 61 %votos                           EN CONTRA 39 %votos
Columna Panelista Carlos Moffat  

Columna Panelista

Carlos Salas

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El voto voluntario implica que el nivel de participación nos permite tener un barómetro de la capacidad de la clase política para responder a las necesidades y aspiraciones de la ciudadanía.   Aunque comparto plenamente la idea de inscripción automática y voto voluntario, debe estar acompañada de una modificación sustancial al sistema electoral binominal vigente.         
 Un grupo de cientistas políticos nacionales están molestos con el proyecto de Ley para que el voto sea voluntario, reforma que llaman un retroceso histórico. Los autores arguyen que el voto no es solo un derecho cuyo ejercicio descansa en la conciencia individual del ciudadano, sino que es una responsabilidad cuyo cumplimiento debe ser asegurada por el Estado. Y para reforzar su caso, enumeran las consecuencias negativas de abandonar el voto obligatorio:    En una democracia estable, pero aún marcada por grandes problemas sociales, es fundamental evaluar - constantemente - el nivel de participación de la sociedad civil en el desarrollo integral del país.
 1. Se producirá un aumento de las desigualdades, en un país ya escandalosamente desigual, por cuanto la predisposición a votar es mayor en los sectores que cuentan con más recursos económicos y políticos;   Ignorar o menospreciar el rol de la sociedad civil - en el proceso de afianzamiento de la cohesión socio-política de un país – inevitablemente contribuye a debilitar los nexos de identificación de los ciudadanos con los valores políticos y sociales que un estado promueve. El daño no es menor puesto que el nivel de cohesión socio-política - que un estado fomenta - determina el grado de fortaleza que una nación desarrolla y proyecta.
Es claro que ciudadanos que son más educados, mejor informados y con opiniones más formadas sobre el proceso político y los candidatos son los que tenderán a votar más si el voto es voluntario. Pero los autores no explican como el voto obligatorio soluciona el tema de la igualdad más allá de que todos están obligados a presentarse el día de la elección. ¿Son países que tienen voto obligatorio “menos desiguales” en alguna medida relevante?¿Son las aspiraciones y necesidades de los más pobres ignoradas más en países donde existe el voto voluntario? Si tienen alguna evidencia para apoyar estas ideas, los autores no la comparten con sus lectores.   El movimiento estudiantil en Chile - y el clima de efervescencia social que ha impregnado el funcionamiento institucional del país – surge como evidencia de este proceso de debilitamiento, de una autocomplacencia exagerada entre quienes han tutelado la conducción del proceso político, económico y social post dictadura.  
2. Se verá una disminución de la participación electoral -como lo demuestra ampliamente la evidencia- que concluye que el único recurso que aumenta la participación electoral es el voto obligatorio;   En el plano electoral, la falta de voluntad por mejorar los canales de participación ciudadana se ha estado manifestando en el notorio desinterés  - de los chilenos - en cumplir con un requisito indispensable para ejercer el derecho a sufragio: la inscripción en los registros electorales.
Esta “consecuencia negativa” es totalmente trivial. Es evidente que si el Estado obliga a los ciudadanos a hacer algo se obtendrá participación casi universal. Pero los firmantes de la carta parecen confundir fines con medios: es razonable decir que una alta participación ciudadana es saludable para la democracia, porque implica una ciudadanía involucrada con su gobierno. Pero el obtener esa participación por medios coercitivos no parece ser consistente con la libertad que debería estar al centro de los ideales democráticos. ¿Es un gobierno elegido por el 100% de ciudadanos obligados a votar más legítimo que uno elegido por el 70% de una ciudadanía que eligió participar voluntariamente?   Es más, esta indiferencia no sólo se ha exteriorizado entre quienes cumplen con los requisitos legales para participar en el proceso electoral, sino además entre quienes ya están inscritos - y por ende - obligados a sufragar (1).
Aun más,  el voto voluntario implica que el nivel de participación nos permite tener un barómetro  de la capacidad de la clase política para responder a las necesidades y aspiraciones de la ciudadanía. Una baja participación en las elecciones debería preocuparnos, pero la solución es que los mismos políticos se aseguren de fomentar una cultura política participativa – o, alternativamente, que la ciudadanía a través de movimientos sociales reemplacen a esos políticos en las urnas, usando la capacidad de movilizar a esa misma gente que los autores creen que dejarán de votar. La solución no es obligar a los ciudadanos a ir a los lugares de votación. Que, ya que estamos, no es lo mismo que obligar al ciudadano a votar, a pesar de trucos semánticos como los “votos en blanco” y “votos nulos”.   Frente a esta realidad, hay quienes promueven una reforma a la ley electoral, con el propósito de establecer un sistema de inscripción automática y voto voluntario. Sus patrocinadores argumentan que esta reforma contribuirá a revertir el decreciente interés en participar en los procesos electorales, integrándose  - mecánicamente - millones de ciudadanos al registro electoral. 
3. Se producirá un aumento de la importancia del dinero en la política, por cuanto los partidos y candidatos se verán obligados a destinar mayores recursos para movilizar a electores más desconfiados y apáticos. En suma, observaremos un retroceso al siglo XIX: voto censitario, en la práctica, y la institucionalización del cohecho (o compra de votos).   Aunque comparto plenamente la idea de inscripción automática y voto voluntario, opino que su puesta en marcha debe – necesariamente – estar acompañada de una propuesta de modificación sustancial al sistema electoral binominal vigente. En otras palabras, el sistema electoral binominal debería ser cambiado por un sistema electoral que represente mejor la diversidad de opiniones que - históricamente - ha caracterizado el proceso político chilenoEn decir, por un sistema electoral proporcional.
Este punto es francamente ridículo. Los autores no pueden estar seriamente arguyendo que el voto voluntario lleva al cohecho: en las democracias occidentales modernas el voto voluntario es la regla, y en el mundo el voto obligatorio es minoritario. La idea de que estas democracias, que incluyen a Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos y docenas de otras tienen un problema de cohecho es simplemente irrisoria.   Aunque un sistema electoral proporcional podría tener un número importante de detractores (y con argumentos no menos atendibles),  la experiencia electoral a nivel mundial revela que los sistemas de elección mayoritarios - como el chileno - tienden a crear menor interés y convocatoria en comparación a los sistemas de elección proporcional (sistemas que – entre otras cualidades – posibilitan la llegada de coaliciones o partidos menores al parlamento).
Pero el argumento es quizás más torpe porque implica que el sistema debería, por diseño, evitar que los políticos tengan que movilizar a los desconfiados y los apáticos. Es decir, en un país en que la participación democrática está en crisis, y las autoridades, el Congreso y la clase política regularmente reciben malas evaluaciones, estos cientistas políticos nos dicen que como sociedad deberíamos hacerles la pega a los mismos políticos aún más fácil y ser obligados a elegir, incluso si – como es el caso en Chile – el cuoteo partidista, el sistema binominal y la falta de primarias para la elección de los candidatos implican que el votante a menudo no tiene alternativas reales al momento de entrar al local de votación.   Consiguientemente, países que han decidido modificar una ley de voto obligatorio (y de forma particular aquellos que han utilizado sistemas de elección mayoritario como el nuestro), han experimentado una fuerte caída en el nivel de convocatoria a las elecciones parlamentarias posteriores.
Al final, esta defensa del voto obligatorio refleja una cierta desconfianza en los procesos democráticos y la gente que los hace posible. Es por eso que el voto se transforma de derecho ganado y cuyo ejercicio debería ser facilitado (he aquí lo importante de la inscripción automática) a una responsabilidad legal a sostener un sistema político, incluso si este no esta sirviendo – como debe – los intereses de los ciudadanos.   ¿Cuáles podrían ser entonces las consecuencias para el proceso político chileno, si implementamos un sistema de inscripción automática y voto voluntario pero sin modificar el sistema electoral binominal?
Esperemos que el Congreso, con todas sus fallas, tenga el buen sentido de ignorar el consejo de nuestros politólogos.   A diferencia de lo que algunos sostienen (que muchos jóvenes se sentirían más motivados a participar), no podemos descartar una caída -  a niveles históricos – de participación en los procesos electorales venideros.
  Además, no sería ilógico esperar un gasto de campaña electoral grotesco, en el que los bloques políticos concentren gran parte de sus recursos en asegurar – que su electorado más proclive – llegue en masa a los lugares de votación el día de las elecciones.
  Descrito de forma más directa pero realista, mi temor es que los procesos electorales en Chile terminen convirtiéndose en un vulgar “acarreo” de gente, denostándose todo sustento moral de legitimidad a sus resultados (y un acarreo mucho peor que la presenciade “votantes itinerantes” en zonas menos pobladas durante las elecciones municipales).
    Si no prospera el acuerdo en reemplazar el sistema binominal por uno proporcional - pero se insiste con la inscripción automática y voto voluntario - por lo menos deberíamos mantener la obligatoriedad del voto. 
    Es lo aconsejable, porque el remedio para que nuestra democracia se mejore(implementando reformas a medias), puede terminar siendo mucho más dañino.
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    1.- En efecto, las cifras indican que de un universo electoral de aprox. 8.000.000 de personas en el año1988, casi un 93% se inscribió en los registros electorales. Sin embargo, a partir de esa fecha el porcentaje de inscritos, en relación al universo electoral, ha caído continuamente, hasta llegar a una cifra cercana al 75% en la actualidad.
   

De la misma manera, el porcentaje de personas que han acudido a votar y que han elegido una opción presidencial, ha caído desde aprox. un 96% en 1988, a casi un 85% en la última elección. Esta tendencia es aún más notoria, si consideramos las elecciones de diputados desde el año 1989 hasta el 2009 (Fuente: elecciones.gov.cl).

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Comentarios
Publicado por Invitado
Lunes, 21 de abril de 2014 | 17:27

Bueno por favor diganme de esta pregunta ''inscripcion automatica y voto voluntario'' gracias al que  me la dio