Jueves, 13 de octubre de 2005
Formas de participar.
Desde las asambleas de los ciudadanos en la Grecia antigua hasta el individualismo contempor?neo que busca presencia en iniciativas no pol?ticas, la historia de la participaci?n ciudadana es diversa e irregular. Aqu? se repasan los hitos que han marcado la manera en que los hombres construimos sociedad y gobierno con nuestros semejantes.

?scar Godoy A. | Instituto de Ciencia Pol?tica, PUC.


I. Participaci?n pol?tica en la Antig?edad: la democracia m?s madura

La participaci?n pol?tica tiene una larga trayectoria hist?rica: se remonta a la Grecia antigua. Los primeros registros de la pr?ctica de la reuni?n o asamblea de los ciudadanos se encuentran en Her?doto (485/490-413 a.C.). Gracias a sus Historias, sabemos que en el siglo VI a.C. se desarrolla un ideal pol?tico llamado isonom?a, que posteriormente adoptar?a el nombre de democracia. La isonom?a es la igualdad de la ley, pero como ideal pol?tico preconizaba la participaci?n de los hombres libres en las decisiones p?blicas, en la definici?n de las leyes y en el gobierno de la ciudad. Este ideal era una respuesta racional a la tiran?a de la ?poca, que era la pr?ctica corrupta del gobierno de uno, que gobernaba sin leyes y sin fundamento en la raz?n, y con la exclusi?n total de la participaci?n ciudadana.

Tomemos como escenario de la participaci?n democr?tica originaria el siglo IV a.C. Y, adem?s, fijemos nuestra atenci?n en Atenas. En ese siglo la democracia ateniense experiment? su mayor auge y madurez. La participaci?n pol?tica ten?a como actor central al ciudadano (pol?tes). La dualidad vida privada-vida p?blica estaba marcada por fuertes diferencias entre ambas y por la supremac?a moral de la vida p?blica. Los atenienses consideraban al bien p?blico o bien del conjunto de la p?lis como superior al privado. La vida p?blica constitu?a un privilegio de una parte de la poblaci?n. En efecto, solamente pod?an acceder a ella los varones libres. Y eran libres los hijos y descendientes de progenitores libres, retrocediendo hasta dos generaciones. La mujer libre cumpl?a, cuando era casada, una funci?n importante en la casa (oik?a), que era una entidad m?s compleja que la familia moderna. La esposa, en ese ?mbito, junto con criar y educar a los hijos, co-administraba la casa, junto con su marido, y ejerc?a autoridad sobre la servidumbre y los esclavos. Pero estaba privada del b?os politik?s, de la vida pol?tica. Los griegos conceb?an la vida privada como carente de un bien superior, que era la pertenencia a la ciudadan?a. Los extranjeros no pod?an ser ciudadanos, ni los ni?os ni los ancianos, y, obviamente, tampoco los esclavos.

Arist?teles (384-322 a.C.) afirmaba que la ciudadan?a, en grado pleno, es una caracter?stica de la democracia, porque en ella los ciudadanos deliberan y participan en las instituciones establecidas por la constituci?n (polite?a), especialmente en aquella que es la soberana. Y agrega que la constituci?n democr?tica establece que el elemento soberano de la ciudad son ?los m?s?, o sea, el pueblo. As?, la instituci?n capital del sistema pol?tico es la Ekkles?a o asamblea de todos los ciudadanos. En la Ekkles?a ateniense la participaci?n pol?tica alcanzaba su plenitud, pues ella reun?a al pueblo en un espacio y en un tiempo determinado. En consecuencia, el pueblo estaba realmente presente, para deliberar y adoptar decisiones que afectaban a toda la ciudad.
Adem?s, la democracia ateniense contemplaba otras instancias de participaci?n ciudadana. Ellas eran el Consejo (boul?), los tribunales de justicia y el gobierno (funciones ejecutivas). Estas instituciones inclu?an cientos de cargos, a los cuales se acced?a por un procedimiento de sorteo, salvo contadas excepciones. Adem?s, las funciones p?blicas ten?an una duraci?n limitada a un a?o, como m?ximo. De este modo, el procedimiento aleatorio para atribuir autoridad y la acotada duraci?n de los mandatos, ten?an el efecto de maximizar la participaci?n de los ciudadanos en la estructura pol?tica de la ciudad.

En la Antig?edad tambi?n Roma practic? la participaci?n pol?tica. Durante el per?odo de vigencia de la rep?blica, los ciudadanos romanos estaban habilitados para elegir magistrados del pueblo (tribunos de la plebe) y aprobar leyes (plebiscita). Pero la rep?blica romana no fue nunca un r?gimen cuyo poder soberano fuese algo similar a la asamblea de los ciudadanos atenienses.

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II. La participaci?n pol?tica en la Edad Media y el Renacimiento: del autogobierno al absolutismo

Otro hito en el desarrollo de la reflexi?n sobre la participaci?n cobra forma en la Edad Media y el Renacimiento. Durante ese per?odo no existe nada similar a la democracia antigua. No obstante, entre 1300 y 1500, una vez que se consolida la vida urbana, en los burgos se desarrollan libertades y derechos pol?ticos. En efecto, las ciudades adquieren el poder de autogobernarse. El autogobierno municipal inclu?a la elecci?n de autoridades (alcaldes y concejales o regidores), facultades para darse leyes internas y libertades para sus habitantes. En ellas se desarrolla una cultura pol?tica cercana a la democracia. Esa cultura va a ser determinante para el florecimiento de las ?rep?blicas? del Renacimiento. Pero, tanto en las ciudades libres originales como en estas rep?blicas, el concepto de participaci?n es restringido. En efecto, durante un largo per?odo prevalece la idea de que el pueblo es un cuerpo, una corporatio o universitas, una universitas civium, compuesta de dos partes: una minoritaria y aristocr?tica, por su educaci?n y riqueza; a la gente llamada ?del com?n? (mayor?a), en cambio, se le atribuye ignorancia y desinter?s por lo p?blico. Por esta raz?n, la primera asume la representaci?n del cuerpo entero, restando a la parte inferior de la participaci?n.

Hay otros elementos que pueden incluirse en esta l?nea de reflexi?n sobre la participaci?n. Me parece relevante el principio denominado q.o.t., abreviatura de una m?xima que establece que aquello que ata?e a todos debe ser aprobado por todos (quod omnes tangit ab omnibus comprobetur). Este principio, extra?do del derecho romano privado, fue extrapolado a la esfera pol?tica por los juristas medievales. A trav?s suyo se afirma que el consentimiento es el fundamento de la participaci?n de todos los ciudadanos en las decisiones p?blicas. El principio q.o.t. es una aproximaci?n al concepto de soberan?a popular, que tiene aplicaci?n en un aspecto capital del gobierno moderado.

La teor?a del gobierno moderado, tal como la concibe Tom?s de Aquino (1224-1274), incluye elementos normativos relevantes para el desarrollo de la cultura pol?tica. Entre ellos hay que destacar la idea de que el pr?ncipe no est? libre del imperio de la ley. Pero, en la pr?ctica, un elemento central de la moderaci?n del poder real, y que se sostiene en el principio q.o.t., es la corte o parlamento de la monarqu?a de la ?poca. Esas cortes, en sus inicios, estaban integradas por las personas de confianza del pr?ncipe, que pertenec?an a la nobleza y el clero. Posteriormente, a medida que se despliega el fen?meno ya mencionado de las libertades burguesas, las ciudades eligen representantes para que participen en las cortes.
As?, ya en el siglo XIV, las cortes estaban conformadas por tres estamentos: dos privilegiados, la nobleza y el clero, y un tercero, llamado de la gente com?n, common people o gens de tiers ?tat, ampli?ndose de este modo sustancialmente la participaci?n pol?tica. Pero los estamentos solamente ejerc?an derechos pol?ticos limitados, como el de petici?n y el de hablar libremente para aconsejar al pr?ncipe, sin que el ejercicio de estos derechos surtiesen efectos vinculantes. Su mayor poder era el de aprobar impuestos. Pero los parlamentos, a excepci?n de Inglaterra, pr?cticamente desaparecieron o perdieron influencia en casi toda Europa durante los siglos XVII y XVIII, afectando gravemente a la participaci?n pol?tica, a causa de la incontrarrestable marcha del absolutismo.

III. Participaci?n pol?tica en los siglos, XVIII y XIX: aires de libertad y representaci?n

Durante el auge del absolutismo aconteci? la revoluci?n inglesa (1688). As?, mientras en el resto de Europa los reg?menes absolutistas se consolidaban y fortalec?an, en Inglaterra se instauraba un sistema constitucional fundado en la supremac?a del parlamento y la ley. De este modo, se estabilizaba la participaci?n pol?tica a trav?s de representantes en el parlamento. Estos representantes, que integraban la C?mara de los Comunes, o sea de la common people y no de los estamentos con privilegios, detentaban el poder legislativo y el control sobre el gobierno mon?rquico.

En la primera mitad del siglo XVIII, Montesquieu (1689-175) desarroll? en su obra El esp?ritu de las leyes una concepci?n acerca de la representaci?n pol?tica, y, por lo mismo, de la participaci?n. Para este autor, no siendo posible la democracia de los antiguos, por el n?mero de los ciudadanos de los Estados modernos (?c?mo y d?nde reunir en asamblea a millones de personas?), ni tampoco que el pueblo gobierne directamente, ?ste debe delegar en procuradores, diputados o representantes la creaci?n de las leyes y el gobierno de la comunidad. Seg?n Montesquieu, si bien el pueblo no puede gobernar, dispone de la capacidad para ?discernir el m?rito?. O sea, sabe qui?nes tienen las aptitudes y la preparaci?n para las funciones pol?ticas. En consecuencia, el pueblo est? habilitado para elegir a sus representantes. Y ello es lo que el pueblo ingl?s estar?a haciendo con la monarqu?a constitucional.

En la revoluci?n francesa (1789), los debates concluyeron con el triunfo del sistema representativo, ante la imposibilidad de la democracia directa de la Antig?edad. Surgi?, adem?s, la idea de la superioridad de la representaci?n sobre la democracia directa. Siey?s (1748-1856), por ejemplo, argument? que la participaci?n directa del pueblo involucra la invasi?n de la irracionalidad de las pasiones en la esfera p?blica. En cambio, la intermediaci?n ejercida por los representantes impide o limita la eventualidad de esa invasi?n. En los a?os posteriores a la revoluci?n, Benjamin Constant (1761-1830) desarroll? su concepci?n de la libertad de los modernos y demostr? que en la edad de la sociedad comercial, los ciudadanos no dispon?an del tiempo necesario para atender los asuntos p?blicos. Y que por tal raz?n, ellos deb?an transferirle esa responsabilidad, en procuraci?n, a sus representantes. Esta tesis expone el car?cter limitado de la participaci?n en el r?gimen representativo.

A mediados del XIX, John Stuart Mill (1806-1873) puso al descubierto los vac?os del gobierno representativo y propuso su perfeccionamiento. Mill denunci? las carencias del sistema electoral mayoritario de la ?poca, que imped?a la participaci?n pol?tica de la nueva clase proletaria, surgida de la industrializaci?n. Su propuesta rectificadora consisti? en la aplicaci?n de un sistema electoral proporcional que, junto con el voto universal, permitiera ampliar la participaci?n. De este modo, el parlamento reflejar?a m?s fielmente la diversidad de las corrientes, tendencias y opiniones existentes en la sociedad. Por otra parte, en esa ?poca la mujer estaba excluida de la ciudadan?a, situaci?n que deb?a superarse atribuy?ndole derechos pol?ticos y consagrando el voto universal.

Tambi?n Mill propuso un principio fuerte de protecci?n y garant?a de los derechos de las minor?as, para que no fuesen avasalladas por una eventual tiran?a de las mayor?as.

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IV. Participaci?n pol?tica contempor?nea: todos votan, ?pocos participan?
Durante el siglo pasado, efectivamente se impuso el voto universal y la mujer fue incorporada a la participaci?n ciudadana. La democracia adquiri? carta de legitimidad universal y, despu?s de las dos guerras mundiales, casi todos los Estados se declaraban, por razones dis?miles, democr?ticos.

La segunda mitad del siglo estuvo cruzada por el conflicto entre las democracias representativas y las democracias populares. En estas ?ltimas se desarroll? ?y se export? un modelo de participaci?n popular que inclu?a la movilizaci?n de masas, la lucha de clases y la acci?n hegem?nica del Partido Comunista como instrumento de los intereses del proletariado. El fascismo, antes del fin de la segunda guerra mundial, replic? con esquemas de participaci?n similares. La respuesta de las democracias representativas fue el fortalecimiento del pluripartidismo y la inclusi?n en el sistema pol?tico de instituciones propias de la democracia directa, como el plebiscito y el referendo.

La teor?a democr?tica posterior a las guerras mundiales desarroll?, en relaci?n a la participaci?n pol?tica en las democracias representativas, explicaciones acerca de la funci?n de la elites en el proceso de competencia por el poder. As?, por ejemplo, una de las figuras m?s eminentes de la ciencia pol?tica de la d?cada de los setenta, Robert Dahl, sostiene que las democracias contempor?neas son en realidad poliarqu?as. Con ese neologismo nos quiere significar que el rasgo principal del sistema es la competencia entre una pluralidad de elites. En otras palabras, la participaci?n pol?tica, seg?n este diagn?stico, estar?a administrada por distintas elites que, en su lucha por conseguir posiciones de poder, nos proponen proyectos de buen gobierno para persuadirnos a aceptar su oferta.

Al comenzar el siglo XXI nos encontramos con una crisis de participaci?n pol?tica bastante generalizada en las democracias. Por esta raz?n, los cientistas sociales y los agentes p?blicos buscan nuevos instrumentos para reactivar y fortalecer la participaci?n pol?tica. Por una parte, han surgido propuestas para hacer m?s transparentes y accountable a las instituciones y la gesti?n de los agentes p?blicos. ?sta es una condici?n necesaria para que el ciudadano pueda ejercer funciones de control sobre el poder pol?tico y exigir que sus demandas sean satisfechas en forma eficiente. Tambi?n es una condici?n para asegurar la probidad y, en fin, para estimular el debate p?blico. Por otra parte, algunos proponen procedimientos que incrementen la concurrencia ciudadana a las elecciones, tales como la inscripci?n autom?tica y el voto obligatorio, o los plebiscitos y referendos revocatorios.

No obstante, parece que la inclinaci?n generalizada de las personas, en las dos ?ltimas d?cadas, es claramente individualista. Por esta raz?n, tienden a distanciarse de la pol?tica y a privilegiar sus intereses particulares. El d?bil ?nimo asociativo que fluye de este individualismo es satisfecho en la sociedad civil a trav?s de acciones participativas no pol?ticas o para-pol?ticas, en torno a la educaci?n, los deportes, las actividades religiosas y otras de tipo altruista, la defensa de causas morales ?como los detenidos desaparecidos?, la libre expresi?n de minor?as, la defensa del medio ambiente, de especies en peligro de extinci?n, del bosque nativo, etc. O sea, un tipo de participaci?n que se inscribe en el marco de la sociedad civil y que no tiene una intencionalidad directamente pol?tica, a?n cuando eventualmente influya en esa esfera.

La deserci?n de las personas de la ciudadan?a y sus deberes, la no participaci?n pol?tica y el auge de la que se remite a los asuntos propios de la sociedad civil han estimulado el an?lisis institucional, reactivado la vigencia de la filosof?a pol?tica e incentivado nuevas formulaciones de la democracia directa, la democracia deliberativa y la democracia participativa.

Ubicaci?n: Revista Universitaria, Universidad Cat?lica de Chile.-
Publicado por juancatepillan @ 12:15  | Art. 2004
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Comentarios
Publicado por Invitado
S?bado, 10 de noviembre de 2007 | 11:28
gracias a este articulo vamos a poder ganara nuestro debate ;-)
Publicado por Invitado
Jueves, 07 de agosto de 2008 | 19:31
la wea que pusiste no me sirve
Publicado por Invitado
Mi?rcoles, 16 de febrero de 2011 | 16:59

agradezco mucho esta información porque me ayuda a introducirme al estudio de este tema que me intersa y con el cual quiero realizar mi tesis de doctorado.
maria de los éngeles desde Panamá

Publicado por Invitado
Martes, 22 de febrero de 2011 | 18:26

gracias por esta información, el artículo me ha sido de gran utilidad, me gustaria conocer la bibliografía utilizada por el autor.

María de los angeles vasquez desde Panama

Publicado por Pedro Barrera
Jueves, 05 de mayo de 2011 | 10:26

muchas gracias me sirvió de mucho tengo ahora mas y mejor material para mi informe

Publicado por Invitado
Mi?rcoles, 04 de abril de 2012 | 0:45

Gracias, me parece muy acertado el àrticulo, me aclaro dudas y me orientoen algunos aspectos, que necesitaba para la reseña historica de mi tesis de grado.  nuevamente gracias y feliciataciones.    Zulay - Lara/Venezuela

Publicado por Invitado
Domingo, 10 de junio de 2012 | 20:30

les agradesco por esta informacion me sirvio de mucho para un trabajo muchas gracias estos sitios son los que vale la pena comentar . saludos

Publicado por Invitado
Lunes, 12 de agosto de 2013 | 17:28

Muy buena la informacion del artículo, ayuda al desarrollo del estado de arte en mi tesis. Felicitaciones. Solo desearia saber en que bibliografia se apoyó. Éxitos.

Publicado por Enrique Orejuela BANDERAS
Domingo, 14 de septiembre de 2014 | 17:58

excelente artículo que me sirvío para complementar mi trabajo en la especialización en Gestion Publica que realizo. Mil gracias.